Llegamos al aeropuerto de
Palermo en vuelo procedente de Barcelona, y allí mismo recogimos el
coche que durante toda nuestra estancia en la isla nos trasladaría
por ella.
Nos recibió un día
grisáceo, y un suelo mojado por la lluvia previa a nuestro
aterrizaje. Y con la guía “Sicilia” de Miguel Reyero siempre a
mano iniciamos nuestra andadura por Trinakria.
La primera parada, camino
de nuestro primer hospedaje, fue en Cefalú. Empezamos el recorrido
por este pueblecito de la costa tirrénica, haciendo un alto para
comer mientras una tormenta remojaba el pavimento sin remojarnos a
nosotros. Comimos un plato de buena pasta, y como que los nubarrones
no presagiaban nada bueno decidimos no subir hasta la Rocca durante
el paseo reglamentario por el pueblo.
Reemprendimos el viaje, y
tras una breve parada en Sto. Stefano de Camastra llegamos a Santa
Ágata di Millitello. Nos vino de maravilla el navegador (al que
habíamos programado las coordenadas de las casas rurales en que
íbamos a alojarnos) para plantarnos en la entrada de IL GIARDINO DI
SICILIA. Allí nos recibió Reginaldo, y el rebuznar de los burros
que están en un acotado situado entre el acceso a la finca y la zona
de huéspedes.
A la mañana siguiente el
día seguía grisáceo, pero menos. Por la noche había caído una
buena tormenta con mucho aparato eléctrico, y entre la bruma
matutina se entreveía el pueblo de Sta. Ágata, su puerto y el mar.
Desayunamos al aire libre, en una mesa preparada con el detalle de
unas florecillas recién cogidas. Y conocimos a Margherita, y como no
¡a sus super deliciosas mermeladas caseras! ¡vaya cosa más rica! A
Iñaki le chifló la mermelada de higo, y a mí la de mandarina.
En ese nuestro segundo
día del viaje decidimos, aconsejados por Reginaldo y Margherita,
dirigirnos hacia la zona interior de Madonie, por una carretera que
muestra la distinta vegetación según se va alcanzando altitud. El
orden de visitas fue Castelbuono, Petralia Soprana (Petralia Sottana
nos la saltamos por falta de tiempo), y Gangi.
Gangi
Las nubes que nos
acompañaron durante toda la jornada nos impidieron la visión del
Etna, y para ello nos tuvimos que conformar con la hermosa foto que
había en el comedor del sencillo pero agradable lugar en el que
comimos en P. Soprana, del que no recuerdo el nombre y que estaba
frente a una fuente, con sabrosa comida a la parrilla. El circuito lo
completamos pasando por Nicosia y de nuevo por Sto. Stefano. El trozo
de carretera desde Gangi hasta Nicosia nos costó bastante hacerlo,
pues actualmente la carretera está muy deteriorada y con trozos en
obras. Menos mal que el firme de dicha carretera nos obligaba a ir
despacio, porque de repente te encontrabas con trozos que cualquiera
diría que habían sufrido los efectos de un terremoto (es lo mejor
que se me ocurre para describir el estado del pavimento semi
hundido). Y encima ya había anochecido. Y además… de repente una
cabra ¡y negra para más inri! parada en medio de la calzada (¿tenía
la cabra aficiones suicidas? nosotros no la atropellamos, pero no
sabemos lo que le pasaría después si no se retiró de allí). Por la noche nuevas
tormentas, que dejaron paso a un amanecer despejado y soleado.
Tercer día de vacaciones
en el que nos dirigimos, tras el desayuno y las ricas mermeladas,
hacia Milazzo, y desde allí a las Islas Eolias.
Islas Eolias desde Vulcano
Allí cogimos el
aliscafo que tras unos tres cuartos de hora de navegación nos
trasladó hasta Vulcano. Subida hasta el cráter, desde el que hay
una buena visión de ese conjunto de islas, aunque Stromboli
justamente se adivinaba entre la bruma marina. Y desde allí otro
aliscafo que nos llevó a Lípari. Dada la hora lo primero comer, en
Trattoria D´Oro (en la guía lo indicaba como barato, pero no nos
resultó así). Recorrido por el pueblo. Un helado en Subba y al
barco. El regreso lo hicimos en vez de aliscafo en un barco grande de
transporte y carga, con breve amarre en Vulcano. Dos horas de viaje
que nos obsequió con una hermosa puesta de sol, con un horizonte
próximo en el que se perfilaban las siluetas de las islas (si no se
tiene prisa es aconsejable este lento regreso a Milazzo, por esas
magníficas y sosegadas imágenes, y por observar desde la cubierta
de proa las maniobras de amarre y carga). Conclusión de esta
jornada: las Islas Eolias necesitan se les dedique una semana a ellas
solitas, para recorrerlas y para disfrutarlas. Seguro que se lo
merecen.
