jueves, 25 de agosto de 2011

Sicilia en Julio con niños

Diario de viaje escrito por Javier A.


"Tengo que reconocerlo, tenía dos temores antes del viaje a Sicilia: uno, que al viajar a final de Julio pasaríamos mucho calor; el otro, que al viajar con nuestros hijos de 4 y 7 años, las vacaciones tenían el riesgo de convertirse en una lucha diaria para sacarlos de la piscina :-)
Afortunadamente, ninguno de mis temores se hizo realidad. Y por contra, las expectativas (que eran muchas) se sobrepasaron.

La iglesia de Forza D'Agrò

Culturalmente, la isla es increíble. Por supuesto está lo conocido (los mosaicos de Monreale, los templos de Agrigento, la ciudad medieval de Erice, Taormina...), pero también los descubrimientos - las ciudades barrocas del sureste, la velas en la escalinata de Santa Maria en Caltagirone. Y para un fan de de la trilogía de El Padrino, encontrarse delante de la iglesia de "Corleone" (en realidad, Forza d'Agro) es indescriptible.

La playa de Randello, Santa Croce Camerina

el Pantocrator de Monreale

Luego está la naturaleza: el Etna, las islas Eolias y Égades (recorrerlas en moto es una experiencia), los montes Nebrodi...

la escalera de Santa Maria en Caltagirone, iluminada por las velas

Cala Rossa, en Favignana

Y otra sorpresa: las playas. Aaaah Boris, cómo me engañaste cuando dijiste que en Sicilia no había grandes playas :-) Encontrar una playa como la Forestale (Randello), en el sureste, con 2km de arena para nosotros solos fue de lo mejor. Y las calas de Favignana, repletas de gente eso sí pero con un mar azul espectacular.

las islas Eolias desde Vulcano
En lo gastronómico, la dieta a base de pasta, pizza y gelati podríamos haberla seguido durante un año... la zona de Trápani muy buena con el pesto y el cuscus, la de Ragusa también.
En fin, doce días fueron pocos para todo lo que hubiésemos querido hacer pero dieron mucho de sí. Vuestra recomendación de dividir el viaje en tres etapas (Sureste, Este y Oeste) fue excelente. Los alojamientos también. La casa de Ragusa es una opción buenísima para familias por los servicios que ofrece, lo tranquilo del entorno, las playas cercanas. La mozzarella de bufala del desayuno la echamos de menos. De la casa de Trápani destacaría que es un casa en la que nos hubiese gustado pasar más tiempo; un ambiente muy agradable, el propietario, M. siempre dispuesto para lo que hiciera falta, los desayunos fantásticos. De la de Catania/Etna, la verdad podemos decir poco ya que estuvimos sólo 3 días y prácticamente sólo para dormir, pero ninguna queja.

la playa de la Scala dei Turchi

el Etna echando humo

Por último, nuestros mejores recuerdos:
Chavi: los mosaicos de Monreale, el paseo y el helado de chocolate fondente en Scicli, el pesto alla trapanese, la Scala dei Turchi en Agrigento, recorrer los lugares de El Padrino en Savoca y Forza d'Agro y el Etna humeante
Susana: la combinación de paraíso natural y cultural, la gente y por supuesto la gastronomía
Víctor (7 años): montarse en moto, saltar las olas en la playa, hacer la compra en el supermercado Conad de Santa Croce Camerina, saltar de pino a pino en Etnaventura, perseguir lagartos por toda la isla
Laura (4 años): montarse en moto, jugar con los gatos de Mario, ser capitana de una barca en Siracusa, los besitos de los peces en Cala Azzura (Favignana)".

Esto es Sicilia, la luz del sol reflejada en el mar; puerta de culturas y colores.

