martes, 9 de diciembre de 2008

Viajes de Septiembre: 13 días sicilianos


Articulo escrito por Elmar B. y Olga S.

El viaje a Sicilia fue realmente estupendo. Durante 13 días de septiembre recorrimos la isla pasando de Scicli a Sciacca y de allí a Scopello para acabar en Ragalna.

Evidentemente dejamos muchas cosas por ver, no tanto por lo grande de la isla, sino por su riqueza. Esta riqueza geográfica, artística, gastronómica y, sobre todo, humana, hacen que no puedas ni si quieras seguir adelante sin disfrutar un poco, un poquito más…

De hecho, y aunque nuestra actividad fue intensa, quedaron otras muchas en el tintero, si bien es cierto que volvimos con un montón de experiencias muy gratificantes.

Por supuesto que las ciudades barrocas son impresionantes y merecen una tranquila visita: Módica, Ragusa, Noto; sin embargo nos quedamos con Scicli por el contraste entre lo monumental y su tranquilo carácter de pequeño pueblo, por las animadas terrazas en la calle entre palacios barrocos.

Es cierto que en el paseo por Siracusa se respira la historia y la mezcla de culturas como en pocos sitios, si bien, por su carácter urbano, resulta un tanto estresante la conducción por sus calles. Siempre resultaba un placer volver al estupendo alojamiento en Scicli, y recibir las atenciones de E. Pese a haber sido padre horas antes de nuestra llegada, nos dedicaba tiempo para unos rudimentos de italiano, unos siempre atinados consejos y, lo mejor, unos desayunos siempre típicos y diferentes.

Sciacca nos pareció muy diferente por ser más urbana. Nos quedamos en Sotto la Palma (nota de Trinakria Tours: este B&B ya no hace parte de nuestra red), a las afueras de una ciudad con un precioso barrio pesquero y un casco histórico monumental. Merece la pena perderse entre las callejuelas de los barrios que ascienden por la ladera para luego volver y cenar o tomar un impresionante helado con una no menos impresionante vista del puerto.

Salíamos al jardín desde la casita en que dormíamos para dirigirnos a un pequeño pabellón en el que, por arte de magia había un buffette impresionante que disfrutábamos al sol en el jardín. En fin, que costaba despegarse de ese pequeño lujo aunque fuera para pasar otro estupendo día. Una cosa sí recomendaríamos a quienes vayan, y es llevar una espiral contra mosquitos o repelente, ya que las casitas están entre una muy frondosa vegetación y ¡es difícil resistirse a sentarse en el porche! Desde allí, y para aliviar las picaduras, están las impresionantes playas de Eraclea Minoa y la Scala dei Turchi, un paisaje único. De todos los conjuntos de templos, estuvimos en el de Selinunte: Mediterráneo en estado puro.

Tuvimos mala suerte en Sciacca y la noche en que llegamos, en una finca cercana a la de Sotto la Palma ¡Marika celebraba su 18 cumpleaños con una fiesta impresionante hasta las 3 o 4 de la madrugada!
Scopello vuelve a ser otro lugar radicalmente diferente. Se trata de un conjunto de casas alrededor de un agradable patio agrario fortificado. Nos alojamos en una casa rural con una espléndida terraza sobre Scopello y con una vista sobre toda la bahía…¡Con decir que pese a los maravillosos sueños al amparo de la tranquilidad, alguna madrugada nos levantamos para ver y fotografiar el espectáculo que supone ver salir el sol e iluminar ese inmenso y tranquilo mar! Merece también la pena bajar a la Tonnara sólo para ver los farallones y el cristalino mar, pero es mejor poder pasar un par de horas sobre la explanada de piedra, codo a codo con la gente del lugar, y empaparse de su forma de sentir la vida. No sabemos cómo pero acabamos hablando itagnolo con una pareja encantadora.
Fue en Scopello donde hice mi única inmersión con el centro de buceo Cetaria para comprobar que los italianos bucean como conducen: a su aire y con reglas propias. He comprobado también que gesticulan bajo el agua tanto como en superficie. El centro me pareció profesional aunque sin grandes infraestructuras y algún que otro pero al equipo, pero una inmersión en el Parco dello Zingaro es muy recomendable si te gusta el buceo. Es inmejorable por la claridad de las aguas, la vegetación y el paisaje. Sin embargo no hace falta hacer submarinismo para disfrutar de ello ya que en la propia Tonnara las praderas de posidonia y bancos de peces son espectaculares (un consejo: merece la pena ir prontito para disfrutar de un baño entre un banco de plateados peces, ya que a medida que llegan los bañistas, éstos se retiran). Desgraciadamente no pudimos visitar el Parco dello Zingaro por estar cerrado por Sirocco y riesgo de incendios.
Erice es un pueblo medieval muy turístico pero pintoresco y merece la pena subir en teleférico desde Trapani. No vamos a hablar de la repostería de Erice por no ganarnos fama de glotones, por lo que pasamos a aconsejar un paseo hasta el castillo para poder ver desde allí las vistas de Trapani, sus salinas y las islas Égades: im-pre-sionante. Desde Scopello fuimos también a Palermo, pero, como nos aconsejó Angelo (siempre discreto, atento y muy simpático), en autobús desde Monreale, lo que resulta muy cómodo. Al ser domingo nos perdimos el aire popular de la ciudad y de sus mercadillos. Otro consejo para quienes no dispongan de mucho tiempo y quieran una visita rápida es coger un autobús turístico del que siempre te puedes bajar a dar un paseo. Nos hubiéramos perdido una idea más completa de una ciudad que difícilmente se patea en un día.