Islas Eolias
Cuarto día y cambio de
zona de hospedaje. Nos despedimos de Margherita y Reginaldo, y de su
juguetona perrita. Y siguiendo su recomendación nos dirigimos hacia
Tíndari, donde junto a las ruinas de la ciudad griega se encuentra
el santuario de la Madona Negra. A sus pies la zona de Langhetti di
Marinello. Pese al hermoso y soleado día la bruma marina nos impide
ver la silueta de las Eolias desde este mirador que brinda la
naturaleza.
Proseguimos ruta con
parada en Taormina. En todo lo que llevábamos de viaje no habíamos
sentido agobio turístico, ni lo sentiríamos después tan siquiera
en el Valle de los Templos, pero sí en esta bella localidad. Reseñar
que la hermosura de Isola Bella sólo la pude contemplar yo y de
pasada porque iba de copiloto, ya que resultó imposible aparcar en
sus proximidades. Accedimos a Taormina utilizando el teleférico al
tener suerte de encontrar un hueco para aparcar en el parking que hay
al pié del mismo. Los precios son turísticos, o sea caros. Para
colmo, y por unos pocos minutos, no pudimos acceder al teatro griego
pues acababan de cerrar la entrada. Desde los jardines Villa Comunale
hay una bonita panorámica sobre la costa.
Escultura en Taormina
Y de allí hasta Ragalna,
localidad situada en la zona sur del Etna, y en donde estaba nuestro
segundo punto de alojamiento, SCIARAVIVA. Ahí no nos sirvió de nada
el navegador y dimos un montón de vueltas por las callecitas de la
zona hasta poder encontrar la casa. Llegamos bastante cansados y sin
tan siquiera cenar decidimos acostarnos.
A la hora del desayuno
Virginia, propietaria de la casa junto a Mario, nos mostró el Etna
desde la trasera de la vivienda, oculta su cumbre por nubes altas.
Nos facilitó el teléfono de un guía de montaña, pero éste se
hallaba en otra zona y nos remitió a Grazia, con la que acordamos
una excursión por la zona del Etna para el día siguiente. Y esta
jornada decidimos dedicarla a visitar Catania y Acireale, ya que
según nos indicó Virginia no merecía la pena desplazarse hasta la
villa romana de Casale por estar gran parte de ella cerrada por
labores de restauración (¡qué pena perdernos la visión de sus
mosaicos!). Por localización descartamos también la visita a Piazza
Armerina, próxima a Casale.
De Catania reseñar, sin
desmerecer a sus monumentos, lo interesante de la visita a su
concurrido mercado del pescado. Curioso como colocan en los puestos
de venta las cabezas de los peces espada. En las calles adyacentes a
éste estaban los abundantes puestos de frutas y verduras, de carne,
de quesos… Muy colorista.
Catania, mercado
En Acireale nos
incorporamos a “la passeggiata”. En la calle había mucho
ambiente pues en su catedral se estaba celebrando el nombramiento del
nuevo obispo (o cargo similar), aunque ello nos impidió visitar el
interior del edificio. La celebración de varias bodas en otros
templos ponía la guinda festiva a la ciudad. Y no quisimos vencer la
tentación de un par de deliciosos helados antes de partir.
Conseguimos cerámica artesanal y original de Caltagirone en una
pequeña tienda, ya que en nuestra ruta no entraba dicha localidad.
Al día siguiente y tal
como habíamos quedado, a las 9:30 en Nicolosi, nos encontramos con
Grazia Pitruzzella. El día resultó bastante nublado, y por ello
imposible apreciar las partes altas. Caminando por un ascendente
camino llegamos hasta poder contemplar desde un punto de su parte
superior el valle del Bove, y del cual subían esas nieblas tan
típicas en los montes de cierta altura. Asombroso que allí hubiera
habido un cráter con 4000 mts. de altitud. Vimos una manada de
zorros, familiarizada con la presencia humana y por ello nada
asustadiza. Rodeamos la boca de uno de los numerosos cráteres de la
zona. Grazia nos fue explicando cosas sobre las distintas coladas de
lava (abundantísimas y enormemente impresionantes) e informándonos
sobre las distintas erupciones de las últimas décadas. También
estuvimos en una cueva formada por la lava en su deslizar ladera
abajo. Un agradable día al que le faltó sol y cielos despejados que
nos hubieran permitido observar, no sólo hacia arriba, sino también
la extensa panorámica que se extiende por la zona sur del Etna.
