martes, 20 de octubre de 2009

9 días a Sicilia...intensos (Agosto 2009)

Articulo escrito por Maite Pi

Llegamos al aeropuerto de Catania el 16 de agosto por la tarde, recogimos el coche, ¡nuevo, con solo 1017 Km! y nos dirigimos a Ragalna siguiendo las indicaciones. Llegamos sin problemas al primer alojamiento. Como era tarde, pedimos consejo para cenar y nos orientaron muy bien. Cenamos en Nicolosi en un patio. Al día siguiente visitamos Taormina, pero para ir hasta allí seguimos una carretera que bordeaba el Etna. ¡Era impresionante ver las montañas de lava sólida al borde de la misma! Dejamos el coche en un parquing al pie del funicular que sube hasta Taormina y subimos. Estaba lleno de gente y hacía calor, pero la ciudad nos impresionó por su belleza y sus vistas. Paseamos hasta la hora de comer y comimos en una terraza-patio frente a la puerta de Catania. Después nos tomamos un café en el Wünderbar, nos clavaron más de lo que esperábamos, pero bueno, tiene su qué. A continuación visitamos el teatro griego, es impresionante por sus vistas, es fácil imaginarse las representaciones que se hacían (y creo que aun se hacen) en ese magnífico "decorado".











Nos fuimos un rato a la playa, que por cierto estaba llena de hamacas y apenas había espacio para extender una toalla, pero nos pudimos refrescar, y a continuación subimos hasta Castelmola donde probamos el vino de almendras que definiría como peculiar.
En el camino de vuelta cenamos en una pizzeria de Acireale.

Al día siguiente, uno de los platos fuertes, la subida al Etna. Llegamos hasta arriba, a los casi 3.000 metros. Es sorprendente y el paisaje nos cautivó, las piedras negras, los cráteres, el humo... Aparentemente estaba tranquilo, pero da la sensación de que se puede despertar en cualquier momento. Impacta el refugio inundado de lava de una de las últimas erupciones fuertes, ahora no recuerdo si la del 2001 o la del 2002.

Cuando bajamos fuimos hasta el camino de la espalda del asno por el que subimos andando hasta ver el valle del Bove a nuestros pies. Es una vista impresionante.
Por la tarde bordeamos la montaña y llegamos hasta Randazzo.
Al día siguiente marchamos hacia el sur. La primera etapa era Siracusa. Entrando a Ortigia hay un parquing cubierto a mano izquierda, al lado del mar, que es gratuito, y allí dejamos el coche. Visitamos el templo de Apolo y las construcciones barrocas. En primer lugar llegamos a la Plaza de Arquímedes para pasar después a la Plaza del Duomo. El Duomo está construido sobre un antiguo templo dedicado a la diosa Atenea y conserva sus columnas y algunos restos.
Llegamos hasta el mar y vimos la fuente Aretusa, una de las señales que hicieron que se fundara allí la ciudad. Después de comer fuimos a visitar las Latomias, el teatro griego y el resto de construcciones de Neapolis. Por cierto hay una parte cerrada y después de la cueva de los cordeleros no se puede avanzar más. A esta cueva tampoco se puede entrar, sólo es posible acceder a la oreja de Dioniso.

Continuando camino hacía Ragusa, nos paramos en Noto donde paseamos por las dos calles en las que se concentran las construcciones barrocas más importantes.
Una vez llegamos a Ragusa Ibla nos vinieron a buscar al aparcamiento para llevarnos al B&B. Nos instalamos y fuimos a cenar. Fue sorprendente entrar a la plaza del Duomo y contemplarlo. Es imponente en la parte de arriba de la plaza iluminado… Sicilia nos iba seduciendo cada vez más.

Al día siguiente, mientras tomábamos el desayuno en la terraza, A. nos orientó sobre posibles rutas, la verdad es que con muy buen criterio. Aquel día visitamos Ragusa Ibla y Ragusa y a la hora de comer decidimos ir hasta la Marina de Ragusa y Punta Seca, una es un poco mitómana y quería ver la “casa de Montalbano” al lado del mar, además de otros escenarios de las novelas de Camilleri. Después de pasear por la zona nos fuimos hasta la playa de Donnalucata a darnos un chapuzón y después fuimos hacia Modica donde subimos hasta la Catedral, el Duomo San Giorgio y San Pietro. No dio tiempo para más.
La mañana siguiente viajamos hasta Caltagirone, donde subimos la escalera que llega a Santa María del Monte: Cada escalón tiene un motivo cerámico diferente, resulta impresionante y también es impresionante lo que cuesta llegar hasta arriba, pero lo conseguimos. Después de visitar parcialmente la ciudad fuimos a comer a Piazza Armerina. Después de comer visitamos la Villa del Casale y admiramos sus mosaicos. Sólo se puede visitar una parte, pues están trabajando aun, pero vale la pena.
Volvimos a Ibla. Por cierto, en la plaza del Duomo hay una heladería buenísima, se llama Gelati di Vini, y hacen helado de ricotta, de violeta, jazmín, rosa, vino… ¡una pasada!
Nuestra estancia en Ragusa había finalizado y continuamos hasta Trapani, nuestra siguiente etapa. Por el camino nos paramos en el Valle de los Templos de Agrigento, otra parada que vale la pena. Seguimos camino y por la tarde volvimos a parar en Selinunte. Demasiado para un solo día, pero si no hay más días… Después pensamos que hubiera sido mejor quedarnos un día en Agrigento y al día siguiente visitar Selinunte, pues hubiéramos debido visitarlo con más tranquilidad.

