¿SICILIA CON NIÑOS? ¡POR SUPUESTO!

Articulo escrito por Rafael Navarro


Entre finales de Junio y principios de Julio de 2009 viajamos en familia a Sicilia a través de ShineSicily, y la experiencia ha sido más que gratificante. En primer lugar, se trata de un lugar magnífico para conseguir el difícil equilibrio entre lo que queremos hacer los adultos y lo que quieren hacer los niños (en nuestro casos, dos niñas de 8 y 4 años). Nosotros queríamos combinar las visitas con el relax... las pequeñas se hubieran quedado todos los días en la piscina. Hubo tiempo para todos.

En segundo lugar, Sicilia ha superado nuestras expectativas en todos los sentidos, y ha vencido con argumentos sólidos a todos los tópicos que se ciernen sobre la isla (la mafia, el tráfico, la falta de infraestructuras...). Al menos durante las fechas en las que hemos viajado, hemos degustado una Sicilia tranquila, limpia, ordenada, amable, abierta, civilizada en la carretera y bella, bellísima.



Y ahora, vamos por palmos:

Noreste de la isla: El Etna lo domina todo

Llegamos a Catania con WindJet y recogemos el coche en Europcar. Lo primero que hacemos al pisar tierra siciliana es comprar un CD del más grande... Franco Battiato. El genial siciliano nos va a acompañar durante todo el viaje y las niñas van a acabar aprendiendo de memoria el "Cucurrucucu Paloma". Nos dirigimos a Fondo Cipollate, una antigua granja cercana al rio Alcantara reconvertida con un gusto exquisito en casa de agriturismo. De hecho, hace tan sólo un año que Gabriella y su marido están en plena actividad con la hacienda, y los trabajos menores siguen. La casa está rodeada de naranjos, cuenta con una magnífica piscina y juguetes para los pequeños. El segundo día vamos al Etna. Visita obligada y fascinante para toda la familia. Preferimos subir por la ladera norte, la menos transitada, hasta una estación de esquí en desuso desde la última erupción importante, en 2002, que arrasó las instalaciones. Es curioso: la primera imagen cinematográfica que se nos viene a la cabeza cuando se habla de Sicilia es, sin duda, "El Padrino" (y todo lo que conlleva), pero muy pronto otras
películas insospechadas ocupan su lugar. Viendo la estación de esquí arrasada por la lava, me imagino un buen final alternativo a "El Planeta de los simios".

Los restos de la última erupción importante del Etna, en 2002, aún son muy visibles

"Vacas de carretera" en la ladera del Etna. El pastor iba en un Fiat Panda.

En la base de la estación hacemos una excursión en autobús 4x4 hasta el observatorio, en la cota 2800. ¡Hay que llevarse la chaqueta, por mucho calor que haga abajo! El paisaje lunar, casi marciano, impresiona mucho...uno se imagina en el plató de la falsa expedición a Marte de otra película, "Capricornio Uno". Una vez abajo, aprovechamos las magníficas carreteras secundarias para rodear el volcán, disfrutar de una vegetación privilegiada y de algún rebaño de vacas circulando por la carretera.

Al día siguiente, tenemos otra cita cinematográfica, las islas Eolias. Las guías nos recuerdan la grabación tempestuosa de Ingrid Bergman y Roberto Rossellini en Stromboli, pero a mi Lípari siempre me trae a la cabeza un capítulo de "Caro Diario", de Nanni Moretti. Cogemos el 'aliscafo' en Milazzo (otra aventura para las niñas) y en menos de una hora estamos en la isla principal de las Eolias.

Cualquier tiro de cámara es bueno cuando estás en Lípari

En un autobús regular nos acercamos a la Spiaggia Bianca, que la guía nos marca como playa de arena... pero nos topamos con guijarros como puños. Eso sí, mucha tranquilidad y un agua cristalina. Después, una visita a la ciudad principal nos relaja aún más y lamentamos no tener más tiempo para poder visitar Vulcano o Stromboli (o las dos, puestos a pedir).

El tercer día nos depara una visita muy esperada, desde hace muchos años. Vamos a pasar el día a Taormina, muy cerca del Fondo Cipollate. En muchos foros se acusa a Taormina de estar demasiada explotada por el turismo...efectivamente, está muy explotada en comparación al resto de la isla, pero vale muchísimo la pena. Desde la playa, muy cerca de la espectacular Isola Bella, se encuentra un telecabina que sube hasta el casco antiguo. Para las niñas, otra aventura! El pueblo está cuidadísimo, las calles rezuman a verano por los cuatro costados y el teatro griego ofrece un panorama espectacular. Además, para nosotros se trata de una visita especial, ya que una de nuestras películas de cabecera es "El gran azul", y una buena parte del film se desarrolla en Taormina, donde Jacques Mayol y su socio siciliano liberan a un delfín en el mar. Nos vamos satisfechos.

¿Quién dice que Taormina no vale la pena?

Sureste de Sicilia: el barroco decadente y maravilloso

Para desplazarnos desde el noreste al sureste, preferimos obviar la visita a Catania y acercarnos hasta la Villa del Casale, una antigua hacienda que posee los mosaicos más bien conservados de toda la Roma Clásica. El desvio vale la pena, por los mosaicos en sí y por el repentino cambio de paisaje que observamos una vez lejos del Etna: los naranjos y las flores dan paso a llanuras y colinas sembradas de cereales. La travesía norte-sur de la isla acaba en nuestro nuevo hogar, la Casina Grotta di Ferro, una nueva
hacienda espectacular, completamente renovada y con un encanto especial,
rodeada de algarrobos y olivos. La piscina -jacuzzi incluído- quita el hipo. Va a ser difícil arrancar a las niñas de la casa!

Disfrutando del reposo en la Casina Grotta di Ferro

Desde la 'Casina', el manojo de excursiones que se pueden hacer no nos caben en la agenda... deberemos dejar alguna fuera del circuito. Nuestro anfitrión, Franco, nos recomienda especialmente la antigua Ragusa, máximo ejemplo del barroco 'decandente'... y volvemos a acertar. La ciudad antigua es preciosa, efectivamente decadente, pero en el mejor sentido de la palabra. Hay que verlo y sentirlo para entender que algo 'decadente' también puede ser enormemente bello. Cerca de Ragusa está Scicli, otro pueblecito con aire barroco y algunas casas excavadas en la roca.

Ragusa 'by night', igual de mágica que de día

El segundo día en el sur lo dedicamos a la playa. Arena finísima y aguas poco profundas. Otro sueño para las pequeñas. Nos sorprende en sobremanera la poca gente que hay en la playa (estamos ya a principios de Julio)...hay zonas con quilómetros a la vista y apenas un puñado de bañistas esparcidos. Suponemos que en Agosto la cosa cambia, y disfrutamos de esa rara soledad. Donnalucata, la Marina de Ragusa, Punta Secca... un litoral aún por explotar que nos regala tranquilidad y agua clara.

Playas de arena fina y agua transparente en Donnalucata

La leyenda de Siracusa nos vence en nuestro último día en el sur. En su momento fue la gran capital del Mediterraneo. Hoy atesora una belleza discreta en su casco antiguo, en la isla de Ortigia, y en sus alrededores costeros, que descubrimos con una antigua barca de pesca reconvertida en 'bus' marítimo para turistas. Visitamos un pequeño museu de 'Puppi', las
marionetas locales, para gozo de las más pequeñas de la familia. A la vuelta, para obligada en Noto, un ejemplo de ciudad barroca construida de la nada, después de un devastador terremoto a finales del siglo XVII. La ciudad está perfectamente conservada, limpia, impoluta... pero palidece al lado de la auténtica Ragusa.

Noroeste de Sicilia: el mar verde-turquesa
Es hora de volver a cambiar de aires y tenemos que volver a elegir: alcanzamos el noroeste por la costa, visitando los vestigios griegos de Senilunte, o atravesamos la isla por el centro, de norte a sur, para poder descubrir Cefalù. Consejo familiar de urgencia y acabamos tomando una autopista casi desierta para ir al pueblo costero de Cefalù. Es domingo, hace sol, y muchos palermitanos pasan el día en la playa. Es el único día en el que nos sentimos turistas en una tierra para turistas, pero aún así la visita vale la pena. Cefalù se aferra al mar ante la amenaza imponente del peñón que la vigila de cerca y sus calles, su imponente iglesia de reminiscencias árabes y sus antiguos lavaderos públicos nos vuelven a recordar la intensa historia de una isla por la que han desfilado las civilizaciones mediterráneas más importantes de la historia.

Después de Cefalù, nos dirigimos a nuestra última posada, la Casa Colomba, muy cerca de Trapani. Estamos rodeados de árboles frutales y no hay piscina, cosa que sorprende a las niñas. Una visita a los alrededores nos hace descubrir que la piscina, en este caso, no hace falta.

Decidimos invertir nuestro primer día en visitas 'culturales', para dejar el resto de las vacaciones a merced del sol y del mar. Así que en una jornada visitamos las ruinas griegas de Segesta -bellísimas, en un marco natural impresionante-, bajamos hasta Marsala para ver las salinas y sus molinos de viento y visitamos la isla de Mozya -con los vestigios de una antigua ciudad... ¡fenicia!- Acabamos el día en la bellísima e imprescindible Erice, subiendo en un larguísimo telecabina desde Trapani, que nos ofrece una vista espectacular sobre la ciudad portuaria y las islas Egadi. Erice parece un trozo de la Toscana incrustado en una montaña siciliana. Una ciudad medieval perfectamente conservada y cuidada, que fascina incluso a las pequeñas.

Vestigios griegos y romanos impresionantes en Segesta

Los siguientes dos días nos sumergimos (en el sentido literal de la palabra) en el mar turquesa de esta zona de Sicilia. Primero, con una excursión de todo el día en barco para descubrir desde el agua la reserva natural dello Zingaro. El barco nos deja varios momentos para el baño, y paramos a comer en San Vito Lo Capo, un pueblecito turístico con una playa-bahía auténticamente caribeña. De vuelta, paramos en la playa de Scopello para un último chapuzón en un entorno que nos recuerda a las playas más escondidas de Menorca.

Un milisegundo antes del gran chapuzón en aguas de la reserva natural dello Zingaro

El último día, tomamos otro 'aliscafo' para visitar la isla del atún, Favignana, la más grande de las Egadi. Alquilamos bicicletas y desafiamos al calor recorriendo la parte sur de la isla. El verde turquesa del mar se intensifica. Es casi insultante no meterte en el agua. Las zonas de baño se suceden una tras otra, rivalizando en belleza... qué gran colofón al viaje.

Favignana en bicicleta. ¡Qué gran despedida!

Para rematar las vacaciones, visitamos por segunda vez el restaurante "Hijos", a las afueras de un pueblecito llamado Dattilo. La primera vez que fuimos estábamos solos, y casi se puede decir que la familia de Pino Cusenza cocinó para nosotros los entrantes más típicos de la isla. Con eso tuvimos suficientes. Por eso, tuvimos que volver para rematar el trabajo, degustando la parrillada de carne y otra herencia árabe típica de la isla, el cus-cus. Todo ello, regado con vino de Marsala y rematado con Passito de Pantelleria, moscatel a base de uvas pasas hecho artesanalmente.

Sin duda, lo más duro fue volver.