Zorro en el Etna
Hicimos buen apetito con
la excursión, y por ello entrábamos los primeros a cenar en la
pizzería que nos recomendó Virginia. Excelentes y enormes pizzas,
con animado ambiente en La Vecchia Botte.
Y llegó el momento de
despedirse, justo cuando esa Virginia que en un principio nos había
dado la impresión de ser una persona muy reservada se había
convertido en una persona habladora. Las mermeladas que nos servía
para desayunar eran elaboradas por ella y estaban muy buenas, todo
hay que decirlo. Y dejamos esa casa rodeada de viñas, a sus dueños,
y a sus tres perros (un recuerdo para la juguetona Nina, aún
cachorra).
Camino de nuestro nuevo
punto de destino aprovechamos a hacer parada en Siracusa Ortigia. Sol
radiante que aún destacaba más el azul del mar que la rodea.
Recorrido de rigor siguiendo las indicaciones de nuestra inseparable
guía, y comida. De su puerto parte un enorme velero ¿a dónde irá?
Ortigia, Siracusa
Como que íbamos bien de
tiempo decidimos llegarnos a Scicli, donde resultó que nos paramos a
hablar con un simpático personaje, Ninu Manenti, que tiene en la Vía
Guadagna una hojalatería. Es digna de ver y de conversar con su
propietario. Así se nos pasó el rato y decidimos que en otro
momento volveríamos a Scicli para recorrerla, pues nos pareció que
merecía la pena.
Ninu, hojalatero de Scicli
Llegamos a nuestro tercer
alojamiento, CASINA DI GROTTA DI FERRO, cerca de Santa Croce
Camerina. Al llegar ya nos impresionó el lugar, pero al día
siguiente vimos la magnífica rehabilitación que Franco, su
propietario, ha llevado a cabo. Y ofertan a los clientes una serie de
servicios sin cargo adicional (cocina, lavadora). Para desayunar un
buffet muy bien surtido. Impresiona como un lugar muy grato para una
estancia prolongada.
Pero lo nuestro era
conocer sitios y por ello al día siguiente a nuestra llegada fuimos
hasta Ragusa, y caminando desde allí hasta Ragusa Ibla, en dónde
nos recibieron unos nubarrones negrísimos que descargaron una buena
tormenta, para luego dejarnos concluir el día sin más alteraciones
climatológicas. Recorrimos las calles de Ragusa Ibla, y visitamos
todo lo visitable. Comimos muy a gusto en la Trattoria Bettola, y
cogimos el autobús que nos acercó a nuestro coche aparcado en
Ragusa Superior.
Ragusa Ibla
De allí nos desplazamos
hasta Módica y recorrimos los lugares que la guía reseña. Y no pudimos abandonar el lugar sin hacer unas compras de chocolate en la
Antica Dolceria Bonaiuto.
Y nuevamente Scicli,
dándonos esta vez tiempo para ver lo más destacado del lugar. Mira
por donde descubrimos que la foto de la portada de la guía que
llevamos corresponde a un edificio de Scicli.
A la mañana siguiente
estuvimos visitando el castillo de Donnafugata, y tras una buena
comida en Al Terrazzo visitamos Noto, la ciudad resquebrajada por el
terremoto de 1990. No se ha cumplido la profecía de Bufalino, pues
sus edificios importantes han sido reconstruidos prácticamente en su
totalidad.
Castello di Donnafugata
Aparcar en Noto
Cuarta etapa de nuestro
viaje, que nos llevó hasta Sant Angelo Muxaro, pueblo del interior
encaramado sobre un monte en cuyas laderas hay una antigua
necrópolis.
En ruta hacia allí nos
detuvimos en Agrigento para visitar el Valle de los Templos. Un
magnífico día nos acompañó, recortándose en el azul del cielo
las siluetas de los enormes templos. Sobran las palabras ante tanta
magnificencia ¡qué tenía que ser aquello en la época de su
esplendor! En cambio nos defraudó la visita a la zona del barrio
helenístico-romano.
Agrigento, Valle de los Templos
En Sant' Angelo fuimos
alojados en casa de Gina, una agradable señora mayor que nos habló
de sus hijas y nietos. Es una enamorada de Barcelona, ciudad que no
conoce personalmente aunque una de sus nietas reside en ella. Un
amable Piero lleva la voz cantante en VAL DI KAM, y nos explicó el
proyecto turístico que desarrollan pensando en aportar formas de
subsistencia a los habitantes del pueblo. Y la dicharachera María,
que atiende en el bar-pastelería. En él degustamos sabrosas y
abundantísimas cenas. Hay que mencionar la buena pastelería de
elaboración propia. Y también a la simpática María, panadera del
pueblo que nos preparó un sabroso pan con aceite y orégano.