Diario de viaje de la familia Flores Romero
Fotografía tomada saliendo de la casa de Santa Croce Camerina
Este: Castiglione de Sicilia, Taormina y el Etna.
El 24 de julio emprendemos las deseadas vacaciones a Sicilia: Marta, Marina de 7 años, Hèctor de 3, su abuela Fina y yo mismo, Jordi. Volamos desde El Prat con Windjet a Catania, ya que es por el Este que empezamos nuestro pequeño tour por la isla. Nuestro primero alojamiento se encuentra en Gaggi, muy bien comunicado con todos aquellos lugares que queremos visitar: a 10 minutos de Castiglione, a 15 minutos de Taormina y a 1 hora de la cara norte del Etna. El trato de la dueña G. es siempre agradable y muy atento, con respuestas a nuestras preguntas e inquietudes: donde comer y que ver principalmente. El agriturismo es excelente, las habitaciones son amplias y limpias, los desayunos destacan por las mermeladas variadas y caseras. Las tardes que pasamos en el agriturismo disfrutamos al máximo de la piscina y sus increíbles vistas a los campos de frutales que rodean al alojamiento; Marina y Hèctor se merecen estas tardes de piscina, pues las mañanas las dedicamos a visitar y saborear la cultura siciliana.
El Etna visto desde el Teatro griego de Taormina
El primer día lo pasamos en Castiglione de Sicilia, un pueblecito que se escapa de las rutas turísticas de esta zona, pues Taormina y el Etna son los dos colosos que engullen y atrapan a los turistas -nosotros también fuimos atrapados por estos preciosos lugares- y hacen invisibles muy a menudo estas pequeñas joyas del interior siciliano. Castiglione es un pueblito situado en lo alto de una cima con rincones acogedores y vistas espectaculares del valle. Nos dejamos seducir por una arquitectura decadente, sin grandes pretensiones pero que imprimen mucho carácter a este pueblo. Comemos en la trattoria “La dispensa del Etna” buena cocina, buen trato y buen precio. Destacaría la tranquilidad que se respira durante toda la comida, la caponata (algo parecido a la escalivada) y los canolos de ricotta y pistacho que son todo un descubrimiento; comemos en la terraza situada en una plaza flanqueada por una iglesia y lo que parece un palacio. Es interesante conocer que los sicilianos, en general, son amantes de la buena mesa y así lo transmiten, y que sobretodo quedan para cenar, muy poco para comer (pranzo) por ello es aconsejable reservar mesa (prenotare) si se desea cenar fuera, nosotros optamos por cenar en los Agriturismo.
Campanario de Castiglione de Sicilia

El Etna nos espera en el tercer día en la isla. Llegamos a la cota 1800 mt de altura en la cara norte, por Linguaglossa. El trayecto ya de por si vale la pena, atravesamos bosques de coníferas y en una curva aparece la primera lengua de lava, Marina y Hèctor se entusiasman y comienzan a hacernos preguntas sobre los volcanes, la lava, las explosiones y sus consecuencias; a medida que ascendemos el bosque deja paso a la lava hasta que llegamos a una antigua estación de esquí engullida por la lava, allí aparcamos y paseamos por las accesibles lenguas de lava, la cumbre del Etna queda lejos pero se ve humear constantemente…impresiona, sobrecoge, aún más sabiendo que pasados 3 días entrará en erupción. Hay un servicio de visitas guiadas en autocar, que te da acceso a cotas más elevadas y a algún cráter (50 €/p, 23 €/niños).
Colada de lava, cara Norte


El Etna domina toda la parte Este de la isla. Desde Taormina, cuarto día, se ve una estampa espectacular, quizá la mejor sea desde el teatro griego, desde este se observa la tranquilidad de la mediterránea y la fuerza colosal de un volcán en activo. Taormina, como todo el mundo comenta es una villa turística, muy turística, pero bien merece una visita. Personalmente mi excusa es que en Taormina Truman Capote escribió parte de un libro que me encanta “A Sangre fría” la otra parte la escribió en la Costa Brava en Palamós, y la conexión catalana-siciliana me parece suficiente como para pasear por esta villa. Aconsejo aparcar el coche en Mazzaró en el aparcamiento del funicular (Funivia 3,5€ i/v + 10 € todo el día de parquing) hacer un baño en la playa de Isolabella y visitar Taormina al ritmo de los lametazos de un helado italiano y los disparos de miles de cámaras fotográficas. Marina y Hèctor lo pasan fenomenal playa+funivia+piscina del alojamiento.
Baño en la playa de Isolabella

Sur: Ragusa Ibla, Scicli, Punta Secca.
Zona calma, clima árido, trazado de paredes de piedra seca y casas de campo en medio de olivos, almendros, encinas y ganado. C. y F. nos reciben en su casa encantadores ambos, sus consejos nos sirven para descubrir tres lugares especiales y diferenciados entre ellos: la hacienda La Bufala, una perla del renacimiento como es Scicli y las tranquilas playas de Punta Secca.
Vista de Scicli, con Sta. Maria la Nuova al fondo

Nada más llegar nos acomodamos en las habitaciones y nos damos el primer chapuzón en la piscina, ideal para Marina y sobretodo Hèctor… no cubre en una granzona, es perfecta y el tiempo acompaña. El agriturismo por si mismo bien merece una estancia en esta parte sur de la isla, desayunos destacables y posee una cocina perfectamente equipada para uso de huéspedes. La primera noche decidimos ir a cenar fuera y C. nos aconseja La Bufala… ufff grande, nos espera una orgía gastronómica, buenísima por cierto, de todo aquello que se puede obtener de una búfala, empezemos: 1 Kg de mozarella para 3 personas, pizza de mozzarella y mozzarella rebozada, bistec de búfala, carne de búfala en salsa (espectacular), ensalada de tomates especiados excelentemente, jamón, agua, vino, cannolini de ricotta y sandía. Aconsejable 100%, no solo por la comida, sino porqué los peques disfrutaron viendo a las búfalas y porqué está a 5’ del alojamiento (20 €, si vais a cenar es mejor comer poco ;) )
Punta Secca