Merece la pena pasar por Enna, aunque no nos paramos en ninguno de sus muchos monumentos, sino que preferimos pasear por esa pequeña ciudad de aires muy diferentes y poder disfrutar desde su terraza de Caltabellota, un pueblo que se arremolina sobre una colina.

La llegada a Ragalna fue nocturna (anochece antes que en el centro de España) y con alevosía. La descripción de Boris es muy completa, pero el pueblo es de estructura curiosa y está sin apenas señalizar. Tampoco el alojamiento está señalizado (sólo en su telefonillo). Por ello, y tras tener que dar la vuelta por temor a destrozar el coche en un camino de cabras, paramos a un par de paisanos mayores que pasaban por allí en su Fiat Panda. Al no saber ubicarlo se disculparon y continuaron, frenando en seco a los 5 metros. Entonces se bajaron y, tras retroceder y mediante unas incomprensibles palabras, empezaron a sacar de sus casas a todos los vecinos, telefonillo a telefonillo a la voz de “señora tal, soy la señora cuál, ¿sabe dónde está la casa rural S.?”. El preguntado, que se reunía con nosotros al minuto, repetía la maniobra a su vez con otro vecino. Tras congregar a un buen puñado de paisanos, llegamos a la conclusión de que habíamos llegado.

Por desgracia era tarde y debíamos salir a cenar algo en coche sin apenas poder descansar. Tras perdernos varias veces y dar la vuelta a la siciliana en medio de una carretera desierta, camino a no sé dónde, llegamos a un pueblo con restaurantes y bares. Tras una opípara cena a una hora ya apurada, nos apresuramos a bajar a casa a descansar, pero no iba a ser fácil.

Debido a las fiestas del lugar estaba el tráfico desviado. ¡Horror!, tomáramos el camino que tomáramos siempre subíamos hacia el Etna. Finalmente encontramos una bajada no cortada al tráfico. Pensando que estábamos en otro pueblo preguntamos a la autoridad por la manera de seguir bajando a Ragalna. Tras mirarse atónitos, nos dicen que ¡estábamos en Ragalna! Nos indicaron la dirección aproximada, pues nos encontrábamos lejos del albergue. En esa dirección un montón de bifurcaciones y todo desierto por estar todo el mundo en la fiesta. Nadie a quien preguntar…Al rato, y ya desesperados, vimos a dos señores y una niña, hablando distendidamente… ¡Salvación! Les preguntamos por la dirección del alojamiento. “¿Vais a S.?” Nos pregunta en italiano uno de los hombres, y tras confirmarlo, los hombre se despiden y el padre de la cría la monta en su coche y nos pide que les sigamos. Seríamos incapaz de repetir el camino (¡seríamos incapaces de llegar otra vez donde los dos hombres!), pero aquel señor dejó su conversación de manera brusca para llevarnos hasta la misma puerta.

Hemos de decir que, si bien no volvimos a intentar descubrir los secretos de Ragalna si nos encantó Nicolosi, por ser muy agradable y tener unas estupendas enotecas donde disfrutar de un buen vino y unos encantadores restaurantes, bien muy populares o bien típicos (L'Antico Orto dei Limone: precioso molino con un personal de lo más divertido).

La subida al Etna fue accidentada por el fuerte viento que obligó a suspender el servicio de teleférico tras conseguir llegar arriba, eso sí, haciendo paradas constantes en que la cabina se bamboleaba de lo lindo. Cuando más disfrutamos del volcán fue, sin embargo, de noche y de vuelta de Taormina. En la noche se apreciaba a kilómetros de distancia la incandescente lengua roja de lava aún caliente de la última erupción.

Taormina nos pareció bonita –sobre todo el teatro al atardecer- aunque demasiado masificada y turística. Ninguna de sus playas nos gustó demasiado excepto la Isola Bella.

Esperamos poder volver a Sicilia, pero ya a zonas concretas un tiempo y a alguna de sus islas el resto. Eso sí, de forma más relajada para un aún mayor disfrute.

Gracias por la selección de lugares y el cuidado en su selección.

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