Breve diario de viaje a Sicilia de María Martín, Marta Echaves y Eduardo Becerra
El viaje a Sicilia que hicimos entre el 18 y el 28 de julio colmó todas nuestras expectativas. Lo primero que queremos destacar es la comodidad de la que disfrutamos gracias a la planificación de Boris, en cuanto a los alojamientos, alquiler de coche e indicaciones sobre las actividades más interesantes a realizar en cada una de las zonas en que estuvimos.

Nuestra primera parada fue en Fondo Cipollate, un lugar magnífico en el que no nos hubiera importado quedarnos muchos más días. En medio del campo, con piscina y unas magníficas habitaciones, y sobre todo con la excelente atención de Gabriella. Desde allí visitamos Taormina y el Etna, dos lugares inolvidables.
Tras esa parada, fuimos a Ragusa Ibla, donde nos alojamos en un antiguo palacio en pleno centro histórico de la ciudad realmente bonito y donde también disfrutamos de la hospitalidad de Antonio y su mujer, ahora no recordamos el nombre, excelentes y muy atentos anfitriones. Nos encantó la ciudad y la disfrutamos todo el tiempo que estuvimos allí, sobre todo de los paseos por la noche por la parte antigua. El ambiente en las calles, los rincones y monumentos y los restaurantes en las bellas plazas de la ciudad nos hicieron disfrutar mucho. Además, la visita desde Ragusa Ibla a Siracusa y Noto, dos visitas llenas de atractivos imposibles de enumerar. Destacamos la comida en La Foglia, en Siracusa, un lugar excelente y con un anfitrión my divertido.



La siguiente escala fue en San Angelo de Muxaro, una casa con magníficas vistas (un poco ruidosa, eso sí, por la cercanía de la carretera). Allí nos tocó disfrutar de la hospitalidad de Piero, atento siempre (los desayunos que nos daba eran espectaculares) y que incluso nos ofreció, y aceptamos encantados, cenar en una casa particular del pueblo: una cena muy buena y pantagruélica, hecha toda con productos frescos de la huerta de la anfitriona. Total, más de cinco platos más postre y amenaza de indigestión. Visitamos desde allí el Valle de los Templos, un conjunto monumental impresionante, y la playa de la Scala dei Turchi, muy llamativa con sus terrazas de arcilla blanca.
De camino a la última casa, paramos en Selinunte, otro conjunto monumental, y en el Teatro Griego de Segesta, impresionante por su buena conservación y por su ubicación, con una parada intermedia en la playa. Llegados al último alojamiento, Case Colomba, donde Ana y Fabio nos trataron de maravilla, visitamos Palermo, buscando los rastros del Padrino III, en medio de los paseos y visitas a sus muchos y variados monumentos, la catedral bizantina de Monreale, una verdadera joya, y Erice, una sorprendente ciudad en la montaña que nos recibió con niebla, tras haber estado media hora antes bañándonos en la playa a escasos veinte kilómetros.
Sicilia es una isla que para verla bien se hacen necesarios muchos más días, pero creo que la disfrutamos lo suficiente para que tengamos muchas ganas de volver. La comida, el paisaje y la gente son inolvidables. Será pronto cuando regresemos, seguro.
El viaje a Sicilia que hicimos entre el 18 y el 28 de julio colmó todas nuestras expectativas. Lo primero que queremos destacar es la comodidad de la que disfrutamos gracias a la planificación de Boris, en cuanto a los alojamientos, alquiler de coche e indicaciones sobre las actividades más interesantes a realizar en cada una de las zonas en que estuvimos.

Nuestra primera parada fue en Fondo Cipollate, un lugar magnífico en el que no nos hubiera importado quedarnos muchos más días. En medio del campo, con piscina y unas magníficas habitaciones, y sobre todo con la excelente atención de Gabriella. Desde allí visitamos Taormina y el Etna, dos lugares inolvidables.
Tras esa parada, fuimos a Ragusa Ibla, donde nos alojamos en un antiguo palacio en pleno centro histórico de la ciudad realmente bonito y donde también disfrutamos de la hospitalidad de Antonio y su mujer, ahora no recordamos el nombre, excelentes y muy atentos anfitriones. Nos encantó la ciudad y la disfrutamos todo el tiempo que estuvimos allí, sobre todo de los paseos por la noche por la parte antigua. El ambiente en las calles, los rincones y monumentos y los restaurantes en las bellas plazas de la ciudad nos hicieron disfrutar mucho. Además, la visita desde Ragusa Ibla a Siracusa y Noto, dos visitas llenas de atractivos imposibles de enumerar. Destacamos la comida en La Foglia, en Siracusa, un lugar excelente y con un anfitrión my divertido.



La siguiente escala fue en San Angelo de Muxaro, una casa con magníficas vistas (un poco ruidosa, eso sí, por la cercanía de la carretera). Allí nos tocó disfrutar de la hospitalidad de Piero, atento siempre (los desayunos que nos daba eran espectaculares) y que incluso nos ofreció, y aceptamos encantados, cenar en una casa particular del pueblo: una cena muy buena y pantagruélica, hecha toda con productos frescos de la huerta de la anfitriona. Total, más de cinco platos más postre y amenaza de indigestión. Visitamos desde allí el Valle de los Templos, un conjunto monumental impresionante, y la playa de la Scala dei Turchi, muy llamativa con sus terrazas de arcilla blanca.
De camino a la última casa, paramos en Selinunte, otro conjunto monumental, y en el Teatro Griego de Segesta, impresionante por su buena conservación y por su ubicación, con una parada intermedia en la playa. Llegados al último alojamiento, Case Colomba, donde Ana y Fabio nos trataron de maravilla, visitamos Palermo, buscando los rastros del Padrino III, en medio de los paseos y visitas a sus muchos y variados monumentos, la catedral bizantina de Monreale, una verdadera joya, y Erice, una sorprendente ciudad en la montaña que nos recibió con niebla, tras haber estado media hora antes bañándonos en la playa a escasos veinte kilómetros.
Sicilia es una isla que para verla bien se hacen necesarios muchos más días, pero creo que la disfrutamos lo suficiente para que tengamos muchas ganas de volver. La comida, el paisaje y la gente son inolvidables. Será pronto cuando regresemos, seguro.












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