jueves, 3 de noviembre de 2011

15 días en Trinacria


Los dos primeros días, Palermo y Monreale, la lluvia nos ha acompañado y, aunque en algún momento se empeña en persistir y nos obliga a guarecernos, vamos preparados con chubasqueros y visitamos lo que teníamos previsto; eso si, invirtiendo algo más de tiempo. Los mosaicos de la Capilla Palatina preciosos. Muy recomendable también el Duomo de Monreale, merece la pena subir a la terraza por las vistas. Hemos probado el transporte público, conviene tener paciencia.
Las calles de Palermo, de gran ciudad, de cafeterías y pastelerías, de tiendas y palacios y “palazzettos” (que se intuyen futuros hoteles), ajetreo relativo mediterráneo, de noches de wine bar y buena comida. Recomendables las copas de Kursaal Kalahsa en las murallas del puerto (propiamente, dentro de las murallas), que además de bar es también restaurante y librería.
De camino a la zona del Etna nos desviamos para visitar Cefalú, ahí sobre las olas rompientes. Merece la pena dar un paseo por sus calles, y sus playas y seguro que también un baño, si el tiempo lo permite, que no fue nuestro caso. También nos encantó visitar los lavaderos medievales tan bien conservados y esa agua tan limpia.
El cruce de la isla por el centro es un cambio de paisaje, de la poblada y rica costa a las extensiones despobladas cruzadas por una autopista que durante kilómetros se eleva sobre los campos ocres, negros, diseñados por el hombre, algún rebaño de vez en cuando le da movimiento al paisaje y demuestran que no está del todo deshabitado.

La zona del Etna rica, la tierra generosa ofrece las vides, los olivos, los frutales y esta riqueza se acompaña de pueblos diseminados en la base del volcán que lo rodean recogiendo sus frutos. Merece la pena dejarse perder por las carreteras que unen estos pueblos y comprar algún rico melocotón a los vendedores ambulantes.
El Etna impresionante: a tus pies la fuerza de la naturaleza viva, las nubes que vienen y van, el tiempo puede variar en segundos. Puedes tenderte sobre la lava deshecha, negra, mullida, retirar la primera capa y sentir el suelo caliente, y, entre el negro, buscar los verdes del azufre y los rojos del hierro. La sensación a 2900m con la vista de la cima humeante es fantástica. Absolutamente recomendable subir. Quizás si el día hubiera sido claro la vista seguro hubiera sido espectacular, pero tener a los pies un mar de nubes y sobre la cabeza el cielo azul también tiene su encanto.
Visita a Taormina, vivir lo turístico de sus calles y restaurantes como eso, turístico, de postal pero merece la pena el teatro, su ubicación y sus vistas. En la zona de Giardini Naxos por fin el tiempo nos permite un baño. Las aguas limpias, no podemos decir lo mismo de la arena. Una visita a Acireale nos pone en contacto con los aperitivos de la tarde y la “passeggiata”, ciudad no turística, puede uno perderse entre los sicilianos y, como la mayoría de ciudades rellena de iglesias, pavimentos empedrados y bodas que visten a la gente de ceremonia.
teatro de Siracusa

Dejamos la zona del Etna para bajar al sur y pasamos por Siracusa, legendaria, tan famosa en todo el mediterráneo, piedra clara. La zona arqueológica, muy grande, también es espectacular. Hemos encontrado algunas partes dejadas, poco cuidadas, como el anfiteatro, con hierbas altas que esconden su belleza. Suponemos que tienen tanto patrimonio que debe costar mantenerlo todo.
Ya en el sur nos dejarnos transportar al barroco, recargado, piedras esculpidas en fachadas atiborradas de esculturas, columnas, santos y obispos combinados con palacios señoriales: Noto, Scicli...
Balcón de Noto

Un descanso a tanto barroco supone la visita a la villa romana de Tellaro: preciosos mosaicos bien conservados donde se pueden leer historias no escritas sobre el suelo de las habitaciones. Absolutamente recomendable a pesar de las pocas salas excavadas.
 Mosaico de Tellaro

La zona del sur tiene su encanto en los pueblos, como Marzamemi, y en la zona de playa de Marina di Ragusa se puede comer bien en restaurantes construidos literalmente sobre las olas, pero no se escapan del mar de plástico que nos ha recordado la zona andaluza de Almería, con interminables kilómetros de invernaderos. Aquí la lluvia nos ha hecho alguna mala pasada al encontrar carreteras inundadas pero la cosa no ha pasado de “aventurilla”.
 
