viernes, 6 de marzo de 2009

El Cinema en Sicilia: El Gattopardo


Articulo escrito por Javier Ramirez Noguerol
Siempre que la palabra Sicilia ha entrado por mis oídos, me ha provocado una especie de efervescencia de asociaciones familiares que finalmente cuando la conoces no te resulta extraña. Y no es para menos. Digo efervescencia porque es la misma que toma lugar en el crisol de sus milenarias culturas. Digo familiar porque en algún instante de la noche mágica de Palermo me ha dado la sensación de haber vivido ese instante. Pero quizás la imagen más asociada a mi retina ha sido esa de la 'Villa Boscogrande' en las primeras tomas de la película 'Il Gattopardo', donde una magnífica perspectiva con luz cálida enmarcada por palmeras, naranjos, olivos y cipreses además de esos cuántos bustos de mármol blanco salpicados a lo largo del camino, crean el icono perfecto de la Sicilia de luz cegadora e inmenso cielo azul que yo siempre había soñado.


Todo en parte permanece y lo que ha desaparecido lo vienen a complementar estas imágenes de las que hablo. Boscogrande actualmente ha sido engullido por la expansión desparramada que tanto en Palermo como en otros lugares se lleva a cabo. Las esculturas de su cornisa como las del camino han salido corriendo para dejar paso a los numerosos chalets que han asfixiado el terreno aledaño a su fachada trasera. Los ornamentos barrocos que enmarcaban las puertas gemelas de la terraza y de la escalinata principal, incomprensiblemente tampoco están.



Ahora Boscogrande junto a su vecina 'Villa de Cordova', son el marco perfecto para celebrar los banquetes de boda de la gente bien de Palermo. Llegar allí para el turista nobel, como era mi caso, resultó un poco complejo pero la sensación de encontrarme ante un paraíso perdido fué indescriptible. No sólo ocurre aquí en las inmediaciones de Sferrocavallo; si uno se acerca a Bagheria que posee unas de las villas más interesantes de Sicilia podrán verse entre tantas, 'Villa Palagonia' que Goethe ya visitó o 'Villa Cattolica' por citar dos de las más importantes. Pues bien, en ésta última hay algo mucho más chocante. No son las edificaciones sus vecinas inmerdiatas sino una fábrica de altas chimeneas que no deja indiferente al visitante.

Siguiendo los pasos del Gattopardo, en el centro de Palermo y no lejos del histórico mercado de la Vucciria, donde se puede hacer una parada en la 'Taverna Azzurra' y tomar una maravillosa 'sanguine' que es una mezcla secreta de Marsala con otras alquimias, se llega rápidamente a la recoleta piazza 'Croce dei Vespri' donde se halla el 'Palazzo Gangi Valguarnera' en uno de cuyos salones interiores se rodó la famosa escena del baile del Gattopardo. Aquí ante una sobria fachada, y digo sobria por lo exuberante de otros palacios similares del XVIII, nadie diría que alberga salones tan imponentes. Y es que ahí reside la magia de Sicilia, lo que muestra y lo que esconde. Algo curioso es que detrás de los edificios de apariencia más sencilla se encuentran los interiores más espectaculares. por citar algunos; el Palazzo dei Normanni, la Chiesa di San Cataldo o el Palazzo Abatellis sin contar todo lo que he podido ver fuera de Palermo.





Siguiendo mi itinerario y a poca distancia, si uno se deja caer por la calle del Alloro no debería perderse los fastuosos restos del 'Palazzo Bonagia' de fines del XVIII. Aquí uno llega a comprender porqué el alma del Barroco es Siciliana. Los restos de la escalinata que se ven desde la verja a través del patio son sobrecogedores en una mezcla de escenografía teatral y cárcel de Piranesi.


Para mí es la Taormina de los palacios Palermitanos. Después de semejante regalo visual se llega en la próxima 'Via de Alessandro Paternostro' y enfrente de la Chiesa de San Francesco, la homónima Antica Focacceria di San Francesco' fundada en 1834 y que constituye un museo de la gastronomía Siciliana y de todos los tipos sociales que la frecuentan. Ahí podeis saciar vuestro apetito con una pasta con le sarde, una salata di polpo, con un pane alle milza, arancine, caponata, crochè y cómo no con el omnipresente sfincione para terminar con unos canolli o un helado. No hay que olvidar que hubo una época en la que los cocineros sicilianos eran los más reputados dentro de las cortes reales, y es que mucho tiempo atrás Palermo fué la capital en la que Europa se miraba y eso se nota a cada paso.

Para finalizar con los pasos del Gattopardo fuera de Palermo hay que llegar hasta Ragusa y visitar el 'Castello de Donnafugata', pero ésto es algo que me reservo para otra ocasión y que hasta la fecha desconozco. Antes de dejar Palermo me acerqué hasta el Cementerio dei Capuccini donde reposa ese gran escritor creador del Príncipe de Salina que fué Giuseppe Tomasi Príncipe di Lampedusa.

Una puerta más allá del cementerio se hallan las 'Catacumbas dei Capuccini' de las que ya había oído hablar. La curiosidad me hizo bajar a ese otro submundo en el que no había nadie. Sólo yo, un silencio grave y cientos de momias a cada paso. La verdad que pensé que es cierto el dicho de que hay que temer más a los vivos que a los que ya no están. Muchos de los que ví seguro que en algún momento de sus vidas forjaron esa gran ciudad que es Palermo.


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1 comentario:

  1. increibles las fotos... se ve que es un lugar precioso... quizas algun dia vaya... saludos desde la rioja argentina

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