Llegamos a Trapani un poco cansadas. Nos recibieron M. y A. de nuestro tercero alojamiento, fue una pasada. El sitio precioso, y ellos dos son los anfitriones perfectos.
Por la mañana fuimos a Erice. Subimos con el funicular contemplando el paisaje que iba quedando abajo. Desde arriba se ven las salinas desde otra perspectiva. Erice se halla sobre una peña a 750 metros de altura. Nos adentramos por sus callejas y visitamos las iglesias y el castillo, que en realidad son dos. Vale la pena.
  Despuésfuimos a Segesta, donde comimos y visitamos el templo y subimos en autobús hasta el teatro. De nuevo vistas impresionantes en lugares cargados de historia.
No era demasiado tarde y decidimos seguir viajando hasta Monreale. Llegamos bien por la autopista, era domingo, pero al llegar a la ronda de Palermo no encontramos ningún cartel que indicara como llegar. Al final salimos dándonos cuenta que nos debíamos haber pasado, como realmente fue. Preguntamos y nos indicaron el camino. La catedral de Monreale merece una visita, resulta difícil de describir, con sus mosaicos dorados que recubren el techo y las paredes superiores explicando la historia sagrada. Después fuimos al claustro, justo un poco antes de que cerraran, es uno de los claustros más bellos que he visto.

A la vuelta pillamos la operación retorno del domingo por la tarde y, lo que era una avenida amplia con dos carriles por banda y un arcén se había convertido en una avenida con cuatro carriles irregulares y sin arcén. Nos pusimos detrás de otro coche y ¡tira millas! La conducción en Sicilia es curiosa, en general no corren sino que van tranquilos (ritmo isleño), pero si te paras en un stop empiezan a adelantarte coches que sacan el morro por delante de ti y van saliendo, quedándote tu allá. Ya el primer día aprendimos que hay que sacar el morro en los stops, sino, no sales. Otro tema es el de la raya continua, en una recta con buena visibilidad podemos encontrar una línea continua, o sea que no se puede adelantar, pero todo el mundo adelanta y acabas haciendo lo mismo, pues no hay peligro. No es cierto que no se paren en los semáforos, se paran igual que aquí y, una cosa curiosa, no recuerdo en qué ciudad, empezamos a pasar por un paso de cebra y un coche pasó: el de detrás le pitó y paró para que pasáramos (no somos ni jóvenes ni especialmente bellas), habitualmente se paran. Sólo un problema: Los carteles de tráfico que señalan las direcciones puede que estén en medio de carteles que anuncian hoteles, museos, empresas… o tapados por una planta bellísima, pero que se encuentra en el lugar equivocado. De todos modos es fácil moverse por la isla siguiendo las indicaciones.
De vuelta para Trapani, paramos en Scopello a cenar. Cenamos en un patio inmenso donde hay tiendas, restaurantes… y elegimos uno de ellos. Antes de cenar, con la luz del crepúsculo, paseamos un rato por el pueblo. Habrá que volver, sobretodo para visitar el Parque del Zingaro que se extiende desde Scopello hasta San Vito lo Capo. Llegamos tarde a la casa, pero había sido un día intenso.
Al día siguiente decidimos tomarlo con calma y viajamos hasta las Egades. El barco para en Favignana, para seguir hasta Levanzo donde bajamos. Fue una mañana de playa en unas aguas transparentes y, después de comer hicimos una excursión en barca, que habíamos contratado al llegar, hasta la Grotta del Genovese. Dentro hay pinturas rupestres de la época paleolítica. Volvimos a una hora decente y nos fuimos a cenar a Trapani. Al día siguiente yo debía levantarme a las 4:15 para viajar hasta Roma donde tenía que llegar por la mañana. Las vacaciones habían terminado. M. y A. se levantaron para prepararnos un café antes de marchar y despedirse, eso no se paga con dinero, les estaremos eternamente agradecidas. Mi amiga me acompañó al aeropuerto y volvió. Se quedó hasta la tarde y visitó Trapani y Marsala.
Fueron 9 días intensos, quizá demasiado, pero valieron la pena. La verdad es que ha sido como un aperitivo, ahora tocaría volver con más tranquilidad y no pretender abarcar tanto, sino conocer más a fondo una parte, sin prisas y disfrutando de la hospitalidad de sus habitantes que, en todo momento se ponen a tu disposición. En este sentido no tuvimos ningún problema.

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