Templo de la Concordia

La zona de Agrigento: precioso valle de los Templos, no hay desperdicio, magníficos y tan bien conservados. Hemos hecho visita nocturna que ha tenido un encanto especial no sólo por los templos, que ellos solos merecen día y noche, sino porqué ha coincidido una espléndida exposición de Mitoraj que estará hasta noviembre y que le da un encanto especial al conjunto arqueológico. La visita diurna ha sido mucho más extensa y hemos podido también visitar la zona de la antigua ciudad de Akragas y pasear por los antiguos Cardo (calles) principales entre viviendas que se adivinan.
Camino de la ultima etapa del viaje hemos parado en Scala dei Turchi, en el pueblo de Realmonte. Acantilados de una roca blanquísima, blanda, escalonada, le da un aire irreal al paisaje, pero un baño en las aguas frescas te devuelve a la realidad. Merece la pena visitarlo temprano.
Scala dei Turchi

La parte de Trapani y final del viaje. De la zona más al norte destacaríamos San Vito lo Capo con su playa de arena blanca y su agua cristalina, ese azul pastel de las aguas calmadas, y además tuvimos la suerte de que no quedaban muchos turistas y gozamos de un baño ideal. También es visita obligada Erice, que después de ascender por una tortuosa carretera se llega a ese cerro extendido cuya cumbre configura un pueblo empedrado y bien cuidado, se nota el fresquito. Como todo, también turístico, pero las vistas son espectaculares: las islas Egades, la ciudad de Trápani… Y, claro, visita a la famosa “pasticceria Maria Grammatico” con su derroche de dulzor. Nosotros subimos por un lado de la montaña y bajamos por la parte norte que tiene otra visión también muy recomendable.
Por la parte sur de Trápani nosotros optamos por visitar la isla de Mozia (fundada en el s. VIII a. C.) que, tras un paseo en barca desde las calmadas salinas y con una ridícula profundidad que te permitiría ir a pie, se aparece la isla que fue una fortificación fenicia. El museu de Whitaker y un paseo por la isla te ofrecen la visión de la grandeza del pasado y la exquisitez artística con una escultura especial que es la joya del museo: el “Giovane di Mozia”. A nosotros que nos gusta lo antiguo también nos apeteció perdernos por el museo de Marsala que se extiende más allá de sus muros con villa romana incluida.
gradas del teatro de Segesta

Camino del aeropuerto, últimas horas, pasamos por Segesta: impresionante, el templo inacabado y, sobretodo, el precioso teatro griego, tan bien conservado, un sonido impecable y una vista preciosa de lo que fue el puerto de Segesta: Castellammare del Golfo. Un recorrido final por la costa que une este pueblo con el aeropuerto nos ha dejado un regusto un poco malo: hemos intentado un último baño pero la suciedad de las playas, una tras otra, no ha hecho desistir.
Bullicio en la “Passeggiata” al atardecer

En general decir que los lugares en los que hemos estado alojados han sido perfectos, tanto el establecimiento, como su ubicación y también, y muy importante, los propietarios que, con trato familiar, han sido a la vez que profesionales amables y dispuestos con buenos consejos sobre la zona. Los establecimientos pequeños se prestan a la proximidad.
Como nota negativa la suciedad que inunda los arcenes de las carreteras, y las playas, incomprensible. Al igual que a la conducción te puedes acostumbrar aunque sueltes algún gruñido, pero a la suciedad no y han sido kilómetros de carreteras con bolsas de basuras tiradas, una pena.
Sin embargo nos quedamos con la sensación de que Sicilia es una isla muy viva, sus gentes animadas y sociables, de paseos vespertinos, sus campos ricos y su patrimonio extenso, de todas las épocas, hacen entender que todas las culturas la hayan deseado.

