martes, 18 de septiembre de 2007

Viajes con niños a Sicilia: El primer verano de Nil

VIAJAR CON NIÑOS A SICILIA ES UNA GOZADA, REPRESENTA UN DESTINO IDEAL PARA COMBINAR TODAS LAS EXIGENCIAS DE UNA FAMILIA.

Una joven familia que ha viajado a traves de los servicios de SHINESICILY.COM:

Articulo escrito por Monica Aguilar

Debo confesar que estábamos temerosos de pasar nuestras primeras vacaciones veraniegas con nuestro bebé, Nil, de ocho meses. Aunque ya habíamos viajado con él en ciertas ocasiones, era la primera vez que nos enfrentábamos a un viaje de quince días, y coincidía con que Nil ya tomaba alimentos diferentes de la cómoda leche materna.


Como resumen de nuestras vacaciones quisiera dejar una idea de nuestras impresiones, sensaciones y alguna anécdota vivida, sin entrar en detalle en la belleza de los lugares y la ruta concreta, ya que opino están suficientemente descritas en esta web y en cualquier guía de viaje que se preste.
Yo ya había pasado un tiempo en Palermo, por cuestiones de trabajo. La buena impresión que tenía de los sicilianos y de lo poco que había visto de Sicilia, se ha confirmado en esta ruta en la que hemos podido disfrutar de la compañía de los lugareños, y de visitas magníficas a lo largo de la isla.


Los sicilianos son gente abierta, amable, atenta con los turistas, simpáticos, muy caóticos en la conducción y, por lo que he experimentado, muy ‘niñeros’. Un bebé es una excusa perfecta para entablar conversaciones con ellos en cualquier lugar y a cualquier hora. Les encanta que conozcas las curiosidades de la isla, sus costumbres, que pruebes sus comidas, y se desviven por que te encuentres en Sicilia como en tu propia casa. Por otra parte la isla es una mezcla de contrastes únicos. La belleza de sus cristalinas aguas, sus preciosas playas, sus parques naturales, sus pueblos, sus ruinas, sus volcanes, … sus caminos …. cualquier rincón es bello y merece la pena detenerse a contemplarlo.
Después de un extenso recorrido por la isla, personalmente destacaría lo interesante de las poblaciones cercanas al volcán Etna. Una cultura influenciada por la presencia del gigante, siempre amenazante, hace que se aprecie un modo de vida de sus habitantes quizás un tanto distinto a otras zonas, probablemente por que el subconsciente de sus gentes vive pendiente de que el volcán despierte en cualquier momento. El día a día parece más improvisado y vivido más a fondo de lo normal, lo cual le confiere cierta ‘gracia’ si uno ejerce de observador por unos días. Por otra parte, el hecho de poder divisar la belleza del volcán desde cualquier rincón de las poblaciones vecinas (y no tan vecinas) hace que se sienta cierta emoción indescriptible. Confieso que mi propio subconsciente deseaba que el volcán rugiera ‘un poquito’ y poder vivir esa tensión y contemplar esa belleza que los lugareños describen. Y ¡lo que es la vida!, justo ha entrado en erupción pocos días después de llegar a casa. Es cierto que incluso nos hemos planteado volver a Sicilia para deleitarnos (una vez sabido que no amenaza peligro) con las espectaculares imágenes que el volcán concede en este estado.
Como curiosidad me gustaría describir un pequeño fenómeno que visitamos y que no he visto mencionado en muchos sitios: los ‘vulcanelli de Macalube’. Se trata de una pequeñas formaciones ‘vulcanosas’ de no más de medio metro de altura, que expulsan lodo continuamente y que, al igual que sus homónimos gigantes, de vez en cuando muestran una actividad mucho más elevada de lo normal, expulsando lodo a gran altura y generando incluso explosiones y fuego. La explicación es ‘sencilla’, se trata de gas acumulado en el subsuelo, que se va evacuando poco a poco, y que surge a la superficie mezclado con tierra y agua salina (ese sería mi resumen simplificado, aunque hubo quién llegó a describirlo como una “terrible enfermedad de la naturaleza”, ‘Guy de Maupassant’ en 1885). Lo cierto es que entorno al fenómeno se cuentan muchos mitos y leyendas que contribuyen a hacer la visita incluso más interesante. Se hallan en las afueras de la población de Aragona, apenas a quince quilómetros de distancia de la conocida y bella Agrigento. Sólo llegar al pueblo se ven las indicaciones a ‘Macalube’. Una vez saliendo de la población se divisa una pequeña explanada semejante a la superficie lunar. La visita es más recomendable cuando cae la tarde, por la belleza de la luz sobre la tierra lodosa, y quizás también por que en verano las temperaturas durante el día suelen ser demasiado elevadas para disfrutar de la visita.


