La última erupción del Etna



esta foto que publicamos se refiere a la última erupción del Etna del pasado 5 de Enero!




El Museo de Arquímedes en Siracusa

Recientemente se inauguró en Siracusa el primer museo de ciencia interactivo del sur Italia, dedicado al más importante científico de la antigua Grecia: Arquímedes, nativo de Siracusa. Se llama "Arkimedeion" y se encuentra en la homónima plaza a el dedicada (Piazza Archimede). Un museo que traza la vida de Arquímedes y "tocar" con mano sus ideas extraordinarias, un recorrido por la historia y la leyenda para descubrir la investigación que lo hizo famoso: de la hidrostática a la mecánica, de la geometría a las matemáticas hasta la astronomía. Diseñado por un equipo de expertos en física y ciencias de la comunicación del CNR y la Universidad en colaboración con expertos y estudiosos de la obra del gran científico griego, que vivió en Siracusa entre 287 y 212 a. C., la visita ha sido organizada en colaboración con la Fundación Caja de Ahorros y Pensiones de Barcelona bajo la dirección del arquitecto Jorge Wagensberg. En el museo se reproducen todas las máquinas más importantes inventadas por Arquímedes, de la catapulta a la cóclea, todas completamente funcionales y utilizables por todos los visitantes.

Pulsando aquí se podrá ver el vídeo realizado por el diario italiano La Repubblica.

Viaje a Sicilia de Iñaki y Anna (27/09 al 11/10/2011)

Llegamos al aeropuerto de Palermo en vuelo procedente de Barcelona, y allí mismo recogimos el coche que durante toda nuestra estancia en la isla nos trasladaría por ella.

Nos recibió un día grisáceo, y un suelo mojado por la lluvia previa a nuestro aterrizaje. Y con la guía “Sicilia” de Miguel Reyero siempre a mano iniciamos nuestra andadura por Trinakria.

La primera parada, camino de nuestro primer hospedaje, fue en Cefalú. Empezamos el recorrido por este pueblecito de la costa tirrénica, haciendo un alto para comer mientras una tormenta remojaba el pavimento sin remojarnos a nosotros. Comimos un plato de buena pasta, y como que los nubarrones no presagiaban nada bueno decidimos no subir hasta la Rocca durante el paseo reglamentario por el pueblo.

Reemprendimos el viaje, y tras una breve parada en Sto. Stefano de Camastra llegamos a Santa Ágata di Millitello. Nos vino de maravilla el navegador (al que habíamos programado las coordenadas de las casas rurales en que íbamos a alojarnos) para plantarnos en la entrada de IL GIARDINO DI SICILIA. Allí nos recibió Reginaldo, y el rebuznar de los burros que están en un acotado situado entre el acceso a la finca y la zona de huéspedes.

A la mañana siguiente el día seguía grisáceo, pero menos. Por la noche había caído una buena tormenta con mucho aparato eléctrico, y entre la bruma matutina se entreveía el pueblo de Sta. Ágata, su puerto y el mar. Desayunamos al aire libre, en una mesa preparada con el detalle de unas florecillas recién cogidas. Y conocimos a Margherita, y como no ¡a sus super deliciosas mermeladas caseras! ¡vaya cosa más rica! A Iñaki le chifló la mermelada de higo, y a mí la de mandarina.

En ese nuestro segundo día del viaje decidimos, aconsejados por Reginaldo y Margherita, dirigirnos hacia la zona interior de Madonie, por una carretera que muestra la distinta vegetación según se va alcanzando altitud. El orden de visitas fue Castelbuono, Petralia Soprana (Petralia Sottana nos la saltamos por falta de tiempo), y Gangi.

Gangi
Las nubes que nos acompañaron durante toda la jornada nos impidieron la visión del Etna, y para ello nos tuvimos que conformar con la hermosa foto que había en el comedor del sencillo pero agradable lugar en el que comimos en P. Soprana, del que no recuerdo el nombre y que estaba frente a una fuente, con sabrosa comida a la parrilla. El circuito lo completamos pasando por Nicosia y de nuevo por Sto. Stefano. El trozo de carretera desde Gangi hasta Nicosia nos costó bastante hacerlo, pues actualmente la carretera está muy deteriorada y con trozos en obras. Menos mal que el firme de dicha carretera nos obligaba a ir despacio, porque de repente te encontrabas con trozos que cualquiera diría que habían sufrido los efectos de un terremoto (es lo mejor que se me ocurre para describir el estado del pavimento semi hundido). Y encima ya había anochecido. Y además… de repente una cabra ¡y negra para más inri! parada en medio de la calzada (¿tenía la cabra aficiones suicidas? nosotros no la atropellamos, pero no sabemos lo que le pasaría después si no se retiró de allí). Por la noche nuevas tormentas, que dejaron paso a un amanecer despejado y soleado.