En resumen, la selección de alojamientos que nos propusieron en ShineSicily fue perfecta. Los 'tempos' del viaje, adecuados. Las carreteras, magníficas. La isla, maravillosa. Y, por supuesto, las cosas inherentes a Italia: la simpatía, la buena mesa, el clima benigno y la sensación de viajar al país de unos primos hermanos que parece que se toman la vida con algo más de alegría que nosotros. De la mafia, ni rastro... quizás porque no la supimos ver, o no la quisimos ver. Eso sí, el libro "Gomorra", de Roberto Saviano, fue mi lectura de cabecera durante todo el viaje. Un libro del que, por cierto, también se ha hecho una película.

Muchos dirán que ha sido un crimen no visitar Palermo. Es posible. Pero con los días que tuvimos preferimos Lo Zingaro, Erice y Favignana antes que la gran ciudad. Todo no se podía hacer. Y es verdad, tampoco fuimos a Corleone, o a Prizzi, buscando la fotografía fetichista ante el cartel de entrada al pueblo. Si nos hubiéramos decidido a hacerlo, de todos modos, no habríamos optado por esos pueblos: Nos hubiéramos hecho la foto ante el cartel de Zucco, como el apellido del personaje de John Travolta en "Grease".


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Sicilia y el olor de las flores

Perdón el retraso en publicar este post muy bonito pero realmente primero tuvimos problemas con las fotos y después cuando entramos en temporada poco tiempo para dedicarle

Articulo escrito por Elvira de Valencia


Primera etapa: Scopello fue nuestra base de operaciones, y el "Casale Corcella" nuestro agroturismo con las mejores vistas sobre la bahía de Castellammare del Golfo.
Lo primero que nos sorprendió, y muy gratamente, fue la cantidad de flores silvestres que crecía por todas partes y en todos los colores. Una auténtica maravilla. A lo largo del viaje disfrutamos de margaritas blancas y amarillas, flores de cardo blancas y azules, violetas silvestres, prímulas, madreselva, genista, escaramujo, romero, gauchas, irises, flores de guisante, altramuz y alcaparra, frutales en flor como este manzano y otro montón del que no me sé los nombres... ¡e hinojo a doquier!, que luego acababa en nuestra ensalada...





Durante nuestra estancia en Scopello visitamos el magnífico templo dórico de Segesta (s. V ac) al borde de un profundo cañón y lleno de magia.
También visitamos San Vito lo Capo, una preciosa playa con arena blanca y aguas azul turquesa.
De Scopello son famosos sus bellos farallones junto a la antigua tonnara ('fábrica' de atún)

A Palermo no hay palabras que la describan. Es una ciudad increíble, caótica, encantadora, y agotadora... No creo que volvamos, pero nos gustó mucho callejear por el mercado de la Vucciria y por el casco antiguo en general. Nos encantó la comida, la más barata y de las mejores del viaje, creo que nos costó comer los cuatro en una típica casa de comidas 15 euros... Nos gustaron también las capillitas en cada esquina, los carteles y los ficus gigantes de los "Giardini Garibaldi". Nos enloqueció el tráfico, pero nos fascinó cómo aparcan (ahora, cuando alguien aparca o conduce fatal, decimos que lo hace "alla palermitana"...). En resumen, un día muy intenso.

Visitamos la ópera y el busto de Giuseppe Verdi, aunque el siciliano era Vincenzo Bellini, por eso el plato de pasta más famoso, y riquísimo, de Sicilia se llama "alla Norma"

Salimos de Palermo a toda prisa dirección a Monreale, un outlook estupendo de Palermo con una catedral normanda fascinante. El rey Guillermo construyó esta catedral para que hiciera sombra a las de Palermo y Cefalú, y se inmortalizó en este capitel en el cual aparece él entregándole la seo a la mismísima Virgen.



Segunda etapa: Sant'Angelo Muxaro
Nos alojamos en un agroturismo encantador con Piero como anfitrión, quien nos traía cada mañana a la terraza con la preciosa vista del pueblo, un desayuno riquísimo recién horneado.
Una noche cenamos con otros huéspedes en una casa del pueblo. Nos prepararon una cena típica del lugar con sardinas, frittate, etc. y, pese a que todo estaba riquísimo, los cannoli fueron la estrella absoluta...



Piero fue un magnífico guía de la necrópolis (s. XI-V a.c.) que hay en la falda de la colina sobre la que se asienta el pueblo. Nos acompañaron en el jeep su peque, Giuseppe, y sus 'cagnolini' Bianco y Lili. Todos disfrutamos como enanos de una tarde y un paseo especiales.

Desde Sant Angelo visitamos “Il Valle dei Templi” en Agrigento (s. VI-V a.c.) Este bellísimo conjunto de templos dóricos, pese a su nombre, fue construido sobre la cresta de una montaña, de forma que se vieran desde el mar y sirvieran como faro para los marineros. De ellos Goethe dijo: "Jamás en la vida podremos regocijarnos de nuevo tras observar las maravillosas vistas de este espléndido valle". Tampoco hay que pasarse, pero es una maravilla.

Del Valle de los Templos nos desplazamos a la costa, a Siculiana, para disfrutar de una magnífica comida en “Il lustru di luna” (¡¡¡¡pasta con langosta!!!!)y un estupendo paseo por la playa.

Con las pilas recargadas con la buena comida, nos fuimos a “La Scala dei Turchi”. Esta roca curva de blanco cegador de caliza y arcilla, que rompe totalmente con el cielo azul y el mar índigo, es uno de los lugares más espectaculares que visitamos.

Tercera etapa: Ragusa
Otro agroturismo encantador, la "Casina Grotta di Ferro", en el que nos poníamos cada mañana ciegos de ricotta recién hecha. El hotelito estaba rodeado de campos cubiertos de flores, había un burrito, gallinas y perros, y en los alrededores vimos, además de vacas y caballos, ¡un puercoespín enorme!

En Ragusa Ibla coincidimos con las procesiones de Viernes Santo, en el magnífico marco de un pueblo barroco bellísimo y totalmente intacto.



Noto nos pareció irresistible. También barroco e intacto (construido tras un terremoto en el s. XVIII), y con una comida... Nos pusimos morados en la Trattoria del Crocifisso, un local adherido al movimiento Slow Food, y con un cocinero encantador que nos preparó la comida a nuestro gusto, y tanto que a nuestro gusto! En la foto, atún con costra de pistacho.

Módica también es famosa por su belleza barroca, pero nosotros nos quedamos con su conocido chocolate. ¡Compramos kilos!, pero antes de volver a casa ya había desaparecido todo: de canela, de vainilla, de azahar, con limón confitado,...

En Marina di Ragusa disfrutamos del famoso cous-cous de pescado de Casa Carmelo, con vistas sobre el mar y las cabriolas de los kite-surfistas.

Cuarta etapa: Taormina y alrededores
Nos alojábamos en la falda del Etna en el agroturismo "Fondo Cipollate". Una preciosa casa antigua muy bien renovada preservando su alma.
Esos días nos hizo mal tiempo, pero aún así vimos muchas cosas.

Lamentablemente el día que visitamos Taormina y su Teatro Greco (s. III a.c.) salió muy lluvioso, lo que desluce mucho las fotos...

Realmente es un enclave privilegiado en una terraza del monte Tauro, con vistas espectaculares sobre la bahía de Schisò y, a su espalda, el Etna.

¡¡¡Chan-ta-chan!!! ¿El Etna! Bien abrigaditos nos subimos hasta el refugio Sapienza a casi 2.000 m. de altitud, para sentir de cerca el volcán. Desde luego que hacía un frío que pelaba. Mis maravillas recogieron montones de piedras negras de recuerdo y nos volvimos a bajar al calor de la costa.

Una vez bajo, bordeamos la costa hacia Messina (desde aquí se veía muy bien Calabria al otro lado del estrecho (sólo son 3 Km.), y nos fuimos a Ganzirri a comer. Este pueblecito encantador bordea una laguna salada llena de mejillones, los cuales hay que comer en el Ristorante La Napoletana, donde, además de ser simpáticos, preparan una comida deliciosa acompañada de las mejores habas (crudas) que he comido, por no hablar del pulpo…



Catania es la segunda ciudad por tamaño de Sicilia, es una urbe animada, barroca y mucho menos caótica que Palermo. La Piazza del Duomo está custodiada por la Fontana dell'Elefante, con su elefantito de piedra volcánica del siglo VIII a.c. (cuando fue fundada Catania) al que llaman Liotru y es símbolo de la ciudad y amuleto frente a la agitada actividad del Etna. El otro "amuleto" es la Catedral de Santa Ágata, cuya fachada de mármol está adornada con columnas del viejo anfiteatro romano que se halla a pocos centenares de metros (en su tiempo el mayor del imperio tras el Coliseo romano).

Quinta etapa:
Un poco estresados ya con tantas ruinas y barroco, nos escapamos a las exuberantes Islas Eolias. Un grupo de siete islas encantadoras y diferentes al norte de Sicilia. Nos alojamos en Salina, la más bella y céntrica, con vistas preciosas hacia el resto de islas y cubierta de flores.

Nuestro hotelito, el Solemar en Leni, era encantador y disponíamos de una preciosa terraza en la que leer, descansar y disfrutar de vistas espectaculares sobre el mar, Lípari, Panarea y, muy al fondo, Stromboli.

Fabio, el cocinero, nos preparaba cada noche una delicia, o varias, por no hablar de los cannoli... y ya antes nos enseñaba lo que había "encontrado" en el puerto para nosotros. A mi hija preparaba la mejor pasta vegetariana del mundo.

Nos alquilamos un viejo ford Fiesta bastante baqueteado (era lo único que había disponible y, según mis alcachofas, el coche más cutre al que habían subido en su vida) y con él dimos varias vueltas a la isla... En cada rincón hacíamos pequeños y grandes descubrimientos: una glicinia, un tejado, los acantilados de Malfa, alcaparras, una bodega de vino de Malvasía, un motocarro especialmente viejo, la genista que sirve de fondo...






Hicimos una excursión de un día a Stromboli, que es talmente como uno pinta de niño los volcanes: un cono del que sale humo. Pasamos una mañana muy agradable y calurosa subiendo por la falda del volcán. Cada cierto tiempo (15-20') se oía una explosión que parecía producirse en el mismísimo centro del volcán y daba bastante yuyu... pero parece que es lo normal.

Strombolicchio (el cuello del volcán original, el cual se derrumbó dentro del mar hace 'sólo' 40.000 años), como se ve desde el antiguo cementerio, con vistas de ensueño, por cierto...

Stromboli está llena de curiosidades, rinconcitos y ¡montones de motocarros! y es que las calles son tan estrechitas que no serviría otro tipo de vehículo.

La playa de arena negra de Stromboli con la vista de Strombolicchio fue de lo mejor del viaje. Sobre ella me pegué una fantástica siesta y, por supuesto cargué con una botella de esta bellísima arena negra y brillante que ahora ocupa un puesto de honor en mi colección.

Durante la excursión exploratoria a los dos volcanes extinguidos y cubiertos de flores de Salina, vimos tantas serpientes negras por el camino que salimos pitando y nos fuimos al pueblo a tomar un helado..., donde nos encontramos con el médico del pueblo, quien nos aseguró que no son venenosas…

Así que, escarmentados, cogimos el ferry y nos dimos una visita culturizante a Lípari, la capital de las Eolias, y con asentamientos humanos desde el neolítico. Alucinamos con las murallas de la ciudadela (construidas para defenderse del pirata Barbarroja, entre otros). ¡Parecen inexpugnables! Además sólo hay un acceso, y al otro lado, acantilados.

La catedral de San Bartolomeo es interesante con su santo en plata a tamaño natural, pero lo que más nos gustó fue su claustro normando del s. XII con capiteles simbólicos con animales.

