martes, 20 de octubre de 2009

Sicilia y el olor de las flores

Articulo escrito por Elvira de ValenciaPrimera etapa: Scopello fue nuestra base de operaciones, y la casa de Marco nuestro agroturismo con las mejores vistas sobre la bahía de Castellammare del Golfo.
Lo primero que nos sorprendió, y muy gratamente, fue la cantidad de flores silvestres que crecía por todas partes y en todos los colores. Una auténtica maravilla. A lo largo del viaje disfrutamos de margaritas blancas y amarillas, flores de cardo blancas y azules, violetas silvestres, prímulas, madreselva, genista, escaramujo, romero, gauchas, irises, flores de guisante, altramuz y alcaparra, frutales en flor como este manzano y otro montón del que no me sé los nombres... ¡e hinojo a doquier!, que luego acababa en nuestra ensalada...


Durante nuestra estancia en Scopello visitamos el magnífico templo dórico de Segesta (s. V ac) al borde de un profundo cañón y lleno de magia.
También visitamos San Vito lo Capo, una preciosa playa con arena blanca y aguas azul turquesa.
De Scopello son famosos sus bellos farallones junto a la antigua tonnara ('fábrica' de atún).
A Palermo no hay palabras que la describan. Es una ciudad increíble, caótica, encantadora, y agotadora... No creo que volvamos, pero nos gustó mucho callejear por el mercado de la Vucciria y por el casco antiguo en general. Nos encantó la comida, la más barata y de las mejores del viaje, creo que nos costó comer los cuatro en una típica casa de comidas 15 euros... Nos gustaron también las capillitas en cada esquina, los carteles y los ficus gigantes de los "Giardini Garibaldi". Nos enloqueció el tráfico, pero nos fascinó cómo aparcan (ahora, cuando alguien aparca o conduce fatal, decimos que lo hace "alla palermitana"...). En resumen, un día muy intenso.
Visitamos la ópera y el busto de Giuseppe Verdi, aunque el siciliano era Vincenzo Bellini, por eso el plato de pasta más famoso, y riquísimo, de Sicilia se llama "alla Norma".
Salimos de Palermo a toda prisa dirección a Monreale, un outlook estupendo de Palermo con una catedral normanda fascinante. El rey Guillermo construyó esta catedral para que hiciera sombra a las de Palermo y Cefalú, y se inmortalizó en este capitel en el cual aparece él entregándole la seo a la mismísima Virgen.



Segunda etapa: Sant'Angelo
Nos alojamos en un alojamiento encantador con Piero como anfitrión, quien nos traía cada mañana a la terraza con la preciosa vista del pueblo, un desayuno riquísimo recién horneado.
Una noche cenamos con otros huéspedes en una casa del pueblo. Nos prepararon una cena típica del lugar con sardinas, frittate, etc. y, pese a que todo estaba riquísimo, los cannoli fueron la estrella absoluta...



Piero fue un magnífico guía de la necrópolis (s. XI-V a.c.) que hay en la falda de la colina sobre la que se asienta el pueblo. Nos acompañaron en el jeep su peque, Giuseppe, y sus 'cagnolini' (= cachorritos) Bianco y Lili. Todos disfrutamos como enanos de una tarde y un paseo especiales.
Desde Sant'Angelo visitamos “Il Valle dei Templi” en Agrigento (s. VI-V a.c.) Este bellísimo conjunto de templos dóricos, pese a su nombre, fue construido sobre la cresta de una montaña, de forma que se vieran desde el mar y sirvieran como faro para los marineros. De ellos Goethe dijo: "Jamás en la vida podremos regocijarnos de nuevo tras observar las maravillosas vistas de este espléndido valle". Tampoco hay que pasarse, pero es una maravilla.
Del Valle de los Templos nos desplazamos a la costa, a Siculiana, para disfrutar de una magnífica comida en “Il lustru di luna” (¡¡¡¡pasta con langosta!!!!) y un estupendo paseo por la playa.
Con las pilas recargadas con la buena comida, nos fuimos a “La Scala dei Turchi”. Esta roca curva de blanco cegador de caliza y arcilla, que rompe totalmente con el cielo azul y el mar índigo, es uno de los lugares más espectaculares que visitamos.

Tercera etapa: Ragusa
Otro agroturismo encantador, la "Casina", en el que nos poníamos cada mañana ciegos de ricotta recién hecha. El hotelito estaba rodeado de campos cubiertos de flores, había un burrito, gallinas y perros, y en los alrededores vimos, además de vacas y caballos, ¡un puercoespín enorme!

En Ragusa Ibla coincidimos con las procesiones de Viernes Santo, en el magnífico marco de un pueblo barroco bellísimo y totalmente intacto.



Noto nos pareció irresistible. También barroco e intacto (construido tras un terremoto en el s. XVIII), y con una comida... Nos pusimos morados en la Trattoria del Crocifisso, un local adherido al movimiento Slow Food, y con un cocinero encantador que nos preparó la comida a nuestro gusto, y tanto que a nuestro gusto!
Módica también es famosa por su belleza barroca, pero nosotros nos quedamos con su conocido chocolate. ¡Compramos kilos!, pero antes de volver a casa ya había desaparecido todo: de canela, de vainilla, de azahar, con limón confitado,...

En Marina di Ragusa disfrutamos del famoso cous-cous de pescado del restaurante Carmelo, con vistas sobre el mar y las cabriolas de los kite-surfistas.


