jueves, 15 de septiembre de 2011

Sicilia: isola bella

Articulo escrito por Inma, Emma y Sara

Hace poco más de una semana que regresamos de vivir una aventura muy especial en la que la cultura, las ruinas griegas y romanas, los palacios barrocos, las carreteras enrevesadas, los helados y granizados, la gente amabilísima, el calor sofocante, las aguas cristalinas, la ropa tendida en los balcones, los pueblos imposibles colgados de montañas, los pequeños puertos de pescadores y los mercados abarrotados de olores y colores fueron nuestros compañeros de viaje.
Y es que hace poco más de una semana que tres amigas recorrimos Sicilia durante trece días. Fue un periplo muy intenso y del que como no podía ser de otra manera sentimos nostalgia ya que se convirtió en toda una experiencia. Boris nos reservó alojamientos en cuatro zonas de la isla y nos hizo interesantes sugerencias de excursiones y visitas, aunque echamos de menos que alguna de las casas estuviera más próxima a pueblos grandes o ciudades. De todas formas, ¡gracias Boris!
Nuestro recorrido empezó por la zona noroeste, ya que aterrizamos en la acogedora Trapani y nos alojamos en un agroturismo no muy lejos. L. y A. llevan el establecimiento, que cuenta con piscina. ¡La crostata de los desayunos es inmejorable! Nos hemos traído la receta y pronto la pondremos en práctica.
Desde Fulgatore, donde se encontraba la casa, visitamos el pintoresco pueblo medieval de Erice, desde el cual se contempla una preciosa vista de la costa y sus salinas.



También conocimos las ruinas de Segesta, así como los pueblos costeros de Castellammare del Golfo, Scopello y San Vito lo Capo, que rodean la reserva natural de Lo Zingaro, donde nos encontramos con una playa abarrotada. Nuestro único consuelo en medio del sofocante "pomeriggio" fue refrescarnos en el agua limpia y transparente…
Dedicamos un día a visitar Palermo y Monreale. A pesar de las advertencias sobre el caos circulatorio de la capital, pudimos entrar y aparcar en las calles del centro y por la tarde contemplar los magníficos mosaicos de la catedral de Monreale. La visión del Pantocrator resulta abrumadora.
Una larga travesía entre campos de trigo, olivares y viñedos en medio de escarpadas montañas nos condujo al otro extremo de la isla. La casa en Santa V. fue nuestro siguiente destino. C. nos acogió con gran hospitalidad y nos preparó unos revitalizantes desayunos. A E. tenemos que agradecerle el habernos regalado la banda sonora del viaje, dos CD’s de Fiorella Mannoia, además de su simpatía.



C. nos sugirió interesantes recorridos que nos llevaron a conocer la barroca y luminosa Catania, con sus ajetreados mercados, la playa de Riposto en Giarre o los preciosos pueblos de Acicastello, Acitrezza y Acireale, muy recomendables para cenar en cualquiera de sus recoletas piazze. Además, navegamos con un pescador hasta las Isole dei Ciclopi para darnos refrescantes baños.
Dedicamos una mañana a conocer Gola D’Alcantara, un río encañonado entre altas e interminables paredes. Para reponer fuerzas recomendamos subir a Motta Camastra, un auténtico pueblo del interior en el que apenas hay turistas. Allí se puede disfrutar de un rico y típico almuerzo, además de las increíbles vistas de la terraza de la trattoria. ¡Disfrutamos de los mejores cannoli de la isla!
La tarde terminó en la playa de Giardini-Naxos, localidad de veraneo desde la que se puede ver la turística Taormina. Llena de gente y con tiendas de lujo abiertas hasta bien entrada la noche, el ambiente y las vistas eran inmejorables.
Del este de la isla nos dirigimos al sureste. Nuestra siguiente parada fue Ragusa-Ibla, donde nos esperaba una preciosa sorpresa. Como en la película Una habitación con vistas, A. del B&B nos reservó una estancia con un magnífico balcón de hierro forjado desde el que veíamos amanecer y anochecer los palazzi ocres de la vieja ciudad escalonada.
Disfrutar del ambiente nocturno de la Piazza del Duomo, del descenso por la Via delle Scale o de un paseo por los jardines es obligatorio. Rematar la jornada tomando un cóctel en una terraza es, simplemente, perfecto.
En la zona aprovechamos para disfrutar de las magníficas ruinas de Siracusa, su sobrecogedora Oreja de Dionisio y su centro, Ortigia. Para sobreponernos a la sobredosis de urbanismo y arquitectura barrocos que desbordan Modica, Scicli o Noto, en realidad hay que decir que toda la isla, con una riqueza inigualable, optamos por acudir a Playa Grande, en una cuidada reserva natural.




En el extremo sur y al final de una sinuosa carretera por las laderas de montañas nos esperaba nuestro último destino. Sant’Angelo se reveló como el pueblo más añorado de los visitados, quizás porque tuvimos la ocasión de pasar allí dos días y conocer a personas entrañables que pronto entablaron conversación cuando llegamos a la plaza para contarnos sus experiencias como emigrantes por Europa. Pero nuestra preferida siempre será Gina, con sus magníficos desayunos e historias familiares.
Piero, gran anfitrión, nos sirvió en la terraza del pueblo la mejor pizza que hayamos comido nunca. Fue la primera noche que pensamos en ponernos una rebeca… ¡no nos lo podíamos creer después de tanto calor!
Recorrer el valle de los templos durante una visita nocturna, con las piedras estratégicamente iluminadas y una brisa refrescante fue una gran decisión, así como la de ir a la playa de Scala dei Turchi, donde la roca blanca se baña en el azul turquesa formando un paisaje casi irreal.



Nos dio pena dejar Sant’Angelo para emprender nuestro último día de viaje, pero de camino comimos en el restaurante La lámpara de Sciacca, donde desde el comedor se ve el puerto en el que los pescadores descargan y subastan la mercancía a primera hora de la tarde. La noche previa a coger el vuelo de regreso la pasamos en la animada Trapani, de donde habíamos partido casi dos semanas antes. Con tiendas y restaurantes abiertos hasta tarde, terrazas llenas de gente, ambiente en las plazas y una amplia playa, esta ciudad es un destino muy recomendable para pasar unos días de descanso.
Cansadas después de tantos kilómetros en coche, ahora nos damos cuenta de que quince días son insuficientes para recorrer la isla. Llena de pueblos con encanto, ciudades antiguas testimonio de la historia mediterránea, reservas naturales y playas de ensueño, Sicilia debe disfrutarse con más calma o por etapas, ya que en conjunto es prácticamente inabarcable.
Aunque no sabemos cuándo, tenemos claro que nos gustaría volver. Animamos a los que estén pensando en ir a que lo hagan porque descubrirán una tierra auténtica y antigua que acoge a los visitantes con los brazos abiertos para hacerlos sentir parte de su forma de vida, donde las prisas no tienen cabida y la hospitalidad es una obligación.
Hemos disfrutado una estupenda experiencia y un viaje inolvidable que nos permite afirmar que aunque Isola Bella está en Taormina, el nombre describe toda Sicilia.
Bella, bellisima!

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