El Museo Arqueológico Eoliano es una de las colecciones más completas de Europa de arte mediterráneo desde el neolítico hasta la época romana. Una auténtica pasada, especialmente las máscaras de teatro griegas y las vasijas policromadas. También muy interesantes los trabajos con obsidiana del neolítico.

Ya sólo nos quedaba devolver nuestro magnífico ford fiesta, coger el ferry de vuelta a Milazzo, y de allí el tren hasta Palermo, para volver a España al día siguiente muy tempranito.

Dos semanas maravillosas en unas islas inolvidables. Arriverderci!!!!


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SICILIA – 24 DE AGOSTO AL 6 DE SEPTIEMBRE DE 2009

Articulo escrito por Elisa Ramirez

PREVIOS
Fundamental llevar un buen mapa de carreteras. Kika compró uno plastificado en La Tienda Verde (Borch Map 1:400.000), con planos de las principales ciudades por detrás.





24.08.09
Parecía que no iba a llegar nunca el día pero… ¡llegó el 24!
Llegamos a Palermo a las 12:20 y cogemos un shuttle hasta el coche alquilado, un Alfa Romeo 159 Wagon.



La gran mayoría de los coches que veremos a lo largo del viaje son, precisamente, Alfa y Fiat. Descartamos a los “extremos” y conducen Kika y Bea porque cada conductor extra son 7 € más al día. Afortunadamente tiene un maletero amplio así que no tenemos demasiados problemas para encajar nuestras maletas (una vez encontrado el sistema repetimos, cada vez, exactamente las mismas posiciones). Después de revisar el coche, contrato (hay que devolver el coche con el depósito lleno), maletas, etc cogemos al fin la autostrada (señalizada con cartel verde) y Angela se fija en el indicador de gasolina y dice… “¡llevamos 1/2 depósito!”. Nos cuesta un par de arrancadas y, casi una deshidratación (37º), averiguar que el coche solo arranca pisando el freno o el embrague… Al principio tenemos la sensación de no haber salido de España. Nos ponemos en camino hacia la casa (Il Giardino de Sicilia), en Sant Agata de Militello, en la costa norte de la isla y, de camino, paramos a comer en Cefalú (20 €). Probamos la caponata (verduras), el pez espada y, Angela se atreve con… ¡una cerveza con limón! que le sirven ¡tal cual! (con unas rodajitas de limón). ¡Qué bien nos entran esas primeras birras heladas! Hace mucho calor.
Esta es la isla de los túneles (luego comprobamos que esto es, sobre todo, en el norte). Como dice Angela: “Parece un queso Gruyere”… ¡Menudo trajín se trae Kika con las gafas!
Kika tiene serios problemas con los peajes y se empeña en seguir a los coches acabando siempre en la fila más larga. No hay forma de evitar la espera aún con filas libres, ¡qué fijación! Y, por si fuera poco, nos empeñamos en darle billetes de 50 € para pagar 0,60 €… “Estáis de coña, ¿verdad?”. Si nos hubiera ocurrido en alguno de los que cogeremos más adelante, ¡nos hubiera tocado el premio gordo de la tragaperras!
Cuando llegamos a la casa, nos recibe la mujer (Margharetta, siciliana) y nos dice que su marido (Reginaldo, brasileño) nos está esperando.
Bajamos a Sant Agata a cenar y… ¡empezamos a fijar conceptos!. Damos tres vueltas a la misma manzana para llegar al puerto, donde cenamos en uno de los sitios que nos han recomendado, La Risacca (no nos extraña el nombre, tardan tanto en servir la comida que… ¡la resaca está asegurada mañana!). La cena está rica y no sale nada cara (10€).

25.08.09
Desayuno a las 09:00. Melón, higos, pan con ricotta, mermeladas caseras, zumo de sandía…


De camino a Castelbuono, Kika sigue teniendo algún problemilla con los peajes, va “sobrada” y decide “tirarles” una propinilla… Al llegar vemos el castillo y callejeamos por el pueblo. Compramos agua y fruta y seguimos ruta a Cefalú, donde vemos la catedral, de estilo normando, con aspecto de fortaleza, emergiendo entre las callejuelas estrechas, visitamos el claustro y recorremos el corso Ruggero que es la vía principal de Cefalú y divide en dos la ciudad antigua: al este, el barrio de aspecto medieval, con una maraña de callejuelas laberínticas (posiblemente destinada al pueblo llano); al oeste, un trazado regular de calles perpendiculares (posiblemente destinada al clero y la nobleza). Su playa también la convierte en destino turístico (estaba abarrotada). ¡Ah! Y Cefalú fue escenario de Nuovo Cinema Paradiso (Giuseppe Tornatore). Comemos con vistas al mar e iniciamos nueva colección de etiquetas de cerveza.


Por la tarde buscamos una playita en Capo d’Orlando. Desde este hasta el Capo Calava se extienden 16 Km de playas que dicen son de las más bellas del Tirreno. Está visto que no acertamos con la que elegimos, es de piedrecitas, pero las vistas no están mal (Eolias en el horizonte) y el agua está muy buena (es muy salada y se flota de cine). A la vuelta, Bea se empeña una vez más en regresar al punto de origen por si hubiera quedado algo pendiente de ver…
Al llegar a Sant Agata, dudamos en un cartel y seguimos adelante. A Bea le dan luces por detrás y después por delante (¡estos sicilianos!) hasta que Kika dice: “Creo que vamos por prohibida”… ¡Y, así era! Para que luego digan de los sicilianos…
Cenamos en Il Giardino y disfrutamos de la tranquilidad, las vistas y la cocina. Además, probamos nuestro primer vino siciliano.




26.08.09
Levantada a las 06:15 para estar en el puerto a las 07;:30. Una vez más, Bea decide hacernos un tour por la ciudad. El viaje en barco a las Eolias cuesta 38 € por persona (Lípari y Vulcano). Hay otro que cuesta 60 € y va también a Panarea y Stromboli pero nos dicen que se hace demasiado largo (vuelve a las 23:30) y no merece la pena la paliza (otra alternativa sería hacer noche en Strómboli pero no entra en nuestros planes).
Paramos en Capo d’Orlando y cambiamos de barco, tiene capacidad para 350 personas. El viaje hasta Lípari, la isla más grande y poblada del archipiélago, con 8.500 habitantes y 37,6 Km2, dura aproximadamente 2 horas. Allí, después de desayunar, ¡al fin!, una granita de café y un brioche, visitamos El Castelo. En el interior de la zona amurallada se encuentran la catedral de San Bartolomeo, de origen normando, reconstruida en la época barroca, así como unas cuantas iglesias.
Hace un calor tremendo así que, después de dos horas, optamos por hacer una excursión en barco alrededor de la isla (al menos tenemos la brisa del mar, no caminamos y seguimos viendo cosas). Vemos la Roche Rosse, piedra pómez y las aguas transparentes y turquesa en aquellos lugares en los que la piedra está en el fondo. Después vamos a Vulcano, isla de intensa actividad volcánica, con 400 habitantes en la actualidad pero prácticamente despoblada hasta épocas muy recientes. Comemos pizza y ensalada (7 €) y vemos los baños con barros en la zona rica en azufre. El olor es muy desagradable pero el azufre (zolfo) y otros minerales, además de sus tres volcanes son los principales atractivos de esta isla. Vamos a la playa de arena negra (Sabbie Nere) y llegamos suspirando por un baño. A estas alturas, el bañador/bikini se ha convertido en nuestro complemento favorito… La arena arde pero el agua está buenísima y las vistas son estupendas. Se flota mucho por la gran concentración de sal en el agua. Cogemos el barco de vuelta a casa y disfrutamos del atardecer de fondo. Angela y Bea inician una sesión de fotos (mano/sol)que termina copiando medio barco…


Cenamos en la casa, está todo riquísimo y probamos el helado de pistacho y almendra que está ¡espectacular! (Las cenas en la casa salen por 25€/ persona, francamente, merece la pena).

27.08.09
Desayunamos a las 09:00 para conseguir salir pronto y evitar así el calor (prueba no superada porque acabamos viendo las ruinas de Tindari a las 13:30). Por el lado positivo… increíble pero, cierto… ¡Conseguimos llegar a la primera al santuario de la Madonna Nera!. En este santuario se venera la imagen de una Virgen de rostro oscuro, de origen bizantino (S XII) y podemos ver un montón de mosaicos con escenas de las escrituras.
Las vistas desde fuera son preciosas, justo debajo, están los Laghetti di Marinello. Después visitamos el área arqueológica, comenzamos por el museo, después la basílica (edificio de época imperial), las termas, el teatro de origen griego… El calor es insoportable y estamos deseando llegar a los lagos para pegarnos un bañito pero… ¡Bea se empeña en ver el santuario de nuevo, ya sabéis, fijando conceptos! Comemos unos paninis y… ¡café con hielo! Después y, tras media hora de caminata por la marisma, Angela y Kika se quedan a las puertas de la lengua y Kika pierde, además… ¡una cerveza que aún debe! porque… no había mar en el camino.
Seguimos ruta a La Casa di Pippinitto, en Santa Venerina (Catania). Son dos horas y media de coche por carretera de montaña, con unos paisajes muy bonitos, puesta de sol, niebla, truenos, lluvia…




Kika reta a conductora (Bea) y copiloto (Silvia) a llegar a la 1ª (dos cerves) o, al menos, sin llamar a los de la casa para que salgan a buscarnos (una cerve). Después de unas cuantas vueltas, alguien nos pregunta dónde vamos y se ofrece a llevarnos. Está claro, es el dueño de la casa que estaba esperándonos y ha salido a buscarnos (ya decían que era complicado llegar) así que, al llegar, Bea le pregunta: “¿Dónde aparco?” y el pobre alucina en colores porque… no era el dueño, ¡sólo nos había visto despistadas y se había ofrecido amablemente a llevarnos y, en lugar de darle las gracias… le pedimos aparcamiento!.
Cenamos en La Cantina (18 €), una comida muy rica y descubrimos como se dice hielo. Kika, en un alarde de inspiración mira al camarero, recurre a la mímica y haciendo que sirve una bebida, le dice: “¿Coca Cola? Clin-Clin”. El camarero sonríe y dice: “¡Ah, iazzo!”, aunque tampoco no s servirá de mucho porque… lo que no entienden es el concepto.

28.08.09
Levantada a las 08:00, salida… ¡a las 10:45! Hay que reorganizarse… El alojamiento es una casa de campo típica del Etna, rodeada por un jardín de frutales (higueras, ciruelos, manzanos, vides…).




Tenemos una habitación individual, un dormitorio doble y un sofá-cama, cocina y baño (¡compartido por las cuatro!).