Cuarta etapa: Taormina y alrededores.
Nos alojábamos en la falda del Etna en un agroturismo cerca de Castiglione de Sicilia. Una preciosa casa antigua muy bien renovada preservando su alma.
Esos días nos hizo mal tiempo, pero aún así vimos muchas cosas.
Lamentablemente el día que visitamos Taormina y su Teatro Greco (s. III a.c.) salió muy lluvioso, lo que desluce mucho las fotos...
Realmente es un enclave privilegiado en una terraza del monte Tauro, con vistas espectaculares sobre la bahía de Schisò y, a su espalda, el Etna.
¡¡¡Chan-ta-chan!!! ¿El Etna! Bien abrigaditos nos subimos hasta el refugio Sapienza a casi 2.000 m. de altitud, para sentir de cerca el volcán. Desde luego que hacía un frío que pelaba. Mis maravillas recogieron montones de piedras negras de recuerdo y nos volvimos a bajar al calor de la costa.
Una vez bajo, bordeamos la costa hacia Messina (desde aquí se veía muy bien Calabria al otro lado del estrecho (sólo son 3 Km.), y nos fuimos a Ganzirri a comer. Este pueblecito encantador bordea una laguna salada llena de mejillones, los cuales hay que comer en el Ristorante La Napoletana, donde, además de ser simpáticos, preparan una comida deliciosa acompañada de las mejores habas (crudas) que he comido, por no hablar del pulpo…

Catania es la segunda ciudad por tamaño de Sicilia, es una urbe animada, barroca y mucho menos caótica que Palermo. La Piazza del Duomo está custodiada por la Fontana dell'Elefante, con su elefantito de piedra volcánica del siglo VIII a.c. (cuando fue fundada Catania) al que llaman Liotru y es símbolo de la ciudad y amuleto frente a la agitada actividad del Etna. El otro "amuleto" es la Catedral de Santa Ágata, cuya fachada de mármol está adornada con columnas del viejo anfiteatro romano que se halla a pocos centenares de metros (en su tiempo el mayor del imperio tras el Coliseo romano).


Quinta etapa:
Un poco estresados ya con tantas ruinas y barroco, nos escapamos a las exuberantes Islas Eolias. Un grupo de siete islas encantadoras y diferentes al norte de Sicilia. Nos alojamos en Salina, la más bella y céntrica, con vistas preciosas hacia el resto de islas y cubierta de flores.
Nuestro hotelito, en Leni, era encantador y disponíamos de una preciosa terraza en la que leer, descansar y disfrutar de vistas espectaculares sobre el mar, Lípari, Panarea y, muy al fondo, Stromboli.
Fabio, el cocinero, nos preparaba cada noche una delicia, o varias, por no hablar de los cannoli... y ya antes nos enseñaba lo que había "encontrado" en el puerto para nosotros. A mi hija preparaba la mejor pasta vegetariana del mundo.
Nos alquilamos un viejo Ford Fiesta bastante baqueteado (era lo único que había disponible y, según mis alcachofas, el coche más cutre al que habían subido en su vida) y con él dimos varias vueltas a la isla... En cada rincón hacíamos pequeños y grandes descubrimientos: una glicinia, un tejado, los acantilados de Malfa, alcaparras, una bodega de vino de Malvasía, un motocarro especialmente viejo, la genista que sirve de fondo...






Hicimos una excursión de un día a Stromboli, que es talmente como uno pinta de niño los volcanes: un cono del que sale humo. Pasamos una mañana muy agradable y calurosa subiendo por la falda del volcán. Cada cierto tiempo (15-20') se oía una explosión que parecía producirse en el mismísimo centro del volcán y daba bastante yuyu... pero parece que es lo normal.
Strombolicchio (el cuello del volcán original, el cual se derrumbó dentro del mar hace 'sólo' 40.000 años), como se ve desde el antiguo cementerio, con vistas de ensueño, por cierto...
Stromboli está llena de curiosidades, rinconcitos y ¡montones de motocarros! y es que las calles son tan estrechitas que no serviría otro tipo de vehículo.
La playa de arena negra de Stromboli con la vista de Strombolicchio fue de lo mejor del viaje. Sobre ella me pegué una fantástica siesta y, por supuesto cargué con una botella de esta bellísima arena negra y brillante que ahora ocupa un puesto de honor en mi colección.
Durante la excursión exploratoria a los dos volcanes extinguidos y cubiertos de flores de Salina, vimos tantas serpientes negras por el camino que salimos pitando y nos fuimos al pueblo a tomar un helado..., donde nos encontramos con el médico del pueblo, quien nos aseguró que no son venenosas…
Así que, escarmentados, cogimos el ferry y nos dimos una visita culturizante a Lípari, la capital de las Eolias, y con asentamientos humanos desde el neolítico. Alucinamos con las murallas de la ciudadela (construidas para defenderse del pirata Barbarroja, entre otros). ¡Parecen inexpugnables! Además sólo hay un acceso, y al otro lado, acantilados.
La catedral de San Bartolomeo es interesante con su santo en plata a tamaño natural, pero lo que más nos gustó fue su claustro normando del s. XII con capiteles simbólicos con animales.
El Museo Arqueológico Eoliano es una de las colecciones más completas de Europa de arte mediterráneo desde el neolítico hasta la época romana. Una auténtica pasada, especialmente las máscaras de teatro griegas y las vasijas policromadas. También muy interesantes los trabajos con obsidiana del neolítico.
Ya sólo nos quedaba devolver nuestro magnífico Ford Fiesta, coger el ferry de vuelta a Milazzo, y de allí el tren hasta Palermo, para volver a España al día siguiente muy tempranito.

Dos semanas maravillosas en unas islas inolvidables. Arriverderci!!!!


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