martes, 2 de agosto de 2011

“S” de Sicilia, de Sorpresa y de Sobresaliente

Articulo escrito por Edurne e Iñaki

Así es, Sicilia es “S” de Sorpresa por muchos motivos. Primero, por nuestro -en el caso de mi pareja y de mí mismo- desconocimiento, es decir, por sólo tener noticias basadas en los tópicos de siempre y en las sensacionalistas noticias en torno al Etna. Eso y poco más: algunas referencias superficiales de amigos o familiares, que son las que te generan el “gusanillo” de visitar esa isla.
Palermo entra dentro de lo esperado, pero no por ello es menos interesante; muy al contrario: disfrutamos mucho de su barrio antiguo, de la magnífica capilla palatina del palacio real, de su catedral, de su mercado, de Monreale, de su gastronomía, de la amabilidad de sus gentes, del ambiente de las calles… Otra cosa digna de observar era el tráfico (de personas y de vehículos), hasta que pillamos la lógica de su funcionamiento que, contra lo que parece a primera vista, sí existe: el que coge “la posición”, sea peatón, ciclista o conductor, es quien tiene la preferencia, y lo del código de circulación, etc. pertenece al mundo exterior o ajeno a la isla. Alojamiento correcto.
Durante los días siguientes se sucedieron las visitas, paseos y disfrute de numerosas ciudades, pueblos, anfiteatros, catacumbas, etc.: Cefalú, Catania, Acireale, Siracusa, Taormina, Isolabella, Palazzolo… Sorpresa tras sorpresa: patrimonio artístico griego, normando, barroco siciliano…; hasta el punto de que justo nos quedaba un poquito de tiempo para un rico helado, una cerveza y unas excelentes pizzas. Con tanto para visitar, la piscina de la casa rural donde nos alojábamos sólo la veíamos al llegar y marchar cada día; ¡una pena! Lo que sí disfrutamos fueron los paisajes, de costa o de montaña (éstos recuerdan mucho a los paisajes alpinos) y que también constituyeron una sorpresa: salvo el sur de la isla, que se atenía a lo esperable de una isla mediterránea, el resto era mucho más verde y agreste y espectacular. Incluido el ascenso hasta cota 2.000 del Étna y un precioso paseo por la zona -donde nos llovió con ganas-. La cumbre quizás para otra ocasión… El alojamiento muy agradable y con una atención fuera de lo común, por parte de su propietaria G.
Pero el viaje continuaba y las sorpresas agradables se sucedían: Ibla, Modica, Noto, Agrigento… Con todo, sacamos tiempo para un poco de playa y -esta vez sí- para la piscina de la mejor casa rural que nos podíamos imaginar: ¡un lujazo y una exquisitez difíciles de igualar! (y con auténtico mozzarella de búfala en el buffet del desayuno, tartas caseras y un buen vino siciliano a precio asequible en la habitación). En fin, el no va más. Pero no vamos a dejar en el olvido Agrigento, ya que esa ciudad griega justificaría por sí sola la visita a la isla: ¡una maravilla! El alojamiento: matrícula de honor.
La verdad sea dicha, teníamos pocas expectativas con respecto a la última parte de la isla a visitar: el Noroeste. Pero, la sorpresa surgió una vez más y de forma bien diferente a lo visto hasta entonces. Además de la medieval Erice, de Trapani o de Segesta, disfrutamos con las salinas de Marsala, con la reserva natural de Zingaro –y baño en una calita de las de recordar- y con la cena con vista al mar en Castellamare. En fin, que completaron el abanico de todas las opciones necesarias para redondear unas “vacaciones de ensueño”. El alojamiento bastante bien.
En definitiva, si paisaje, clima, arte, gentes, gastronomía, etc. -incluso los precios- son excelentes (¡lo decimos de todo corazón!), ¿qué más se puede pedir en vacaciones?
La verdad sea dicha: nos pusimos en manos de TRINAKRIA TOURS para que nos organizasen las vacaciones (seleccionasen los puntos de estancia, los alojamientos, el coche de alquiler nos orientasen en la visita a Sicilia) y les tenemos que poner un SOBRESALIENTE por su trabajo.
Sólo nos arrepentimos de una cosa: no haber destinado más que 11 días (10 noches) a una isla que como mínimo necesita dos semanas…, y ¡mejor si son tres! (los archipiélagos que tiene Sicilia sólo los conocemos de nombre, claro está).

Edurne e Iñaki

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