Hoy toca visita a Catania. A pesar de que nos habían recomendado no llevar el coche a la ciudad, nos arriesgamos y no se nos da mal… Aparcamos en un parccheggio, los tickets se compran en los Tabacchi (estancos) y se pagan en función de las horas de estancia, algunos no son de pago y, simplemente, te limitan el tiempo de permanencia a 1 hora. A medida que avance el recorrido los iremos utilizando con frecuencia… Empezamos por el mercado del pescado (Mercato della pescheria), cerca de la Piazza Duomo

Realmente es parecido a un zoco árabe como dicen las guías y hay también algunos puestos de carne y verduras. Destaca el pez espada que tanto comeremos a lo largo de nuestro viaje. Después nos acercamos a la Piazza Duomo, donde confluyen las dos vías principales, Etnea y Vittorio Emanuele II. Está flanqueada por varios palacios barrocos y en el centro se encuentra la Fontana dell’Elefante, símbolo de la ciudad. No podemos entrar en el Duomo porque, como empezamos a ver, el horario de cierre de buena parte de los monumentos a visitar es temprano (12:00-12:30). Muy próxima a esta plaza está la de la Universidad que también visitamos. Callejeamos y, en la vía Crociferi, sede del barroco catanés por excelencia, vemos el Arco de San Benedetto (1704), la iglesia de San Benedetto (1704-1713), el ex Collegio del Gesuiti, la iglesia de San Francesco Borgia, la de San Giuliano (1760) y el convento del Padri Corciferi (1771). A continuación, la iglesia de San Nicolo, una de las más grandes de Sicilia y decidimos que es buena hora para comer. Lo hacemos en Ambasciata de Mare (30 €). Sitio muy recomendable, todo está muy bueno, nos gusta especialmente el sorbete de limón con fragoline.
Por la tarde vamos al Museo Romano que está casi escondido entre edificios. Fue construido sobre un teatro griego del siglo V a.C.




Seguimos ruta y, de camino a Aci Trezza, pasamos por Aci Castello. En Aci Trezza hay una especie de “embarcaderos” de madera con muy buena pinta. En alguno de ellos hay un cartel de “Privado”, dudamos pero finalmente decidimos que… “es mejor pedir perdón que pedir permiso” y nos instalamos.


… Enfrente teníamos los faraglioni dei Ciclopi, escollos de lava que, según la leyenda, fueron las colosales piedras que el gigante Polifemo arrojó sobre Ulises. El agua, estupenda. Fue probablemente uno de los mejores baños, especialmente para las que disfrutan sumergiéndose y charlando un ratito con los pececillos de colores. Había también erizos.
De vuelta a la casa, Bea, Kika y Angela deciden hacer un tour en bici que se convierte en ¡memorable!. Bici de barra con falda, chanclas… vamos, bien equipadas… Cenamos en el pueblo (11€).

29.08.09
Salimos a las 09:00 hacia la cara norte del Etna. La sur es más turística, se sube en un teleférico y después en un 4x4 (50 €) pero Cesare, el dueño de nuestra casa, nos recomienda hacer la cara norte donde encontraremos menos gente y más cráteres. Vamos por Milo y Fornazo hasta Piano Provenzana donde cogemos un “minibús-4x4 (41€), con ruedas adaptadas, que nos lleva primero a los cráteres de la erupción de 2002 para seguir camino hacia la cima pasando antes por otro cráter del que emana vapor caliente.
Empieza a granizar y el paisaje se convierte en un gran espectáculo. El ruido es muy fuerte y, en pocos minutos, todo se vuelve blanco, cualquiera diría que estamos en pleno invierno. Nos encontramos con un grupo (Grupo Alpino de Catania) que no puede seguir su ruta a pie, en medio de la granizada. Los niños suben a nuestro minibús con cara de frío y susto. Habíamos iniciado la subida con un Etna soleado y descendíamos viéndolo “nevado” y bajo la lluvia.





A lo largo de todo el recorrido se apreciaban en el paisaje los ríos de lava. Continuamos ruta hacia Randazzo, renunciando a la cascada de Le Gole dell’Alcantara, una profunda garganta que el río Alcantara ha excavado a lo largo del tiempo sobre la roca negra volcánica. Randazzo es una ciudad medieval (11.000 habitantes) que fue seriamente amenazada por la erupción del 1981.
Parece una ciudad fantasma, por la lluvia y por la hora a la que llegamos, está desierta... Visitamos las iglesias de Santa María (latina), San Nicolo (griega) y San Martino (lombarda), todas ellas del S. XIII. Vemos también el Palazzo Reale, residencia de la corte aragonesa y callejeamos. Después de una panzada tremenda para comer (ya dijo Kika que mejor 3 platos que 4, lo que pasa es que sacaron ¡cerca de 50!), ha salido el sol y la gente ha vuelto a la calle.

Es un pueblo realmente bonito pero tenemos que seguir ruta hacia Taormina. Es imprescindible coger el Funivía en Mazzaro para subir, no es una ciudad para el coche. Hay un parking en la misma salida del Funivía y, todo, nos sale por 3,5 €/persona. Vamos al teatro griego (construido en el S. III a.C y reconstruido en época romana, S. II d.C.) y ¡sorpresa! está invadido por un escenario y cámaras ya que se va a celebrar un concierto. Por su tamaño, es el segundo teatro de Sicilia, después del de Siracusa.




El pueblo está abarrotado pero nos encantan sus calles y monumentos. Visitamos Santa Caterina y vemos el museo siciliano, callejeamos y llegamos a Via Comunale que son unos jardines, con vistas espectaculares. El paseíto por ese lugar, a esas horas, sienta de cine. Seguimos andando hasta el Convento de San Doménico, vemos el claustro y las vistas desde el restaurante, muy recomendable. Continuamos hasta la Piazza del Duomo. La catedral di San Nicolo, edificada en el siglo XIII y reconstruida en los siglos XIV y XV, es preciosa. Allí se encuentra también el Ayuntamiento. En la Piazza 9 Aprile vemos las iglesias de Sant’Agostino (S. XV) y San Giuseppe (S. XVII). Volvemos al Funivía, después de haber cogido algunas provisiones y llegamos a la casa, “derrotadas”, después de un largo día.

30.08.09
La amenaza no se cumple y conseguimos salir a las 10:10 de la casa. De camino a Ragusa hacemos escala en Siracusa. Una vez más nos vemos viendo ruinas… ¡a las 12:00, que fijación con esto también!. Vamos derechas al Parco Archeologico della Neápolis (hay un parking en el propio recinto), a la entrada nos encontramos con la iglesia de San Nicolo dei Cordari (normanda, S.XI). A continuación vemos el anfiteatro romano, construido entre los siglos III y IV d.C., después, el Ara di lerone II, un inmenso altar, el más grande del mundo griego, edificado en el S. III a.C. Al fin llegamos al monumento más famoso, el teatro griego, uno de los más grandes del mundo.




En la época romana sufrió modificaciones. Ante la desesperación de Silvia, a punto de deshidratarse, sus compis deciden recorrer el teatro de punta a punta y hacer fotos desde todos los ángulos. En la Latomía (canteras de donde se extraían los bloques de piedras para la construcción) del Paradiso nos adentramos en la Oreja de Dionisio, una gruta artificial de 65 m de longitud y 23 m de alto, con una acústica excepcional y de la que la leyenda dice que el tirano Dioniosio encerraba allí a sus enemigos para escuchar sus conversaciones desde el exterior. Después de recuperar fuerzas con el frescorcillo de la gruta, cogemos el coche hacia Ortigia, isla de 1 Km2, que forma parte de Siracusa y en la que se encuentran palacios, iglesias… Aparcamos en un parking cubierto que encontramos a la entrada. Comemos en Porticciolo. Callejeamos por la isla y disfrutamos de los edificios y las vistas del mar. Casi al final del recorrido, llegamos a la Piazza del Duomo que nos sorprende gratamente.
Es un espacio más amplio, con la catedral rodeada de palacios (el Palazzo Arcivescovile, el Palazzo del Senato, hoy Ayuntamiento, la Iglesia de Santa Lucía alla Badia y el Palazzo Benevetano del Bosco) y una escultura espectacular en el centro. Probamos una granita de mandorla (almendra) en el café de la Piazza. Es típico de aquí pero nos resulta un poco “soso”, sabe demasiado a canela pero, está fresquito y entra de cine… De camino a Ragusa, Kika hace un alarde de “macarrería” haciendo ruedas en una arrancada en cuesta. En Ragusa-Ibla (parte antigua de Ragusa) nos reciben Antonio (con un brazo escayolado) y Giovanna que nos recogen en el parking porque las calles son demasiado estrechas para subir con nuestro coche. El alojamiento es una parte de un palacete noble del pueblo, Palazzo Sortino Trono, declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Es una auténtica sorpresa. Los balcones tienen unas vistas espectaculares, la terraza de la parte superior es una delicia y las instalaciones están estupendas. Muy recomendable.



Damos un paseo hasta el lugar que nos han recomendado para la cena, la Trattoria Bettola que… promete. Al consultar la carta dudamos con la melanzane pero, la camarera se encarga de llevarnos personalmente, a la mesa, una berenjena, para que no haya dudas… Probamos el Canolo alla Ricotta (dulce típico, de forma similar al pestiño, relleno de ricotta) y también tomamos unos Penne con pistachio pesto buenísimos.

31.08.09
Desayunamos a las 08:30, en la terracita del palacio; melón, uvas, pan con mantequilla y mermelada… Resulta muy agradable. Salimos a callejear por Ragusa que conserva el irregular trazado medieval de sus calles, junto a imponentes edificios barrocos. Visitamos la basílica de San Giorgio, edificada en 1775 por Rosario Gagliardi (del que veremos muchas más obras a lo largo de nuestro recorrido). Llegamos a la Iglesia de San Giuseppe, de fachada muy similar a la anterior y después nos acercamos al Giardino Ibleo, diseñado en el S. XIX y con unas vistas estupendas. Allí encontramos las iglesias de San Giacomo, San Doménico y dei Cappuccini y nos hacemos unas cuantas fotos con el temporizador derrochando originalidad, risas y simpatía (¡Brindo por las mujeres que derrochan simpatía!).




De camino a la casa, aprovechamos para comprar quesos de la región, salami y pan para hacer unos bocatas en la playa, que era nuestro siguiente destino. Algunas avanzaron también con las compras de regalos, otras… no terminábamos de decidirnos. Silvia no daba crédito… ¡habíamos conseguido ver una ciudad con “la fresca”!
Salimos camino de la reserva de Vendicari , espacio protegido entre Noto y Pachino, con las sombrillas a cuestas, era fundamental protegerse del sol… Kika, que había disfrutado un montón de la visita a Ragusa, decide repetir y, después de haber avanzado unos cuantos kilómetros, nos lleva de vuelta allí. ¿Cómo es posible no encontrar un huequecito para hacer una “pirula” en tantos kilómetros?. Claro, que luego nos sorprenderá con alguna otra que asustaría al más atrevido conductor siciliano… A nuestra llegada, al fin, a la reserva nos reciben negros nubarrones. ¡Ojo a nuestra puntería con el tiempo!
Llevamos una semana al borde de la deshidratación y cuando decidimos darnos un respiro e ir a la playa… ¡llueve!. En fin, al menos las sombrillas servirán para resguardarnos de la lluvia… La playa a la que accedemos no es la que nos habían recomendado, que deducimos debe ser la Moscche Spiaga pero el día no está para muchas aventuras y nos comentan que, como la playa en la que nos encontramos, debe estar llena de algas también.
Solo Kika se anima con el bañito, ¡inasequible al desaliento!. La reserva está muy bien, el entorno sí es bonito a pesar de ese olor tan característico. Después de la comida y siesta damos un paseo (Kika se había adelantado) y nos asomamos a los pantanos y a una antigua fábrica (¿conservera?) de atún. Empiezan a caer algunos goterones y decidimos salir hacia Noto. Comenzamos el recorrido por la parte baja, menos cuidada, pero enseguida llegamos a la calle Vittorio Emanuele (¡todos los pueblos/ciudades tienen un Corso Umberto y un Corso Vittorio Emanuele) en la que encontramos gran cantidad de palacios e iglesias. Nos tomamos una granita de limón en el Café del Teatro, con una vista estupenda de la catedral, con su gran fachada de dos torres y su amplia escalinata triple, terminada en 1770, siguiendo el proyecto de Gagliardi. Al terminar, nos acercamos a visitarla. Subimos la escalinata coincidiendo con la puesta de sol, el cielo va cambiando de color, aparecen los tonos rosados, anaranjados… y vemos como, a nuestro alrededor, los muros de las iglesias y los palacetes también van cambiando de tonalidad.
De vuelta a Ragusa cenamos en Ai Lumi (camareras chinas) y lo que tomamos está rico pero es algo escaso así que, rematamos con un heladito que nos vamos tomando por el camino.