Tercer día de vacaciones en el que nos dirigimos, tras el desayuno y las ricas mermeladas, hacia Milazzo, y desde allí a las Islas Eolias.

 Islas Eolias desde Vulcano
Allí cogimos el aliscafo que tras unos tres cuartos de hora de navegación nos trasladó hasta Vulcano. Subida hasta el cráter, desde el que hay una buena visión de ese conjunto de islas, aunque Stromboli justamente se adivinaba entre la bruma marina. Y desde allí otro aliscafo que nos llevó a Lípari. Dada la hora lo primero comer, en Trattoria D´Oro (en la guía lo indicaba como barato, pero no nos resultó así). Recorrido por el pueblo. Un helado en Subba y al barco. El regreso lo hicimos en vez de aliscafo en un barco grande de transporte y carga, con breve amarre en Vulcano. Dos horas de viaje que nos obsequió con una hermosa puesta de sol, con un horizonte próximo en el que se perfilaban las siluetas de las islas (si no se tiene prisa es aconsejable este lento regreso a Milazzo, por esas magníficas y sosegadas imágenes, y por observar desde la cubierta de proa las maniobras de amarre y carga). Conclusión de esta jornada: las Islas Eolias necesitan se les dedique una semana a ellas solitas, para recorrerlas y para disfrutarlas. Seguro que se lo merecen.

  Islas Eolias

Cuarto día y cambio de zona de hospedaje. Nos despedimos de Margherita y Reginaldo, y de su juguetona perrita. Y siguiendo su recomendación nos dirigimos hacia Tíndari, donde junto a las ruinas de la ciudad griega se encuentra el santuario de la Madona Negra. A sus pies la zona de Langhetti di Marinello. Pese al hermoso y soleado día la bruma marina nos impide ver la silueta de las Eolias desde este mirador que brinda la naturaleza.

Proseguimos ruta con parada en Taormina. En todo lo que llevábamos de viaje no habíamos sentido agobio turístico, ni lo sentiríamos después tan siquiera en el Valle de los Templos, pero sí en esta bella localidad. Reseñar que la hermosura de Isola Bella sólo la pude contemplar yo y de pasada porque iba de copiloto, ya que resultó imposible aparcar en sus proximidades. Accedimos a Taormina utilizando el teleférico al tener suerte de encontrar un hueco para aparcar en el parking que hay al pié del mismo. Los precios son turísticos, o sea caros. Para colmo, y por unos pocos minutos, no pudimos acceder al teatro griego pues acababan de cerrar la entrada. Desde los jardines Villa Comunale hay una bonita panorámica sobre la costa.
 Escultura en Taormina

Y de allí hasta Ragalna, localidad situada en la zona sur del Etna, y en donde estaba nuestro segundo punto de alojamiento, SCIARAVIVA. Ahí no nos sirvió de nada el navegador y dimos un montón de vueltas por las callecitas de la zona hasta poder encontrar la casa. Llegamos bastante cansados y sin tan siquiera cenar decidimos acostarnos.

A la hora del desayuno Virginia, propietaria de la casa junto a Mario, nos mostró el Etna desde la trasera de la vivienda, oculta su cumbre por nubes altas. Nos facilitó el teléfono de un guía de montaña, pero éste se hallaba en otra zona y nos remitió a Grazia, con la que acordamos una excursión por la zona del Etna para el día siguiente. Y esta jornada decidimos dedicarla a visitar Catania y Acireale, ya que según nos indicó Virginia no merecía la pena desplazarse hasta la villa romana de Casale por estar gran parte de ella cerrada por labores de restauración (¡qué pena perdernos la visión de sus mosaicos!). Por localización descartamos también la visita a Piazza Armerina, próxima a Casale.

De Catania reseñar, sin desmerecer a sus monumentos, lo interesante de la visita a su concurrido mercado del pescado. Curioso como colocan en los puestos de venta las cabezas de los peces espada. En las calles adyacentes a éste estaban los abundantes puestos de frutas y verduras, de carne, de quesos… Muy colorista.