El segundo día en esta zona lo dedicamos por la mañana al baño en la playa de Punta Secca: sol, arena fina, aguas poco profundas y limpias, poca afluencia de bañistas, y un paisaje relajante sin edificios en primera línea de mar. Para comer, nos acercamos a Marina di Ragusa a la “Trattoria di Carmelo” buen consejo de Boris, buena comida y inmejorables vistas de la costa ragusana, que recuerdan a los Beach Club de la costa este americana.

Cannolo, granita y brioix en el Antico caffè, Piazza Busacca

Por la noche visitamos Ragusa Ibla, muy guapo y recomendable. Al día siguiente seguimos el consejo de F. y llegamos hasta el pequeño pueblo de SCICLI, una joya del renacimiento poco conocida, y que la recomiendo fervientemente. Calles e iglesias ancladas en el tiempo de su construcción, un patrimonio espectacular y nada artificial, precioso y fácil de recorrer sobre todo si viajas con niños. El interior de las iglesias y los artesanados de balcones y palacios son de ejecución preciosa. Recomiendo hacer una parada en la Piazza Busacca sentarse en el Antico Caffè y tomarse una granitta de limón, o un cannolo, o un brioix, o todo a la vez buenísimo. Nos sorprende saber que en esta zona se desayuna un brioix con granizado!!
Trattoria da Carmelo, Marina di Ragusa

Scicli

Oeste: Cornino, Scopello, Erice, Segesta, Palermo y Monreale.
El final del viaje transcurre en la zona de Trapani, nos alojamos en Busseto Palizzolo, este alojamiento por situación es ideal… está a 20 minutos de todo!! Es céntrico y confortable. Nos recibe A. y nos recomienda comer en la trattoria “Pepe i Nino” a 5’ de la casa encontramos una trattoria de comidas muy caseras y típicas de la zona: busiata que es la pasta típica (muy buena), carnes a la brasa y un entrante de olivas, tomates secos y anchoas muy aconsejable. Por la noche nos acercamos a las fiestas de Buseto, donde hay una parada de casetas con oficios populares: cestería, alfombras tejidas a mano, cerámicas y pintura… hay comida popular y una busiada. Nosotros tomamos algo en el bar de la plaza Falcone: unas pizzas pequeñas muy buenas y arancini unas bolas fritas de arroz y ragú (1,5 € la unidad de arancini o pìzza).
Las playas de Cornino y Scopello son de aguas azules, limpias y transparentes, las disfrutamos. Scopello es una barriada marinera situada a la entrada de la zona protegida de lo Zingaro, vale la pena visitarla y comer en “il Baglio” por la tarde nadar en la tonnara de Scopello (3€ los adultos la playa es privada pero merece la pena).
Cornino, San Vito lo Capo

Al día siguiente descubrimos el pueblo medieval de ERICE, situado a a 700 m de altura domina toda la zona de Trapani, la llaman la Montagna del signore pues como en casi totalidad los pueblos sicilianos a cada calle le toca una Iglesia, convento o Duomo. Estamos en pleno agosto pero no hay aglomeraciones, es un placer pasearse por este empinado pueblo. La iglesia que más nos gustó San Martino. Ah!! No dejéis de probar el cous-cous de pesce en cualquiera de sus trattorias os lo ofreceran.
Terminamos la tarde en Segesta (cierran a las 18h) allí observamos las ruinas que se encuentran en excelente estado del templo inacabado de 36 columnas, precioso, una vez más una visita sin aglomeraciones… espectacular.
Templo de Segesta
El día de partida nos despedimos de Trapani y apuramos las vacaciones en Palermo y el Duomo de Monreale. Palermo es caótico, desordenado, barrios enteros en decadencia, pero a la vez fascinante. Paseamos y comemos en el mercado de la Vucciria, como dice Boris parece un mercado persa. Comemos en la trattoria “Mascheroni” situada entre paradetas de pescado, frutas, especias… pequeña, acogedora y recomendable: pasta y risottos muy buenos.
Tras visitar el Duomo de Palermo nos despedimos visitando Monreale… el contenido supera el continente… que interior!!!! La decoración utilizando la técnica del mosaico es de lo mejor que he visto nunca, los mosaicos dorados hacen que el interior tenga luz propia, es sobrecogedor.
Palermo, mercado de la Vuccirìa
Gracias Boris por las recomendaciones siempre acertadas
Hèctor, Marina, Marta, Fina y Jordi.