01.09.09
Desayunamos a las 08:30 y salimos con las maletas a las 10:00. Nuestra primera parada de hoy es Módica. Siguiendo la lógica de Kika y Bea, vamos a Módica Alta (sobre la roca) pero, ¿qué era lo que había que ver?... ¡Módica Bassa (sobre el valle)!. Vemos la iglesia de San Giorgio que nos recuerda un montón a la de Ragusa. Callejeamos y nos encontramos un buen número de iglesias y palacios barrocos. La catedral y la Iglesia de San Pietro son los más impresionantes. Tomamos una granita de limón y salimos hacia Scicli. Llegamos al a plaza del Ayuntamiento donde vemos una terracita estupenda para comer pero, a sugerencia de Silvia, vamos a ver alguna de las iglesias para evitar las subidas y el calorazo después de la comida y, a la vuelta… ¡no hay sitio en la terraza! Todas las miradas se dirigen a la culpable que es “fulminada”. Al final conseguimos hacernos un hueco y comemos. El sitio, Millenium, es muy recomendable, la comida es estupenda y, el servicio, también.




Cogemos el coche hacia Val di Kam (Sant Angelo de Muxaro), donde se encuentra nuestra próxima casa. Es un viaje largo, de más de dos horas y media. A la entrada nos localiza la pareja de madrileños con la que coincidimos en nuestro primer alojamiento y que nos lleva algo de ventaja. Nos recibe Rosalinda y nos lleva a casa de María (bueno, en realidad nos lleva Bea por unas callejuelas “endemoniadas” con pendientes impresionantes y giros de 90º en calles bien estrechas). Es una casa de pueblo con tres habitaciones y dos cuartos de baño (¿o son pistas de baile?). Es la que menos encanto tiene por el momento… Siguiendo la recomendación de Rosalinda, vamos a cenar a la Pizzería Eden, con horno de piedra, y no nos arrepentimos; buena comida y buen precio.

02.09.09
¡Conseguimos salir a las 09:00! A pesar de los intentos de Kika por llegar a la zona de ruinas a partir de las 12:00, dándonos vueltas y más vueltas… conseguimos acceder al Valle de los Templos a las 10:30. Están construidos con la piedra calcárea local de color amarillo, son todos de estilo dórico. La zona arqueológica está dividida en dos por la carretera que sube hacia la ciudad moderna. La parte que más nos gusta es la alta, allí nos encontramos con el templo de Hera Lacinia (S. V a.C.), cerca de éste se sitúa el templo de la Concordia (símbolo del valle), también del S.V a.C., es uno de los templos mejor conservados gracias a que fue convertido en iglesia en el S. VI d.C. y restaurado posteriormente, en el S. XVIII, para recuperar su aspecto original.





A continuación llegamos al templo más antiguo de la zona, el de Heracles y cerca de éste se halla una necrópolis paleocristiana. Al otro lado de la carretera vemos el templo de Zeus Olímpico (S. V a.C.), su estructura estaba sostenida por columnas de 17 m y unos gigantes de piedra, de 11 m de altura, llamados telamones (vemos la reproducción de uno de ellos). A lo lejos divisamos el templo dei Dioscuri y nos saltamos el museo… Existe la posibilidad de visitar los templos por la noche, a partir de las 19:30, y realmente puede ser una opción recomendable por la temperatura, puesta de sol y la posibilidad de ver los templos iluminados.
Salimos hacia la playa de Eraclea Minoa, que era la que nos habían recomendado para un buen baño y... ¡al fin, encontramos arena!. No hay demasiada gente, las vistas son estupendas, detrás hay un pinar y apenas hay algas en el mar. Nos pegamos un bañito fantástico y comemos en un chiringuito que había allí mismo.
Cogemos carretera y, después de unas cuantas vueltas a rotondas varias (¡qué manía!), llegamos a Scala dei Turchi. ¿Qué voy a contar de Scala dei Turchi que no esté en las fotos? ¡Nada! Las tenemos de frente, de perfil, de espaldas, contraluz, con puesta de sol, tumbadas, sentadas, por parejas, tríos, cuartetos, posando, espontáneas… En fin, un book completo para cada una. Después de un bañito en la playa, volvemos a las “gradas” para ver la puesta de sol.

03.09.09
¡Sorprendente! Conseguimos estar listas 15 minutos antes de la hora de salida… Cargamos el coche y salimos hacia la zona de Trapani y, callejeando con el coche, volvemos a recordar una de las frases favoritas de las conductoras: “Pero, ¿por aquí caben dos?” (En algún momento hemos visto adelantamientos convirtiendo una carretera de dos carriles en tres).
Decidimos ir por el interior porque, a lo largo del viaje, nos hemos movido más por costa. Llegamos a Santo Stefano de Quisquina y subimos al Santuario de Santa Rosalía, explorando también en la gruta en la que durante unos años vivió la santa. Seguimos ruta hasta Prizzi donde nos equivocamos y visitamos la parte más nueva. Al salir vemos en la montaña dos estampas diferentes y caemos en la cuenta del error. Otra vez será… Llegamos a Palazzo Adriano, escenario de algunas de las escenas de Cinema Paradiso.



Hacemos un montón de fotos a la plaza en la que se encuentran “enfrentadas” dos iglesias del S. XVIII; una católica, Chiesa della Madonna del Lume y una griega, Chiesa de María S.S. Asunta. También “quemamos” con nuestras fotos la fuente octogonal situada en la misma plaza. Comemos en El Viale, “lo que la señora quiere” porque, viendo que no nos enteramos de nada y empezamos a marearle con albóndigas al punto y poco hechas, decide que nos sirve lo que a ella le parezca. Nos dejamos guiar, le dejamos que saque lo que quiera y comemos bastante bien. Continuamos camino a Corleone, buscamos a Vito y, en vista del escaso éxito, decidimos seguir hacia la casa.
La primera impresión de la casa (Case Colomga en Buseto Palizzolo) es bastante buena y, atención… ¡hemos llegado a la primera!.
Planificamos los días siguientes disfrutando de una luna llena (o falsa llena) preciosa. Cenamos en Baglio Nuevo, nos sentamos en una terracita muy agradable. Nada más sentarnos, nos sacan una jarra de vino siciliano y empiezan a sacar platos y más platos. Pensando que es un error, les decimos que no hemos pedido nada pero nos sorprenden con un “menú único” así que decidimos relajarnos y disfrutar de la cena mientras desfilan los platos de antipasto, pasta, carne (que no era pollo castrado sino cordero con “costra”, por cierto)…

04.09.09
Nos levantamos a las 08:00 para desayunar y a las 09:15 salimos para Trapani con idea de ir a Erice y Cabo de San Vito y Reserva Lo Zingaro pero, al final se reduce a las dos primeras porque disfrutamos mucho del rato allí. Antes de salir, Ana, la dueña de la casa, nos pregunta si llevamos GPS y Kika, sin dudarlo, señala a Bea y dice: “¡Ella!”
En Trapani callejeamos por la lengua que sale al mar, admirando palazzos e iglesias; La catedral, la Iglesia del Purgatorio, con los pasos de Viernes Santo, el Palazzo Senatorio… Tomamos un refresco en la cafetería de los “quesitos”, cuya decoración entusiasma a Angela, y continuamos camino al Funivía que nos llevará a Erice.
Parece la mejor opción y las vistas merecen la pena. Cuando llegamos compramos un “bono per tutto”, por 5 € que nos dará acceso a la Torre di Re Federico (campanas), que nos encanta a pesar de los 108 escalones que tenemos que subir, al Real Duomo (Iglesia Matrice, 1314, de fachada gótica y un hermoso rosetón, ambos de 1496 y con el interior reconstruido en estilo neogótico en el S. XIX), a San Martino, a San Giuliano, a San Giovanni, donde disfrutamos de las vistas, el frescor de la sombra y hacemos un montón de fotos y a Ruderi SS. Salvatore, donde vemos un nacimiento.




Después de la primera parte (torre y Duomo) vamos a comer a Monte Giuliano (recomendado en guías y casa), disfrutamos de una comida muy rica bajo la sombra de una parra y con vistas fantásticas. Probamos el cous-cous di pesce, la busiata, carpaccio de manzo y otra pasta muy rica también (17 €)
Avanzando en nuestro recorrido nos encontramos, en la parte alta de la ciudad, el Giardino del Balio y el Castello Pepoli y, junto a este, el Castelo di Venere.
Sin darnos cuenta, se ha hecho tarde así que decidimos dejar San Vito para el día siguiente o sortearlo con Marsala. Al llegar a casa y, después de haber parado a comprar unas birras y unas patatas (el vino Palate Sirah, las aceitunas y el chocolate negro los traíamos de Erice) encargamos un par de pizzas y a cenar...
05.09.09
Vamos mejorando nuestros horarios de salida. Después de un cambio de última hora en nuestros planes, vamos a Monreale para ver su catedral que, realmente, es una maravilla. Coincidimos con la llegada de una novia a la que el novio espera en la puerta. El Duomo fue fundado por el rey normando Guillermo II en el año 1174 que quiso que compitiera en grandeza y esplendor con las catedrales europeas de la época. Tiene una gran mezcla de estilos pero, lo más bonito, son los mosaicos sobre fondo dorado de estilo bizantino que datan de los S. XII y XIII, destacando el Cristo pantocrátor del ábside. Junto a la catedral se halla una abadía benedictina cuyo principal atractivo es el claustro que también visitamos. Ejemplo de arte árabe, con más de 200 columnillas y arcos ojivales, decorado con esculturas y mosaicos realizados por artesanos bizantinos. Nos hacemos también unas cuantas fotos en su fuente.
Continuamos viaje a Palermo donde aparcamos justo frente al Palazzo Reale Normanni. Caminamos hasta llegar a la Porta Nuova y seguimos por Vittorio Emanuele hasta la Catedral, construida por los normandos en 1184 sobre una antigua mezquita. La fachada principal es de estilo árabe-normando, la sur es de estilo gótico-catalán, la decoración interior y la cúpula son neoclásicas. En el interior hay dos capillas de época medieval, en una de las cuales se guarda el arca de plata con las reliquias de Santa Rosalía, patrona de la ciudad. Recorremos el corso Vittorio Emanuele y llegamos a la Via Roma, famosa por sus tiendas. Cerca de esta vía se encuentra Il Maestro Brodo que es el lugar que hemos elegido para comer. Probamos, además de otros platos, los bucatini con le sarde (muy ricos) y los camareros “flipan” viéndonos compartir una sopa para cuatro. No entienden nada y conseguimos volverles locos con un desfile de platos y cubiertos.