 Catania, mercado

En Acireale nos incorporamos a “la passeggiata”. En la calle había mucho ambiente pues en su catedral se estaba celebrando el nombramiento del nuevo obispo (o cargo similar), aunque ello nos impidió visitar el interior del edificio. La celebración de varias bodas en otros templos ponía la guinda festiva a la ciudad. Y no quisimos vencer la tentación de un par de deliciosos helados antes de partir. Conseguimos cerámica artesanal y original de Caltagirone en una pequeña tienda, ya que en nuestra ruta no entraba dicha localidad.

Al día siguiente y tal como habíamos quedado, a las 9:30 en Nicolosi, nos encontramos con Grazia Pitruzzella. El día resultó bastante nublado, y por ello imposible apreciar las partes altas. Caminando por un ascendente camino llegamos hasta poder contemplar desde un punto de su parte superior el valle del Bove, y del cual subían esas nieblas tan típicas en los montes de cierta altura. Asombroso que allí hubiera habido un cráter con 4000 mts. de altitud. Vimos una manada de zorros, familiarizada con la presencia humana y por ello nada asustadiza. Rodeamos la boca de uno de los numerosos cráteres de la zona. Grazia nos fue explicando cosas sobre las distintas coladas de lava (abundantísimas y enormemente impresionantes) e informándonos sobre las distintas erupciones de las últimas décadas. También estuvimos en una cueva formada por la lava en su deslizar ladera abajo. Un agradable día al que le faltó sol y cielos despejados que nos hubieran permitido observar, no sólo hacia arriba, sino también la extensa panorámica que se extiende por la zona sur del Etna.
 Zorro en el Etna

Hicimos buen apetito con la excursión, y por ello entrábamos los primeros a cenar en la pizzería que nos recomendó Virginia. Excelentes y enormes pizzas, con animado ambiente en La Vecchia Botte.

Y llegó el momento de despedirse, justo cuando esa Virginia que en un principio nos había dado la impresión de ser una persona muy reservada se había convertido en una persona habladora. Las mermeladas que nos servía para desayunar eran elaboradas por ella y estaban muy buenas, todo hay que decirlo. Y dejamos esa casa rodeada de viñas, a sus dueños, y a sus tres perros (un recuerdo para la juguetona Nina, aún cachorra).

Camino de nuestro nuevo punto de destino aprovechamos a hacer parada en Siracusa Ortigia. Sol radiante que aún destacaba más el azul del mar que la rodea. Recorrido de rigor siguiendo las indicaciones de nuestra inseparable guía, y comida. De su puerto parte un enorme velero ¿a dónde irá?

 Ortigia, Siracusa

Como que íbamos bien de tiempo decidimos llegarnos a Scicli, donde resultó que nos paramos a hablar con un simpático personaje, Ninu Manenti, que tiene en la Vía Guadagna una hojalatería. Es digna de ver y de conversar con su propietario. Así se nos pasó el rato y decidimos que en otro momento volveríamos a Scicli para recorrerla, pues nos pareció que merecía la pena.
 Ninu, hojalatero de Scicli

Llegamos a nuestro tercer alojamiento, CASINA DI GROTTA DI FERRO, cerca de Santa Croce Camerina. Al llegar ya nos impresionó el lugar, pero al día siguiente vimos la magnífica rehabilitación que Franco, su propietario, ha llevado a cabo. Y ofertan a los clientes una serie de servicios sin cargo adicional (cocina, lavadora). Para desayunar un buffet muy bien surtido. Impresiona como un lugar muy grato para una estancia prolongada.

Pero lo nuestro era conocer sitios y por ello al día siguiente a nuestra llegada fuimos hasta Ragusa, y caminando desde allí hasta Ragusa Ibla, en dónde nos recibieron unos nubarrones negrísimos que descargaron una buena tormenta, para luego dejarnos concluir el día sin más alteraciones climatológicas. Recorrimos las calles de Ragusa Ibla, y visitamos todo lo visitable. Comimos muy a gusto en la Trattoria Bettola, y cogimos el autobús que nos acercó a nuestro coche aparcado en Ragusa Superior.

 Ragusa Ibla

De allí nos desplazamos hasta Módica y recorrimos los lugares que la guía reseña. Y no pudimos abandonar el lugar sin hacer unas compras de chocolate en la Antica Dolceria Bonaiuto.

Y nuevamente Scicli, dándonos esta vez tiempo para ver lo más destacado del lugar. Mira por donde descubrimos que la foto de la portada de la guía que llevamos corresponde a un edificio de Scicli.

A la mañana siguiente estuvimos visitando el castillo de Donnafugata, y tras una buena comida en Al Terrazzo visitamos Noto, la ciudad resquebrajada por el terremoto de 1990. No se ha cumplido la profecía de Bufalino, pues sus edificios importantes han sido reconstruidos prácticamente en su totalidad.