Desde allí visitamos
Palazzo Adriano y los pueblos que se atraviesan hasta llegar a él,
como San Bagio Platani, Santo Stefano Quisquina, etc. En uno de esos
pueblecitos había entierro ¡nunca habíamos visto tantas coronas de
flores juntas! Hasta había un camioncito lleno de ellas. No sabemos
si tanta flor será costumbre o si el fallecido-a era una persona muy
querida.
Y nuevamente tocó
cambiar de zona y por tanto de alojamiento. En la última etapa de
nuestro viaje nos dirigimos hacia A LUME DI CANDELE, en Paceco (cerca
de Trápani).
A nuestra llegada nos
recibió Mario en la casa de la que es propietario y que ha decorado
con todo lujo de acogedores detalles. A la mañana siguiente
conocimos a Antonella, artífice de los suculentos desayunos (entre
otras cosas unos hojaldres rellenos y recién horneados, que si gusto
da verlos más gusto da comerlos, y una exquisita tarta de manzana).
¡Felicidades a Antonella por su buen hacer en la cocina!
Amaneció con temporal
de viento que traía del mar una borrasca tras otra y abundante
lluvia. El cielo poblado de negros nubarrones, y el Mediterráneo
embravecido.
Tormenta en Trapani
Decidimos ir hasta las
salinas que rodean la isla de Mozia (es tan fuerte el viento que
mueve el coche al detenernos). Las Islas Égades apenas se aprecian
pese a su cercanía. Aún con todo decidimos subir hasta Érice. No
pudimos disfrutar de tan magnífica localidad pues el viento y la
lluvia arreciaban todavía más en un emplazamiento alto y despejado
como el de Érice. Vimos lo justo pues la inclemencia climática no
permitía más, y nos compramos unos exquisitos dulces con los que
nos deleitamos mientras entrabamos en calor tomando café en un bar.
Castillo de Erice
Artesanía en Erice
Al anochecer aminoró la
frecuencia e intensidad de la lluvia, pero no el fuerte viento. Pese
a ello acabamos la jornada recorriendo las calles céntricas de
Trápani.
Al día siguiente,
penúltimo de nuestro viaje, amaneció un día soleado y con escaso
viento. Nos desplazamos hasta San Vito lo Capo, y de allí a la
Reserva Natural lo Zíngaro. Recorrimos la mitad del camino que
recorre dicha reserva, en un relajante paseo por esa preciosa zona
costera. Merece la pena la excursión completa, pero no teníamos
tiempo para completarla pues no sólo hay que ir, también hay que
volver al punto de partida en el que ha quedado el coche. Luego nos
detuvimos al nivel de los Farallones de Scopello (cobran por aparcar
y cobran si quieres acercarte, pero buscando encontramos un sitio
de acceso libre que brinda unas buenas vistas del lugar).
Reserva de lo Zingaro
Por la tarde visita a
Segesta. Y finalizamos la jornada cenando en Trápani, en la Hostaria
San Pietro (nos la recomendó Mario, y de verdad merece la pena).
Y llegó la hora de regresar a casa. Nos despedimos de Mario y Antonella, y nos dirigimos hacia el aeropuerto de Palermo para coger el avión que nos llevó a Barcelona.
Y llegó la hora de regresar a casa. Nos despedimos de Mario y Antonella, y nos dirigimos hacia el aeropuerto de Palermo para coger el avión que nos llevó a Barcelona.
Es difícil hacer un
resumen sobre el viaje, pero voy a intentarlo.
Impresión sobre Sicilia:
muy buena, por sus gentes, sus monumentos, sus pueblos, su
naturaleza, y sus comidas. Precios razonables que no tienen nada que
ver con otras zonas de la Italia peninsular.
Alojamientos facilitados
por la agencia: todos ellos buenos, en lugares tranquilos, con
propietarios que cuidan del visitante.
Alquiler de vehículo:
ningún problema.
Duración del viaje:
creemos que bastante apropiada para llevarse una impresión en
conjunto de la isla, pero tuvimos que descartar de la ruta lugares
que creemos merecían nuestra visita. Hemos regresado a casa con la
intención de hacer en plazo no muy lejano un viajecito para visitar
Palermo y Monreale, que tuvimos que dejar por falta de días.
























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