Después de la comida, llegamos a la Piazza Marina, cerca de la cual está la iglesia de Santa María della Catena donde se va a celebrar otra boda (¡a las 15:30!), callejeamos por el mercado Vucciria, el más famoso aunque no pasamos a buena hora, hasta llegar al Teatro Massimo. Salimos de Palermo después de atravesar algunas zonas algo “decadentes” y cogemos el coche hacia la Reserva de Lo Zingaro. Llegamos a la Tunara (¿) de Scopello, que es una playa de roca y decidimos acercarnos a otra que tiene mejor pinta para un baño aunque, finalmente, ninguna se anima (es de piedrecitas) así que nos encaminamos al Cabo de San Vito.
Intentamos cenar en Sirah (recomendado por la casa) pero tienen los dos turnos completos así que entramos en el Sea Garden y… ¡probamos el risotto, al fin! ¡Qué rico! Tomamos un helado/granita en la playa y Kika prueba el agua y está a punto de caer en la tentación y bañarse con la luna.
Estamos agotadas pero, bueno, la vuelta no debe llevarnos más de media hora, ¿no? Pues, ese es el tiempo aproximado que llevaban Angela y Silvia durmiendo cuando una carcajada de Kika les despierta junto con un anuncio: “Estamos en el cementerio”. En fin, lo que está claro es que no sabemos dónde estamos y empezamos a probar… “Por aquí ya hemos pasado”, “Por aquí también”, “A Trapani”, “No, preguntemos a los carabinieri, ¿dónde estaban?”. Total, que llegamos a casa en un tiempo record de dos horas pero… ¡llegamos!

06.09.09
¡Ufff, qué mal rollito, es nuestro último día! Tenemos dos planes alternativos: Selinunte o playa si nos dejan quedarnos en la casa hasta las 15:00 para poder pegarnos una ducha. Como finalmente nos dejan una habitación hasta esa hora y estamos deseando pegarnos un buen baño en una playa en condiciones, decidimos preguntar por alguna y nos dirigen hacia la playa Cornino. Cuando llegamos no nos convence mucho y decidimos ir a la de San Vito, que nos había parecido estupenda. Efectivamente, tiene mucha gente pero es de arena, no hay algas y el agua está buenísima. Para rematar la mañana de playa, bajamos unos helados/granitas que entran fenomenal. Vuelta a la casa, con tiempo, no nos vaya a pasar lo de la noche anterior y… conseguimos salir a las 14:45 camino del aeropuerto. Milagrosamente hemos conseguido cerrar nuestras maletas aunque también es cierto que hemos dejado unas cuantas compras para el aeropuerto. Cuando llegamos preguntamos por una gasolinera y nos envían a una en la que no puedes llenar el coche, tienes que ir poniendo los importes hasta acertar con el lleno porque no devuelve cambio.
Una vez devuelto el coche (¿nos harán pagar un plus por lo “guarrete” que lo devolvemos?), vamos al mostrador de Europcar para reclamar el tema del depósito (que nos entregaron a la mitad) y nos dicen que “es cierto, pero hay que reclamarlo a través de Roma, vía teléfono o fax”… En fin, como dice Angela: “De todo se aprende, chicas”.
Nos damos cuenta de que hemos llegado demasiado pronto y no nos dejan facturar hasta dos horas antes así que decidimos ir a comer tranquilamente. Cuando por fin facturamos, empezamos con las compras y arrasamos con los chocolates, pastas, frutos secos, vino… ¡Ahora sí que pesa la mochila de Kika!.
Al llegar y con una temperatura de 27º a las 23:00 de la noche, Bea dice: “Chicas, ¡hace fresquito!” , provocando la carcajada del comandante y azafata que estaban despidiéndonos.
Nos quedamos con pena de no haber visto el centro (Enna y Piazza Armerina), Selinunte… y de no haber tenido tiempo para ver algunas cosas un poco más despacio.
Y ante todo destacar la amabilidad de la gente de Sicilia y agradecer a Boris toda la organización del viaje, que ha contribuido para que este sea perfecto.


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9 días a Sicilia...intensos (Agosto 2009)

Articulo escrito por Maite Pi

Llegamos al aeropuerto de Catania el 16 de agosto por la tarde, recogimos el coche, ¡nuevo, con solo 1017 Km! y nos dirigimos a Ragalna siguiendo las indicaciones. Llegamos sin problemas a Sciaraviva. Como era tarde, pedimos consejo para cenar y nos orientaron muy bien. Cenamos en Nicolosi en un patio. Al día siguiente visitamos Taormina, pero para ir hasta allí seguimos una carretera que bordeaba el Etna. ¡Era impresionante ver las montañas de lava sólida al borde de la misma! Dejamos el coche en un parquing al pie del funicular que sube hasta Taormina y subimos. Estaba lleno de gente y hacía calor, pero la ciudad nos impresionó por su belleza y sus vistas. Paseamos hasta la hora de comer y comimos en una terraza-patio frente a la puerta de Catania. Después nos tomamos un café en el Wünderbar, nos clavaron más de lo que esperábamos, pero bueno, tiene su qué. A continuación visitamos el teatro griego, es impresionante por sus vistas, es fácil imaginarse las representaciones que se hacían (y creo que aun se hacen) en ese magnífico "decorado".










Nos fuimos un rato a la playa, que por cierto estaba llena de hamacas y apenas había espacio para extender una toalla, pero nos pudimos refrescar, y a continuación subimos hasta Castelmola donde probamos el vino de almendras que definiría como peculiar.
En el camino de vuelta cenamos en una pizzeria de Acireale.

Al día siguiente, uno de los platos fuertes, la subida al Etna. Llegamos hasta arriba, a los casi 3.000 metros. Es sorprendente y el paisaje nos cautivó, las piedras negras, los cráteres, el humo... Aparentemente estaba tranquilo, pero da la sensación de que se puede despertar en cualquier momento. Impacta el refugio inundado de lava de una de las últimas erupciones fuertes, ahora no recuerdo si la del 2001 o la del 2002.

Cuando bajamos fuimos hasta el camino de la espalda del asno por el que subimos andando hasta ver el valle del Bove a nuestros pies. Es una vista impresionante.
Por la tarde bordeamos la montaña y llegamos hasta Randazzo.
Al día siguiente marchamos hacia el sur. La primera etapa era Siracusa. Entrando a Ortigia hay un parquing cubierto a mano izquierda, al lado del mar, que es gratuito, y allí dejamos el coche. Visitamos el templo de Apolo y las construcciones barrocas. En primer lugar llegamos a la Plaza de Arquímedes para pasar después a la Plaza del Duomo. El Duomo está construido sobre un antiguo templo dedicado a la diosa Atenea y conserva sus columnas y algunos restos.
Llegamos hasta el mar y vimos la fuente Aretusa, una de las señales que hicieron que se fundara allí la ciudad. Después de comer fuimos a visitar las Latomias, el teatro griego y el resto de construcciones de Neapolis. Por cierto hay una parte cerrada y después de la cueva de los cordeleros no se puede avanzar más. A esta cueva tampoco se puede entrar, sólo es posible acceder a la oreja de Dioniso.

Continuando camino hacía Ragusa, nos paramos en Noto donde paseamos por las dos calles en las que se concentran las construcciones barrocas más importantes.
Una vez llegamos a Ragusa Ibla nos vinieron a buscar al aparcamiento para llevarnos a la casa Al Sakali. Nos instalamos y fuimos a cenar. Fue sorprendente entrar a la plaza del Duomo y contemplarlo. Es imponente en la parte de arriba de la plaza iluminado… Sicilia nos iba seduciendo cada vez más.

Al día siguiente, mientras tomábamos el desayuno en la terraza, Antonio nos orientó sobre posibles rutas, la verdad es que con muy buen criterio. Aquel día visitamos Ragusa Ibla y Ragusa y a la hora de comer decidimos ir hasta la Marina de Ragusa y Punta Seca, una es un poco mitómana y quería ver la “casa de Montalbano” al lado del mar, además de otros escenarios de las novelas de Camilleri. Después de pasear por la zona nos fuimos hasta la playa de Donnalucata a darnos un chapuzón y después fuimos hacia Modica donde subimos hasta la Catedral, el Duomo San Giorgio y San Pietro. No dio tiempo para más.
La mañana siguiente viajamos hasta Caltagirone, donde subimos la escalera que llega a Santa María del Monte: Cada escalón tiene un motivo cerámico diferente, resulta impresionante y también es impresionante lo que cuesta llegar hasta arriba, pero lo conseguimos. Después de visitar parcialmente la ciudad fuimos a comer a Piazza Armerina. Después de comer visitamos la Villa del Casale y admiramos sus mosaicos. Sólo se puede visitar una parte, pues están trabajando aun, pero vale la pena.
Volvimos a Ibla. Por cierto, en la plaza del Duomo hay una heladería buenísima, se llama Gelati di Vini, y hacen helado de ricotta, de violeta, jazmín, rosa, vino… ¡una pasada!
Nuestra estancia en Ragusa había finalizado y continuamos hasta Trapani, nuestra siguiente etapa. Por el camino nos paramos en el Valle de los Templos de Agrigento, otra parada que vale la pena. Seguimos camino y por la tarde volvimos a parar en Selinunte. Demasiado para un solo día, pero si no hay más días… Después pensamos que hubiera sido mejor quedarnos un día en Agrigento y al día siguiente visitar Selinunte, pues hubiéramos debido visitarlo con más tranquilidad.

Llegamos a Trapani un poco cansadas. Nos recibieron Mario y Antonella de A Lume di Candele, fue una pasada. El sitio precioso, y ellos dos son los anfitriones perfectos.
Por la mañana fuimos a Erice. Subimos con el funicular contemplando el paisaje que iba quedando abajo. Desde arriba se ven las salinas desde otra perspectiva. Erice se halla sobre una peña a 750 metros de altura. Nos adentramos por sus callejas y visitamos las iglesias y el castillo, que en realidad son dos. Vale la pena.
Despues fuimos a Segesta, donde comimos y visitamos el templo y subimos en autobús hasta el teatro. De nuevo vistas impresionantes en lugares cargados de historia.
No era demasiado tarde y decidimos seguir viajando hasta Monreale. Llegamos bien por la autopista, era domingo, pero al llegar a la ronda de Palermo no encontramos ningún cartel que indicara como llegar. Al final salimos dándonos cuenta que nos debíamos haber pasado, como realmente fue. Preguntamos y nos indicaron el camino. La catedral de Monreale merece una visita, resulta difícil de describir, con sus mosaicos dorados que recubren el techo y las paredes superiores explicando la historia sagrada. Después fuimos al claustro, justo un poco antes de que cerraran, es uno de los claustros más bellos que he visto.