 Castello di Donnafugata
Aparcar en Noto

Cuarta etapa de nuestro viaje, que nos llevó hasta Sant Angelo Muxaro, pueblo del interior encaramado sobre un monte en cuyas laderas hay una antigua necrópolis.

En ruta hacia allí nos detuvimos en Agrigento para visitar el Valle de los Templos. Un magnífico día nos acompañó, recortándose en el azul del cielo las siluetas de los enormes templos. Sobran las palabras ante tanta magnificencia ¡qué tenía que ser aquello en la época de su esplendor! En cambio nos defraudó la visita a la zona del barrio helenístico-romano.

 Agrigento, Valle de los Templos

En Sant' Angelo fuimos alojados en casa de Gina, una agradable señora mayor que nos habló de sus hijas y nietos. Es una enamorada de Barcelona, ciudad que no conoce personalmente aunque una de sus nietas reside en ella. Un amable Piero lleva la voz cantante en VAL DI KAM, y nos explicó el proyecto turístico que desarrollan pensando en aportar formas de subsistencia a los habitantes del pueblo. Y la dicharachera María, que atiende en el bar-pastelería. En él degustamos sabrosas y abundantísimas cenas. Hay que mencionar la buena pastelería de elaboración propia. Y también a la simpática María, panadera del pueblo que nos preparó un sabroso pan con aceite y orégano.

Desde allí visitamos Palazzo Adriano y los pueblos que se atraviesan hasta llegar a él, como San Bagio Platani, Santo Stefano Quisquina, etc. En uno de esos pueblecitos había entierro ¡nunca habíamos visto tantas coronas de flores juntas! Hasta había un camioncito lleno de ellas. No sabemos si tanta flor será costumbre o si el fallecido-a era una persona muy querida.

Y nuevamente tocó cambiar de zona y por tanto de alojamiento. En la última etapa de nuestro viaje nos dirigimos hacia A LUME DI CANDELE, en Paceco (cerca de Trápani).

Aprovechamos la ruta para detenernos en Caltabellota, Selinunte y Marsala.

Selinunte

A nuestra llegada nos recibió Mario en la casa de la que es propietario y que ha decorado con todo lujo de acogedores detalles. A la mañana siguiente conocimos a Antonella, artífice de los suculentos desayunos (entre otras cosas unos hojaldres rellenos y recién horneados, que si gusto da verlos más gusto da comerlos, y una exquisita tarta de manzana). ¡Felicidades a Antonella por su buen hacer en la cocina!

Amaneció con temporal de viento que traía del mar una borrasca tras otra y abundante lluvia. El cielo poblado de negros nubarrones, y el Mediterráneo embravecido.

 Tormenta en Trapani

Decidimos ir hasta las salinas que rodean la isla de Mozia (es tan fuerte el viento que mueve el coche al detenernos). Las Islas Égades apenas se aprecian pese a su cercanía. Aún con todo decidimos subir hasta Érice. No pudimos disfrutar de tan magnífica localidad pues el viento y la lluvia arreciaban todavía más en un emplazamiento alto y despejado como el de Érice. Vimos lo justo pues la inclemencia climática no permitía más, y nos compramos unos exquisitos dulces con los que nos deleitamos mientras entrabamos en calor tomando café en un bar.

 Castillo de Erice
Artesanía en Erice

Al anochecer aminoró la frecuencia e intensidad de la lluvia, pero no el fuerte viento. Pese a ello acabamos la jornada recorriendo las calles céntricas de Trápani.

Al día siguiente, penúltimo de nuestro viaje, amaneció un día soleado y con escaso viento. Nos desplazamos hasta San Vito lo Capo, y de allí a la Reserva Natural lo Zíngaro. Recorrimos la mitad del camino que recorre dicha reserva, en un relajante paseo por esa preciosa zona costera. Merece la pena la excursión completa, pero no teníamos tiempo para completarla pues no sólo hay que ir, también hay que volver al punto de partida en el que ha quedado el coche. Luego nos detuvimos al nivel de los Farallones de Scopello (cobran por aparcar y cobran si quieres acercarte, pero buscando encontramos un sitio de acceso libre que brinda unas buenas vistas del lugar).

Reserva de lo Zingaro

Por la tarde visita a Segesta. Y finalizamos la jornada cenando en Trápani, en la Hostaria San Pietro (nos la recomendó Mario, y de verdad merece la pena).
Y llegó la hora de regresar a casa. Nos despedimos de Mario y Antonella, y nos dirigimos hacia el aeropuerto de Palermo para coger el avión que nos llevó a Barcelona.