Si nos referimos a la gastronomía siciliana, la influencia de las diversas culturas asentadas en la isla a lo largo de los siglos, le han conferido una riqueza extraordinaria. Hemos disfrutado de cada una de las comidas, de los deliciosos ‘antipasti’ (entrantes), de las pastas, tan hábilmente cocinadas, y de los exquisitos y típicos dulces. Quizás me quedaría con el cuscús de pescado de la zona de Trapani, y con sus magníficos helados de todos los gustos, así suene a tópico. Aunque no dejaría de lado los higos que en todos los ‘agriturismi’ (casas rurales) nos servían en el desayuno, recién cogidos de la higuera … ¡deliciosos!. Por cierto, y ya que antes he mencionado las pastas, merece la pena entrar en un supermercado y notar la extensión que del total de la superficie ocupan las pastas .... ¡en mi vida he visto tantos tipos de pasta diferentes! Lo curioso es que fui a una farmacia a comprar papilla para nuestro pequeño, y también había pastas para bebés, en forma de papilla. Al comentarlo sorprendida con la familia que tan extraordinariamente rige ‘la casa di Pippinitto’ se rieron y me comentaron que ¡incluso tienen pasta para perros!


Y dejando de lado la cocina siciliana, si a alguien le cabe duda sobre la seguridad de la isla, decir que hemos tenido una continua sensación de tranquilidad y seguridad. Dejando de lado Palermo que, aunque en esta ocasión no la visitamos, sé que quizás hay que ir más atento a algún posible ‘tirón de bolso’, o a dejar el coche cargado a la vista; en las poblaciones que hemos visitado se percibía, por la actitud de la gente, que podíamos estar relajados. En la playa las familias van a bañarse sin dejar a nadie al cuidado de sus ‘cosas’, e incluso cuando van a comer se dejan la sombrilla y las sillas en la playa (no sé hasta qué punto se puede hacer eso, pero ellos lo hacen). La verdad es que este punto ha sido mejor incluso de lo esperado, aún sabiendo que se suponía una isla ‘tranquila’. Siento no poder contar ninguna aventura sobre la mafia, ni satisfacer la curiosidad morbosa de cuántos amigos saben que hemos visitado la isla, y en su día vieron la famosa trilogía. No ha resultado ser un tema demasiado tabú entre las gentes de Sicilia, les he oído discutir sobre ello en cenas familiares, y si un extraño pregunta acerca del mismo, no he visto que cambien de conversación.
Una vez de vuelta a la rutina habitual, tenemos una sensación de cierta nostalgia de lo vivido en Sicilia. Yo creo que incluso el pequeño Nil, aunque no sepa transmitirlo. También él acabó disfrutando de sus primeras vacaciones veraniegas tanto como nosotros. La verdad es que Sicilia ‘nos lo puso fácil’. Disfrutamos de sus paisajes, de sus lugares, de sus gentes, y de ese ‘algo’ que hace que siempre la recuerdes con un cariño tan especial que sabes que volverás algún día no muy lejano.

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