A la vuelta pillamos la operación retorno del domingo por la tarde y, lo que era una avenida amplia con dos carriles por banda y un arcén se había convertido en una avenida con cuatro carriles irregulares y sin arcén. Nos pusimos detrás de otro coche y ¡tira millas! La conducción en Sicilia es curiosa, en general no corren sino que van tranquilos (ritmo isleño), pero si te paras en un stop empiezan a adelantarte coches que sacan el morro por delante de ti y van saliendo, quedándote tu allá. Ya el primer día aprendimos que hay que sacar el morro en los stops, sino, no sales. Otro tema es el de la raya continua, en una recta con buena visibilidad podemos encontrar una línea continua, o sea que no se puede adelantar, pero todo el mundo adelanta y acabas haciendo lo mismo, pues no hay peligro. No es cierto que no se paren en los semáforos, se paran igual que aquí y, una cosa curiosa, no recuerdo en qué ciudad, empezamos a pasar por un paso de cebra y un coche pasó: el de detrás le pitó y paró para que pasáramos (no somos ni jóvenes ni especialmente bellas), habitualmente se paran. Sólo un problema: Los carteles de tráfico que señalan las direcciones puede que estén en medio de carteles que anuncian hoteles, museos, empresas… o tapados por una planta bellísima, pero que se encuentra en el lugar equivocado. De todos modos es fácil moverse por la isla siguiendo las indicaciones.
De vuelta para Trapani, paramos en Scopello a cenar. Cenamos en un patio inmenso donde hay tiendas, restaurantes… y elegimos uno de ellos. Antes de cenar, con la luz del crepúsculo, paseamos un rato por el pueblo. Habrá que volver, sobretodo para visitar el Parque del Zingaro que se extiende desde Scopello hasta San Vito lo Capo. Llegamos tarde a la casa, pero había sido un día intenso.
Al día siguiente decidimos tomarlo con calma y viajamos hasta las Egades. El barco para en Favignana, para seguir hasta Levanzo donde bajamos. Fue una mañana de playa en unas aguas transparentes y, después de comer hicimos una excursión en barca, que habíamos contratado al llegar, hasta la Grotta del Genovese. Dentro hay pinturas rupestres de la época paleolítica. Volvimos a una hora decente y nos fuimos a cenar a Trapani. Al día siguiente yo debía levantarme a las 4:15 para viajar hasta Roma donde tenía que llegar por la mañana. Las vacaciones habían terminado. Mario y Antonella se levantaron para prepararnos un café antes de marchar y despedirse, eso no se paga con dinero, les estaremos eternamente agradecidas. Mi amiga me acompañó al aeropuerto y volvió. Se quedó hasta la tarde y visitó Trapani y Marsala.
Fueron 9 días intensos, quizá demasiado, pero valieron la pena. La verdad es que ha sido como un aperitivo, ahora tocaría volver con más tranquilidad y no pretender abarcar tanto, sino conocer más a fondo una parte, sin prisas y disfrutando de la hospitalidad de sus habitantes que, en todo momento se ponen a tu disposición. En este sentido no tuvimos ningún problema.


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Viajes de Septiembre

Articulo escrito por Reyes Gonzales

Bueno, intentaré hacer un resumen de nuestra semana en Sicilia (va a ser difícil por la cantidad de anécdotas para contar, pero intentaré resumir lo más posible). Llegamos al aeropuerto de Catania el jueves día 17 de septiembre, poco antes de las 10,00 de la mañana y ya tuvimos un pequeño problema con el coche: nos dijeron que había sido cancelado el alquiler, por lo que llamamos a Barcelona y pudimos salir del aeropuerto sobre las 11,00 de la mañana.


Nos habíamos marcado un itinerario “imposible”, y queríamos ir a Enna, con lo que, intentando buscar la autopista para Palermo (craso error, hay que coger los indicativos hacia Messina y después cambiar de sentido) perdimos alrededor de 1 hora dando vueltas por Catania. Por fin llegamos a Enna, de allí nos fuimos a Caltanisseta y ya no pudimos ver nada mas, eran las 17,00 de la tarde, con lo que nos dirigimos hacia Santa Venerina (al Pippinito). Un desastre, nos perdimos y tuvimos que quedar con Cesare en el cementerio, por que no encontrábamos la casa
(nos reímos muchísimo de esta deprimente quedada...). Al día siguiente nos fuimos al Etna
(Zafferana Etnea, subida al Refugio Sapienza y subida en funivia): IMPRESIONANTE, nos
encantó. Bajamos y fuimos a Taormina, pasamos en coche por Letojanni (no teníamos tiempo para pararnos) y Giardini Naxos, y tiramos para Catania. Así como Taormina y alrededores nos
encanto, Catania no nos gusto (nos costo entrar, encontrar sitio donde aparcar y comprar el
ticket del parking toda una odisea, nos pareció una ciudad sucia, descuidada...); cogimos el coche y tiramos para Aci Castello, Aci Trezza y Acireale, en donde cenamos frente al Duomo:
ALUCINANTE. El sábado en la bajada para Ragusa Ibla, fuimos por Piazza Armerina (Villa del
Casale y Villa delle Meraviglie), Morgantina y Caltagirone (subí los 142 escalones), para tirar ya
para Ibla. No tenemos palabras para este pueblo maravilloso: cenamos en La Bettola (y como
cenamos: unos spaguetti al cartoccio..., ensalada y canoli...) muy muy bien, el Duomo nos dejo
impresionadas, y eso que el día que llegamos, llovía,...(tenemos que decir que en todas las casas
de agriturismo el trato fue excelente, los desayunos buenísimos, sobre todo en el Pippinito, y
que tanto Cesare, como Antonio, como Franco, amabilísimos, nos ayudaban a la hora de seguir
rutas, recomendarnos sitios donde comer, que ver,...). El domingo nos fuimos a Módica, Noto y
Siracusa-Ortigia. Los balcones barrocos de las dos primeras: IMPRESIONANTES.






Lunes 21 de septiembre, nos fuimos a Agrigento y allí nos explicaron como llegar a la Scala dei Turchi, que
nos había recomendado Antonio en Ibla (en donde coincidimos con 2 parejas de españoles que
venían de la zona de Trapani-Palermo), y, teniendo en cuenta que nos estábamos asando de calor y que no habíamos pisado la playa desde que habíamos llegado a Sicilia, nos apetecía muchísimo. Fue impresionante verla, recorrerla...indescriptible, aunque nada mas llegar se empezó a encapotar el día...con lo que después del paseo por la playa y por la Scala, tiramos para Selinunte y Fulgatore. Después de una ducha nos fuimos a Trapani. Hay que decir que los pueblos sicilianos (todos) no son pueblos (al menos como en Galicia), son villas, enormes; aparcas el coche en el centro, o lo que tú supones que es el centro, y resulta que estás como a 2 km de todo...(esta fue la tónica general en todo el viaje, porque no hay, o al menos nosotras no encontramos, circunvalaciones, con lo que tienes que entrar en el pueblo, te dirigirte al “centro”, y ya te has perdido, no encuentras donde aparcar, la policía se lleva los coches(nosotras vimos muchísima policía), no encuentras la salida, ...total, que te pierdes fijo, lo quieras o no), con lo que vuelves a buscar el coche, lo mueves, y otra vez a buscar donde aparcar. Como queríamos controlar el tiempo que nos llevaría llegar al aeropuerto de Punta Raisi, fuimos el martes, y aprovechamos para ver Palermo. Sí, entramos en Palermo después de 2 horas que fue lo que nos llevo desde el aeropuerto. HORRIBLE; lo sé, nos lo dijisteis pero todo lo que os pueda decir al respecto, no sirve de nada si no lo vives: carriles cortados en la autopista por las inundaciones, con el consiguiente embotellamiento elevado al cubo, si a esto le sumas que todos los coches se te echan encima (me harte de pitar y pitar....a coches,motos, camiones, atacaban por todas partes; pero, yo, que soy muy cabezota, no me dejaba amilanar, de hecho, si llego a estar unos días mas en Sicilia, ya conduzco como ellos..), y cuando ya nos dábamos por vencidas (no había donde aparcar), llegamos a la Piazza de la Vittoria, donde nos cascaron 15 euros por aparcar el coche (pagábamos lo que fuera con tal de estirar las piernas, empezaba a tener un tirón en la pierna izda. de tanto pisar el embrague... ) y aquí lo vimos todo: la IMPRESIONANTE Cappella Palatina, San Cataldo, Quatro Canti, Fontana Pretoria, Chiesa del Carmine, San Giovanni degli Eremiti, mercado Ballaro,...y a medio día tiramos para Monreale para ver la alucinante Catedral. La vuelta volvió a ser horrible, al atasco de Palermo tuvimos que sumarle la lluvia, y a esto, que intentando encontrar un atajo inexistente para poder salir de allí, nos perdimos,...Volvimos a Fulgatore por Castellmare del Golfo, precioso pueblecito marinero. El
miércoles, nuestro ultimo día en Sicilia, nos fuimos a la preciosa Erice, había niebla con lo que las vistas no eran las mejores, pero nos encantó (subimos con el coche, por que era muy temprano cuando fuimos y estaba ventilado), y luego bajamos a Trapani, en donde ya comenzó a llover y tiramos para Mozia en busca de la bodega que nos habías recomendado (y que no encontramos), pero cada vez llovía más (diluviaba), con lo que, después de fotografiar las salinas (ya que estábamos allí), volvimos a “calarnos” a Trapani en busca de las últimas compras. Teníamos la intención ese día, de darnos un baño en las termas de Segesta, IMPOSIBLE, la tormenta que empezó a caer fue tremenda (rayos y truenos por todas partes, la tormenta daba vueltas sobre nuestras cabezas, caía el agua a cubos,...impresionante) de tal forma que volvimos a Don Carlo y sobre las 19,00 salimos a cenar (aquello se iba poniendo cada vez peor...) al Voltaggio un par de Canolis gigantes: no fuimos capaces de terminarlos, estaban buenísimos. Y al día siguiente, al aeropuerto y vuelta a casa. En resumidas cuentas, teníamos un itinerario según el cual íbamos a hacer 2.276 km, aproximadamente, y, dejándonos un montón de sitios a los que nos fue imposible llegar (y mira que madrugábamos...), o que no pudimos ver por el temporal, hicimos 1.832km, pero, nos reímos tanto perdiéndonos, hubo sitios que nos dejaron alucinadas, comimos genial y desayunábamos mejor,todos los días llevábamos los bañadores en el coche por si acaso,...es decir, nos lo pasamos muy bien, aunque el último día estábamos un poco preocupadas por el temporal (nada comparable con lo que ha pasado hace unos días)...,eso si,corriendo para todas partes, con un montón de anécdotas graciosas. Los sicilianos, gente muy amable y encantadora, se deshacen por entenderte y ayudarte (siempre que nos perdíamos, es decir, siempre, preguntábamos a la gente y nos indicaban por donde ir,...) pero, en cuanto a la forma de conducir, quisiera romper una lanza a favor de ellos:como Ourensana y gallega, estoy acostumbrada a las carreteras con curvas (muchas curvas, a lo mejor no tantas, pero nos llegan), me encanta conducir (a mí me relaja, porque me gusta), de hecho se podría decir que aprendí a conducir este tipo de carreteras(hoy en día tenemos autovias, pero hace 15 años no), la diferencia es que no solemos adelantar en línea continua..., pero esta es una costumbre de otros países, de hecho en Portugal conducen de forma muy similar, por eso a los gallegos(o al menos a mí), no nos llama tanto la atención; y al mismo tiempo, son muy atentos y educados en la carretera cediéndote el paso cuando estas adelantando y viene otro de frente, algo que es de destacar. En Palermo es otra cosa, no estoy acostumbrada a conducir en grandes ciudades y de hecho no me gusta (por los atascos, perdida de tiempo,...) ya que Ourense es una ciudad pequeña y vas a todas partes andando, por eso fue peor de lo que me esperaba en el sentido de caótico y perdida de tiempo (te vas de vacaciones y siempre dices que te vas a relajar pero te resulta imposible, siempre lo quieres ver todo, y los atascos me dan esa sensación de perdida de un tiempo del que no dispones...me pone enferma). Por eso queremos daros las gracias por habernos dado la oportunidad de conocer vuestra tierra y vuestras gentes. Nos gustaría volver, más adelante, y poder ver todo lo que se nos quedó en el tintero, como las islas, pasar mas tiempo en Taormina,...como muestra y ejemplo, nos encantó. Muchas gracias.
Os adjunto algunas fotos, sobre todo de la Scala dei Turchi que nos entusiasmó.