Es difícil hacer un resumen sobre el viaje, pero voy a intentarlo.

Impresión sobre Sicilia: muy buena, por sus gentes, sus monumentos, sus pueblos, su naturaleza, y sus comidas. Precios razonables que no tienen nada que ver con otras zonas de la Italia peninsular.

Alojamientos facilitados por la agencia: todos ellos buenos, en lugares tranquilos, con propietarios que cuidan del visitante.

Alquiler de vehículo: ningún problema.

Duración del viaje: creemos que bastante apropiada para llevarse una impresión en conjunto de la isla, pero tuvimos que descartar de la ruta lugares que creemos merecían nuestra visita. Hemos regresado a casa con la intención de hacer en plazo no muy lejano un viajecito para visitar Palermo y Monreale, que tuvimos que dejar por falta de días.



15 días en Trinacria


Los dos primeros días, Palermo y Monreale, la lluvia nos ha acompañado y, aunque en algún momento se empeña en persistir y nos obliga a guarecernos, vamos preparados con chubasqueros y visitamos lo que teníamos previsto; eso si, invirtiendo algo más de tiempo. Los mosaicos de la Capilla Palatina preciosos. Muy recomendable también el Duomo de Monreale, merece la pena subir a la terraza por las vistas. Hemos probado el transporte público, conviene tener paciencia.
Las calles de Palermo, de gran ciudad, de cafeterías y pastelerías, de tiendas y palacios y “palazzettos” (que se intuyen futuros hoteles), ajetreo relativo mediterráneo, de noches de wine bar y buena comida. Recomendables las copas de Kursaal Kalahsa en las murallas del puerto (propiamente, dentro de las murallas), que además de bar es también restaurante y librería.
De camino a la zona del Etna nos desviamos para visitar Cefalú, ahí sobre las olas rompientes. Merece la pena dar un paseo por sus calles, y sus playas y seguro que también un baño, si el tiempo lo permite, que no fue nuestro caso. También nos encantó visitar los lavaderos medievales tan bien conservados y esa agua tan limpia.
El cruce de la isla por el centro es un cambio de paisaje, de la poblada y rica costa a las extensiones despobladas cruzadas por una autopista que durante kilómetros se eleva sobre los campos ocres, negros, diseñados por el hombre, algún rebaño de vez en cuando le da movimiento al paisaje y demuestran que no está del todo deshabitado.

La zona del Etna rica, la tierra generosa ofrece las vides, los olivos, los frutales y esta riqueza se acompaña de pueblos diseminados en la base del volcán que lo rodean recogiendo sus frutos. Merece la pena dejarse perder por las carreteras que unen estos pueblos y comprar algún rico melocotón a los vendedores ambulantes.
 
El Etna impresionante: a tus pies la fuerza de la naturaleza viva, las nubes que vienen y van, el tiempo puede variar en segundos. Puedes tenderte sobre la lava deshecha, negra, mullida, retirar la primera capa y sentir el suelo caliente, y, entre el negro, buscar los verdes del azufre y los rojos del hierro. La sensación a 2900m con la vista de la cima humeante es fantástica. Absolutamente recomendable subir. Quizás si el día hubiera sido claro la vista seguro hubiera sido espectacular, pero tener a los pies un mar de nubes y sobre la cabeza el cielo azul también tiene su encanto.
Visita a Taormina, vivir lo turístico de sus calles y restaurantes como eso, turístico, de postal pero merece la pena el teatro, su ubicación y sus vistas. En la zona de Giardini Naxos por fin el tiempo nos permite un baño. Las aguas limpias, no podemos decir lo mismo de la arena. Una visita a Acireale nos pone en contacto con los aperitivos de la tarde y la “passeggiata”, ciudad no turística, puede uno perderse entre los sicilianos y, como la mayoría de ciudades rellena de iglesias, pavimentos empedrados y bodas que visten a la gente de ceremonia.
teatro de siracusa

Dejamos la zona del Etna para bajar al sur y pasamos por Siracusa, legendaria, tan famosa en todo el mediterráneo, piedra clara. La zona arqueológica, muy grande, también es espectacular. Hemos encontrado algunas partes dejadas, poco cuidadas, como el anfiteatro, con hierbas altas que esconden su belleza. Suponemos que tienen tanto patrimonio que debe costar mantenerlo todo.
Ya en el sur nos dejarnos transportar al barroco, recargado, piedras esculpidas en fachadas atiborradas de esculturas, columnas, santos y obispos combinados con palacios señoriales: Noto, Scicli...
Balcón de Noto