martes, 2 de agosto de 2011

“S” de Sicilia, de Sorpresa y de Sobresaliente

Articulo escrito por Edurne e Iñaki

Así es, Sicilia es “S” de Sorpresa por muchos motivos. Primero, por nuestro -en el caso de mi pareja y de mí mismo- desconocimiento, es decir, por sólo tener noticias basadas en los tópicos de siempre y en las sensacionalistas noticias en torno al Etna. Eso y poco más: algunas referencias superficiales de amigos o familiares, que son las que te generan el “gusanillo” de visitar esa isla.
Palermo entra dentro de lo esperado, pero no por ello es menos interesante; muy al contrario: disfrutamos mucho de su barrio antiguo, de la magnífica capilla palatina del palacio real, de su catedral, de su mercado, de Monreale, de su gastronomía, de la amabilidad de sus gentes, del ambiente de las calles… Otra cosa digna de observar era el tráfico (de personas y de vehículos), hasta que pillamos la lógica de su funcionamiento que, contra lo que parece a primera vista, sí existe: el que coge “la posición”, sea peatón, ciclista o conductor, es quien tiene la preferencia, y lo del código de circulación, etc. pertenece al mundo exterior o ajeno a la isla. Alojamiento correcto.
Durante los días siguientes se sucedieron las visitas, paseos y disfrute de numerosas ciudades, pueblos, anfiteatros, catacumbas, etc.: Cefalú, Catania, Acireale, Siracusa, Taormina, Isolabella, Palazzolo… Sorpresa tras sorpresa: patrimonio artístico griego, normando, barroco siciliano…; hasta el punto de que justo nos quedaba un poquito de tiempo para un rico helado, una cerveza y unas excelentes pizzas. Con tanto para visitar, la piscina de la casa rural donde nos alojábamos sólo la veíamos al llegar y marchar cada día; ¡una pena! Lo que sí disfrutamos fueron los paisajes, de costa o de montaña (éstos recuerdan mucho a los paisajes alpinos) y que también constituyeron una sorpresa: salvo el sur de la isla, que se atenía a lo esperable de una isla mediterránea, el resto era mucho más verde y agreste y espectacular. Incluido el ascenso hasta cota 2.000 del Étna y un precioso paseo por la zona -donde nos llovió con ganas-. La cumbre quizás para otra ocasión… El alojamiento muy agradable y con una atención fuera de lo común, por parte de su propietaria G.
Pero el viaje continuaba y las sorpresas agradables se sucedían: Ibla, Modica, Noto, Agrigento… Con todo, sacamos tiempo para un poco de playa y -esta vez sí- para la piscina de la mejor casa rural que nos podíamos imaginar: ¡un lujazo y una exquisitez difíciles de igualar! (y con auténtico mozzarella de búfala en el buffet del desayuno, tartas caseras y un buen vino siciliano a precio asequible en la habitación). En fin, el no va más. Pero no vamos a dejar en el olvido Agrigento, ya que esa ciudad griega justificaría por sí sola la visita a la isla: ¡una maravilla! El alojamiento: matrícula de honor.
La verdad sea dicha, teníamos pocas expectativas con respecto a la última parte de la isla a visitar: el Noroeste. Pero, la sorpresa surgió una vez más y de forma bien diferente a lo visto hasta entonces. Además de la medieval Erice, de Trapani o de Segesta, disfrutamos con las salinas de Marsala, con la reserva natural de Zingaro –y baño en una calita de las de recordar- y con la cena con vista al mar en Castellamare. En fin, que completaron el abanico de todas las opciones necesarias para redondear unas “vacaciones de ensueño”. El alojamiento bastante bien.
En definitiva, si paisaje, clima, arte, gentes, gastronomía, etc. -incluso los precios- son excelentes (¡lo decimos de todo corazón!), ¿qué más se puede pedir en vacaciones?
La verdad sea dicha: nos pusimos en manos de TRINAKRIA TOURS para que nos organizasen las vacaciones (seleccionasen los puntos de estancia, los alojamientos, el coche de alquiler nos orientasen en la visita a Sicilia) y les tenemos que poner un SOBRESALIENTE por su trabajo.
Sólo nos arrepentimos de una cosa: no haber destinado más que 11 días (10 noches) a una isla que como mínimo necesita dos semanas…, y ¡mejor si son tres! (los archipiélagos que tiene Sicilia sólo los conocemos de nombre, claro está).

Edurne e Iñaki