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Descurbriendo Sicilia

Articulo escrito por Esteban Valdés y Cristina Bañó

Aunque el viaje era de 10 días, la verdad es que de acuerdo a los vuelos, hay un par de días que no se pueden aprovechar bien. El primero, porque el tema de traslados internos en el aeropuerto y la recogida del coche (Fiat Panda) no acabó hasta las 14,30h. De otro lado el último día prácticamente no sirve de gran cosa, porque a pesar de estar cerca del aeropuerto (desde Fulgatore) el saber cómo va la burocracia hace que debas llegar con tiempo para la entrega de coche, etc. Y la salida es al mediodía.



En resumen que algún día adicional nos hubiera venido bien. Por supuesto que Sicilia tiene tanto que ver (si la quieres ver medianamente bien y disfrutar de algo de calma para relajarte o bañarte, 15 días sería lo más correcto como vosotros dijisteis. Pero eso normalmente será complicado para mucha gente. El resultado es que ha sido algo un poco cansado, pues 2000 km es esos días se hace un poco duro. Sobre todo si como en nuestro caso nos gustan la Historia y las “piedras” y preferimos ver cosas antes que ir a la playa o estar en plan descando. Únicas desilusiones: no poder ver el teatro griego de Taormina, ya que llegamos justo cuando cerraban (18,30h) en función de la puesta del sol y no poder visitar Pantálica que era uno de mis objetivos (quedaba fuera del circuito que me había propuesto y era ya una paliza de coche).

Dicho todo esto, debo decir que nos lo hemos pasado muy bien. Cansados, pero felices de lo que hemos visto. La gente, la comida, el entorno mediterráneo, nos han hecho sentir como si estuviéramos en casa. Por supuesto también los alojamientos, que han satisfecho totalmente nuestros deseos. Han sido todos muy cómodos y con excelentes servicios (superiores en La Muraglia y en Di Carlo). Del entorno tranquilo de Sciaraviva y la amabilidad de Virginia y Mario, pasado por la simpatía y la ilusión en su trabajo de Gisela y su marido (además un poco de televisión en la habitación tampoco va mal para seguir conociendo el idioma), hasta el rincón de Fulgatore,(Di Carlo) quizás el más tranquilo para nosotros porque era la parte más relajada de nuestro viaje y pudimos aprovechar mejor la piscina. Ahí fue como estar en casa con María, persona encantadora y con Franco (en vuestra información ponía que cambiaban toallas casa día, pero eso es sólo si pagas un cargo adicional. Lo normal, igual que en los otros sitios, son 3 días)

Mis comentarios sobre lo que vivimos. En primer lugar se pasa un poco mal con tanto calor, pero es lo que hay y lo contrario sería peor. Sicilia es típicamente mediterránea. Es montañosa y el interior suele ser un poco árido en las montañas. Las zonas costeras ofrecen (al igual que algunas del centro) una visión mucho más verde. Después, que para mi ha sido como un Máster de conducción arriesgada y a veces temeraria. ¡¡Vaya manera de conducir por carreteras estrechas!!. Y no digamos callejear por ciudades como Palermo o las colas para atravesar los pueblos. Eso se nota haciendo los 2.000 km. que he comentado. Encantadora la visita a Cefalú que visité el primer día desviándome de mi viaje a Sciaraviva. Vale la pena y en mi circuito ha quedado pendiente esa parte norte de la isla. La visité sin poder comer. Es interesante comentar a los futuros viajeros que en Sicilia el horario es europeo y que a las 15h es difícil comer, en muchos sitios.

La comida, muy bien. Excelente pescado, fruta, etc, para no hablar de la típica pasta, pizzas, etc. Las personas son muy amables y se ofrecen siempre a ayudar.

El primer día hábil fuimos al Etna y caminado hasta la Valle del Bove. Un recorrido muy bonito aunque duro por el calor (una hora hasta el valle). Desgraciadamente vimos poco del valle, porque llegamos con una niebla que no nos dejó verlo en su majestuosidad. Después fuimos siguiendo la costa hasta Castelmola (extraordinarias vistas) y acabamos en el jaleo de Taormina. Muy elegante y turística, sin poder ver el teatro griego porque era tarde. Aparte del funicular desde el parking, se puede utilizar también un buen servicio gratuito de autobuses que sale asimismo del parking.

En Catania, muy interesante, aconsejo visitar inicialmente la ciudad con un tren turístico. Si no dispones de mucho tiempo es suficiente para hacerte una idea y siempre puedes volver a algún punto en concreto que te haya interesado. Si se quiere ver el famoso mercado del pescado hay que ir temprano, porque a las 9h ya está prácticamente acabado (empiezan, lógicamente, a las 7h de la mañana). Por la tarde visitamos Aci Costello, bonita zona de mar.

Camino de Santa Croce, dimos una vuelta para visitar los mosaicos de Gran Casale. Sorprendentes. Vale la pena para los que les guste la historia antigua. DesdeSanta Croce esa zona se hace accesible la visita a los núcleos del Barroco (2 días en total). Muy grata sorpresa porque no es el barroco al que estamos acostumbrados en muchos lugares de España. No es tan recargado y hay auténticas obras de arte en forma de palacios, iglesias, edificios públicos, etc. Muy interesante Scicli y Módica. En Ragusa era festivo y en la zona antigua faltaba vitalidad. Dimos la vuelta también en el tren turístico que ofrece una visión mínima y suficiente del entorno. La zona nueva, con las calles vacías a primera hora de la tarde, la vimos en el coche. Por fin un sitio que podía ir sin presión!!. Era lógico ya que era Domingo.

Debo comentar que para nosotros la gran sorpresa y la que nos ha impactado más ha sido Noto. Si la han llamado el “jardin de piedra” creo que han acertado. Muy cómoda para caminar y con edificios muy bellos. Lo mismo que la isla Ortigia en Siracusa. Espectacular para mi el teatro griego.

La reserva natural de Vendicari, interesante, fue una pena porque no íbamos preparados con el bañador. Por eso decidimos a la vuelta al hotel ir a bañarnos por única y exclusiva ocasión a la playa, al anochecer, en Punta Secca.

El desplazamiento de la última etapa desde Santa Croce a Fulgatore fue mucho mejor de lo esperado. Eran 300km, pero llegamos al Valle de los Templos a media mañana. Realmente con una parada aproximada de 1 hora es suficiente, lo que me permitió llegar a comer a Selinunte (muy bonita playa y entorno) y poder disfrutar de los emplazamiento griegos de allí. Eso facilitó llegar a Di Carlo a muy buena hora e incluso poder bañarnos en la piscina.

La visita a Segesta fue el punto final y fascinante a mi deseo de ver los restos grecorromanos de Sicilia. Hay que ver siempre el templo y además la zona más alejada del Ágora y el Teatro. Fuimos a Érice, pudiendo acceder por el funicular. Estoy de acuerdo que es mucho más cómodo y espectacular que subir con el coche. Vale la pena visitar Erice. En Trápani me sorprendió la parte antigua con unos edificios barrocos y palacios (en vía Garibaldi) extraordinarios. La vuelta final continuó por las Salinas y el paseo en coche por Marsala.

La excursión a Palermo, interesante. Excelente experiencia de conducir en el caos más absoluto. Que manía de poner la mayoría de señales (pequeñas) justo cuando se produce el desvío. Se pasa mal buscando las direcciones y los desvíos y al mismo tiempo tratar de conducir entre el enjambre de motos, coches que meten el morro, amigos que se paran a charlar en mitad de la calle y paran la circulación, etc, etc. Aconsejo visitar la iglesia llamada de la Martorana. (Santa Maria dell’Ammiraglio) aparte de los sitios típicos y conocidos. Y por supuesto el Duomo de Monreale. Es una iglesia maravillosa y sorprendente.

Camino del aeropuerto el último día pude visitar Castellamare del Golfo y otros pueblos de esa parte de la costa con playas grandes y bien cuidadas.

Como aspectos negativos, sólo resaltar el tema de la suciedad. Palermo es sucia, pero además es normal viajando por las carreteras ver las bolsas de basura y otros enseres tirados por los rincones, algo que sorprende inicialmente cuando llegas a muchos pueblos y algunas ciudades de tipo medio.



El recuerdo queda con nosotros para siempre. Y siempre recordaremos Sicilia como uno de nuestros mejores viajes.


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Sicilia, lugar donde regresar...pronto

Breve diario de viaje a Sicilia de María Martín, Marta Echaves y Eduardo Becerra

El viaje a Sicilia que hicimos entre el 18 y el 28 de julio colmó todas nuestras expectativas. Lo primero que queremos destacar es la comodidad de la que disfrutamos gracias a la planificación de Boris, en cuanto a los alojamientos, alquiler de coche e indicaciones sobre las actividades más interesantes a realizar en cada una de las zonas en que estuvimos.


Nuestra primera parada fue en Fondo Cipollate, un lugar magnífico en el que no nos hubiera importado quedarnos muchos más días. En medio del campo, con piscina y unas magníficas habitaciones, y sobre todo con la excelente atención de Gabriella. Desde allí visitamos Taormina y el Etna, dos lugares inolvidables.
Tras esa parada, fuimos a Ragusa Ibla, donde nos alojamos en un antiguo palacio en pleno centro histórico de la ciudad realmente bonito y donde también disfrutamos de la hospitalidad de Antonio y su mujer, ahora no recordamos el nombre, excelentes y muy atentos anfitriones. Nos encantó la ciudad y la disfrutamos todo el tiempo que estuvimos allí, sobre todo de los paseos por la noche por la parte antigua. El ambiente en las calles, los rincones y monumentos y los restaurantes en las bellas plazas de la ciudad nos hicieron disfrutar mucho. Además, la visita desde Ragusa Ibla a Siracusa y Noto, dos visitas llenas de atractivos imposibles de enumerar. Destacamos la comida en La Foglia, en Siracusa, un lugar excelente y con un anfitrión my divertido.





La siguiente escala fue en San Angelo de Muxaro, una casa con magníficas vistas (un poco ruidosa, eso sí, por la cercanía de la carretera). Allí nos tocó disfrutar de la hospitalidad de Piero, atento siempre (los desayunos que nos daba eran espectaculares) y que incluso nos ofreció, y aceptamos encantados, cenar en una casa particular del pueblo: una cena muy buena y pantagruélica, hecha toda con productos frescos de la huerta de la anfitriona. Total, más de cinco platos más postre y amenaza de indigestión. Visitamos desde allí el Valle de los Templos, un conjunto monumental impresionante, y la playa de la Scala dei Turchi, muy llamativa con sus terrazas de arcilla blanca.
De camino a la última casa, paramos en Selinunte, otro conjunto monumental, y en el Teatro Griego de Segesta, impresionante por su buena conservación y por su ubicación, con una parada intermedia en la playa. Llegados al último alojamiento, Case Colomba, donde Ana y Fabio nos trataron de maravilla, visitamos Palermo, buscando los rastros del Padrino III, en medio de los paseos y visitas a sus muchos y variados monumentos, la catedral bizantina de Monreale, una verdadera joya, y Erice, una sorprendente ciudad en la montaña que nos recibió con niebla, tras haber estado media hora antes bañándonos en la playa a escasos veinte kilómetros.
Sicilia es una isla que para verla bien se hacen necesarios muchos más días, pero creo que la disfrutamos lo suficiente para que tengamos muchas ganas de volver. La comida, el paisaje y la gente son inolvidables. Será pronto cuando regresemos, seguro.


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