Un descanso a tanto barroco supone la visita a la villa romana de Tellaro: preciosos mosaicos bien conservados donde se pueden leer historias no escritas sobre el suelo de las habitaciones. Absolutamente recomendable a pesar de las pocas salas excavadas.
 Mosaico de Tellaro

La zona del sur tiene su encanto en los pueblos, como Marzamemi, y en la zona de playa de Marina di Ragusa se puede comer bien en restaurantes construidos literalmente sobre las olas, pero no se escapan del mar de plástico que nos ha recordado la zona andaluza de Almería, con interminables kilómetros de invernaderos. Aquí la lluvia nos ha hecho alguna mala pasada al encontrar carreteras inundadas pero la cosa no ha pasado de “aventurilla”.
 
Templo de la Concordia

La zona de Agrigento: precioso valle de los Templos, no hay desperdicio, magníficos y tan bien conservados. Hemos hecho visita nocturna que ha tenido un encanto especial no sólo por los templos, que ellos solos merecen día y noche, sino porqué ha coincidido una espléndida exposición de Mitoraj que estará hasta noviembre y que le da un encanto especial al conjunto arqueológico. La visita diurna ha sido mucho más extensa y hemos podido también visitar la zona de la antigua ciudad de Akragas y pasear por los antiguos Cardo (calles) principales entre viviendas que se adivinan.
Camino de la ultima etapa del viaje hemos parado en Scala dei Turchi, en el pueblo de Realmonte. Acantilados de una roca blanquísima, blanda, escalonada, le da un aire irreal al paisaje, pero un baño en las aguas frescas te devuelve a la realidad. Merece la pena visitarlo temprano.
Scala dei Turchi

La parte de Trapani y final del viaje. De la zona más al norte destacaríamos San Vito lo Capo con su playa de arena blanca y su agua cristalina, ese azul pastel de las aguas calmadas, y además tuvimos la suerte de que no quedaban muchos turistas y gozamos de un baño ideal. También es visita obligada Erice, que después de ascender por una tortuosa carretera se llega a ese cerro extendido cuya cumbre configura un pueblo empedrado y bien cuidado, se nota el fresquito. Como todo, también turístico, pero las vistas son espectaculares: las islas Egades, la ciudad de Trápani… Y, claro, visita a la famosa “pasticceria Maria Grammatico” con su derroche de dulzor. Nosotros subimos por un lado de la montaña y bajamos por la parte norte que tiene otra visión también muy recomendable.
Por la parte sur de Trápani nosotros optamos por visitar la isla de Mozia (fundada en el s. VIII a. C.) que, tras un paseo en barca desde las calmadas salinas y con una ridícula profundidad que te permitiría ir a pie, se aparece la isla que fue una fortificación fenicia. El museu de Whitaker y un paseo por la isla te ofrecen la visión de la grandeza del pasado y la exquisitez artística con una escultura especial que es la joya del museo: el “Giovane di Mozia”. A nosotros que nos gusta lo antiguo también nos apeteció perdernos por el museo de Marsala que se extiende más allá de sus muros con villa romana incluida.
gradas del teatro de Segesta

Camino del aeropuerto, últimas horas, pasamos por Segesta : impresionante, el templo inacabado y, sobretodo, el precioso teatro griego, tan bien conservado, un sonido impecable y una vista preciosa de lo que fue el puerto de Segesta: Castellammare del Golfo. Un recorrido final por la costa que une este pueblo con el aeropuerto nos ha dejado un regusto un poco malo: hemos intentado un último baño pero la suciedad de las playas, una tras otra, no ha hecho desistir.
Bullicio en la “Passeggiata” al atardecer


En general decir que los lugares en los que hemos estado alojados han sido perfectos, tanto el establecimiento, como su ubicación y también, y muy importante, los propietarios que, con trato familiar, han sido a la vez que profesionales amables y dispuestos con buenos consejos sobre la zona. Los establecimientos pequeños se prestan a la proximidad.
Como nota negativa la suciedad que inunda los arcenes de las carreteras, y las playas, incomprensible. Al igual que a la conducción te puedes acostumbrar aunque sueltes algún gruñido, pero a la suciedad no y han sido kilómetros de carreteras con bolsas de basuras tiradas, una pena.
Sin embargo nos quedamos con la sensación de que Sicilia es una isla muy viva, sus gentes animadas y sociables, de paseos vespertinos, sus campos ricos y su patrimonio extenso, de todas las épocas, hacen entender que todas las culturas la hayan deseado.

Paco y Maite


Pedida de mano en Sicilia

Hola! Somos Estela y  Antonio, nuestro viaje a Sicilia fue por casualidad, estando planeando las vacaciones de septiembre pensamos en ir a New York a visitar a un pariente, pero justo esos días salió la noticia de que habían "matado a Bin Laden". Como nuestras vacaciones iban a coincidir con el décimo aniversario del 11 S, nos entró un poco de miedo y decidimos cambiar el destino. Recordando las fotos de una revista del corazón donde salia la Duquesa de Alba en Sicilia, pensé que era un destino muy atractivo y allí nos fuimos. Llegamos de noche a Palermo, y allí nos esperaba un señor encantador que nos llevo al B & B, y hablando con él nos preguntó que si queríamos nos daba una vuelta por Palermo. Encantados accedimos y conocimos Palermo de noche y nos pudimos hacer una idea de esa gran ciudad. La ciudad es inmensa, con edificios muy grandes e impresionantes, nos gustó mucho. El contraste era la suciedad y que nadie respeta las normas, lo cual, cuando acabas aceptándolo, es muy practico, porque todo el mundo sabe lo que tiene que hacer y no se sufre de estrés cuando entras en su dinámica. A mi me recordó un poco a Lisboa, ciudades muy bonitas que aun no han tenido la suerte de estar con la cara lavada. Escaparates con santos, vírgenes y el Papa a tamaño natural, tiendas de todo tipo de ropa para curas...., todo muy curioso. La visita por Palermo incluyó una boda típica con gente tradicional siciliana, o eso nos pareció.
Las vacaciones continuaron hacia el "grandioso Etna", en ruta visitamos pueblos medievales, muy bonitos y llegamos por la tarde a Siracusa, ciudad no muy leja del Etna, nada mas aproximarnos ya se veía al volcán respirar humo. En esos días  la luna estaba llena y el alojamiento era perfecto. Era el día 10 de septiembre, cumpleaños de Antonio y día donde le tenia preparada una cena sorpresa de pedida de matrimonio en la casa donde nos alojamos. La cena fue PERFECTA, los anfitriones mejores no podían ser, los platos típicos sicilianos que nos pusieron estaban deliciosos y, durante el postre, una tarta de pistacho y chocolate servido  junto con el champagne, Antonio se adelantó y sacó un anillo para pedirme que me casara con él, antes de contestarle le dí su regalo, unos prismáticos para que pudiese contemplar toda la belleza de la zona, y le pedí que se casara conmigo, los dos dijimos "SI", con el Etna de testigo. 


Al día siguiente hicimos la ruta de los pueblos de la falda del Etna, todos muy bonitos, la mayoría medievales. Una de las iglesias que vimos estaba construida con roca negra volcánica, al igual que muchas de las casas de la zona. Laderas de pistachos y unos cementerios muy, muy bonitos con unas vistas preciosas, todos en las laderas (a mi me encantan los cementerios). El segundo día en la zona lo dedicamos al Etna, donde subimos en funicular, y 4 x4 hasta la cima. La gente de la zona convive con el Etna de una manera muy natural, forma parte de sus vidas, sin tenerle aparentemente miedo. Lo que menos nos gusto y nos pareció indignante fueron todos los lados de la carretera llenos de bolsas y bolsas de basura, todo hecho una porquería. Por la tarde fuimos por la costa hasta Taormina, pueblo turístico donde los haya, imposible de estar e imposible de gastar, todo carisimo. Bajamos hasta Catania recorriendo los pueblos de la costa, donde volvimos a encontrarnos mas bodas (seria un presagio, jejjeje) bodas de lunes, curioso! 
Al día siguiente nos fuimos otra vez de ruta hacia la zona de Trapani, pasando por San Vito lo Capo y por Segesta; Este lugar me enamoró, el templo y el teatro son de lo mas bonito que he visto. El teatro te transporta a la época donde pudieran estarse representando obras de tragedia con el fondo verde, y extendiéndose hasta el mar, muy bien conservado. Y el templo emergiendo de la colina al atardecer, metiéndose el sol por entre las columnas, ¡sin palabras!. Llegamos a Don Carlo (el B & B) y la piscina dejaba que nos relajáramos de ese día tan intenso y tan caluroso. En este alojamiento hay muchos gatos y puede resultar incomodo, sobretodo si eres alérgico al pelo lo puedes pasar mal. 

Nuestro último día completo en Sicilia lo empleamos para visitar Selinunte, también sin palabras! El un sitio privilegiado donde está ubicado, justo al lado del mar, lo rinde MÁGICO. Cuando te pones cerca de una de esas piedras caídas, que en su dia fueron parte de un templo, te sientes una pulga, algo diminuto, no te explicas como pudieron conseguir construir esos monumentos con los medios que tenían. Por la tarde fuimos hacia las salinas, Trapani y el inalcanzable pueblo de Erice. ¡Que subida! ¡que mal rato! pero al llegar arriba comprendes muchas cosas sobre los libros que lees de aventuras en la edad media. Un pueblo muy turístico también, pero muy bien conservado.
Y fin de nuestras vacaciones, conociendo solo una pequeña parte de Sicilia, y con ganas de dedicarle otros días de vacaciones. Cada parte de la isla es distinta. El idioma hace que no te sientas mal, ya que lo entiendes perfectamente. Su gastronomía riquísima. Por cierto, los dueños del Don Carlo, también son expertos cocineros y pudimos comprobarlo con una exquisita cena que nos prepararon. 

Sicilia es una gran isla para descubrir, donde el sol te hace siempre compañía.

Esta es la historia de nuestra pedida de mano...y por cierto el 16 de junio del 2012 ¡NOS CASAMOS!

Nuestro viaje a Sicilia: descanso, sol y gastronomía

Diario de viaje escrito por Almudena del Burgo


A la hora de elegir nuestro destino de vacaciones pensamos en un lugar en el que pudiésemos descansar y coger fuerzas hasta el siguiente verano. Todas las opciones que valoramos estaban en el entorno del Mediterráneo y es que éste es un mar que llevamos en la sangre. Al final Sicilia fue la que más se ajustaba a nuestras necesidades de descanso, sol y gastronomía.




Comenzamos el viaje desde Trapani en Case Colomba, allí pasamos una semana esperando a que llegasen nuestros amigos para dar la vuelta a la isla. De esa semana me quedo con tres excursiones, una a la Reserva de Lo Zingaro, realmente espectacular poderse bañar en la cantidad de calas que acompañan al recorrido, otra la visita a Erice, nos pilló de sorpresa porque no habíamos leído nada de Erice pero nos encantó ver que estábamos subiendo a la montaña que nos llamaba la atención cada vez que cogíamos el coche desde hacia varios días. Realmente fue todo un hallazgo. Y por último una visita que recomiendo muchísimo es la visita a Favignana una de las Islas Egadi que me recordó muchísimo a Menorca por el agua cristalina de las playas. Del alojamiento, Casa Colomba, me quedo con los yogures caseros que nos ponían para desayunar y el trato tan cercano y amable.
 

Cuando llegaron nuestros amigos comenzamos a dar la vuelta a la isla por el norte hasta llegar a Santa Ágata de Militello donde nos esperaba El Giardino de Sicilia. De camino visitamos Cefalú. En esta zona de la isla visitamos Lipari y Vulcano contratando un minicrucero, esta visita no nos gusto mucho porque había que estar pendiente a cada rato del barco, recomiendo mas coger el barco a Lipari y quedarte a pasar el día por la isla alquilando una bici o una moto. Al día siguiente hicimos una visita al parque Regional del Nebrodi para llegar al lago Maulazzo, nos gustó mucho porque nos alejamos un poco de la muchedumbre que nos acompañó todo el viaje a lo largo de playas y pueblos. Haciendo esta ruta no nos encontramos con nadie y pudimos respirar la tranquilidad del bosque.


De aquí fuimos a Ragalna al alojamiento Sciaraviva el cual recomiendo enormemente, como ya les dije a ellos quedé enamorada de la casa y del lugar. Allí pudimos visitar el Etna y varios pueblos de la zona donde compramos una miel deliciosa. 




De allí nos fuimos a terminar nuestro viaje a S. Angelo Muxaro donde nos esperaba una experiencia en los alojamientos de Val Di Kam, nos alojaron en varias casas del pueblo y nos invitaron a hacer una ruta gastronómica por varios establecimientos del pueblo, toda una delicia que os enseño en fotos.
 

También es imprescindible en Agrigento visitar la Scala dei Turchi y el Valle de los Templos donde me hubiese gustado hacer alguna foto con menos gente, pero es lo que tiene viajar en agosto. 



 
Debo decir que la isla superó de lleno nuestras expectativas en cuanto a belleza, gastronomía y descanso. 

La autora.