Paco y Maite

Pedida de mano en Sicilia

Hola! Somos Estela y  Antonio, nuestro viaje a Sicilia fue por casualidad, estando planeando las vacaciones de septiembre pensamos en ir a New York a visitar a un pariente, pero justo esos días salió la noticia de que habían "matado a Bin Laden". Como nuestras vacaciones iban a coincidir con el décimo aniversario del 11 S, nos entró un poco de miedo y decidimos cambiar el destino. Recordando las fotos de una revista del corazón donde salia la Duquesa de Alba en Sicilia, pensé que era un destino muy atractivo y allí nos fuimos. Llegamos de noche a Palermo, y allí nos esperaba un señor encantador que nos llevo al B&B, y hablando con él nos preguntó que si queríamos nos daba una vuelta por Palermo. Encantados accedimos y conocimos Palermo de noche y nos pudimos hacer una idea de esa gran ciudad. La ciudad es inmensa, con edificios muy grandes e impresionantes, nos gustó mucho. El contraste era la suciedad y que nadie respeta las normas, lo cual, cuando acabas aceptándolo, es muy practico, porque todo el mundo sabe lo que tiene que hacer y no se sufre de estrés cuando entras en su dinámica. A mi me recordó un poco a Lisboa, ciudades muy bonitas que aun no han tenido la suerte de estar con la cara lavada. Escaparates con santos, vírgenes y el Papa a tamaño natural, tiendas de todo tipo de ropa para curas...., todo muy curioso. La visita por Palermo incluyó una boda típica con gente tradicional siciliana, o eso nos pareció.
Las vacaciones continuaron hacia el "grandioso Etna", en ruta visitamos pueblos medievales, muy bonitos y llegamos por la tarde a Siracusa, ciudad no muy leja del Etna, nada mas aproximarnos ya se veía al volcán respirar humo. En esos días la luna estaba llena y el alojamiento era perfecto. Era el día 10 de septiembre, cumpleaños de Antonio y día donde le tenia preparada una cena sorpresa de pedida de matrimonio en la casa donde nos alojamos. La cena fue PERFECTA, los anfitriones mejores no podían ser, los platos típicos sicilianos que nos pusieron estaban deliciosos y, durante el postre, una tarta de pistacho y chocolate servido  junto con el champagne, Antonio se adelantó y sacó un anillo para pedirme que me casara con él, antes de contestarle le dí su regalo, unos prismáticos para que pudiese contemplar toda la belleza de la zona, y le pedí que se casara conmigo, los dos dijimos "SI", con el Etna de testigo. 

Al día siguiente hicimos la ruta de los pueblos de la falda del Etna, todos muy bonitos, la mayoría medievales. Una de las iglesias que vimos estaba construida con roca negra volcánica, al igual que muchas de las casas de la zona. Laderas de pistachos y unos cementerios muy, muy bonitos con unas vistas preciosas, todos en las laderas (a mi me encantan los cementerios). El segundo día en la zona lo dedicamos al Etna, donde subimos en funicular, y 4 x4 hasta la cima. La gente de la zona convive con el Etna de una manera muy natural, forma parte de sus vidas, sin tenerle aparentemente miedo. Lo que menos nos gusto y nos pareció indignante fueron todos los lados de la carretera llenos de bolsas y bolsas de basura, todo hecho una porquería. Por la tarde fuimos por la costa hasta Taormina, pueblo turístico donde los haya, imposible de estar e imposible de gastar, todo carisimo. Bajamos hasta Catania recorriendo los pueblos de la costa, donde volvimos a encontrarnos mas bodas (seria un presagio, jejjeje) bodas de lunes, curioso! 
Al día siguiente nos fuimos otra vez de ruta hacia la zona de Trapani, pasando por San Vito lo Capo y por Segesta; Este lugar me enamoró, el templo y el teatro son de lo mas bonito que he visto. El teatro te transporta a la época donde pudieran estarse representando obras de tragedia con el fondo verde, y extendiéndose hasta el mar, muy bien conservado. Y el templo emergiendo de la colina al atardecer, metiéndose el sol por entre las columnas, ¡sin palabras!. Llegamos al B&B y la piscina dejaba que nos relajáramos de ese día tan intenso y tan caluroso. En este alojamiento hay muchos gatos y puede resultar incomodo, sobretodo si eres alérgico al pelo lo puedes pasar mal. 

Nuestro último día completo en Sicilia lo empleamos para visitar Selinunte, también sin palabras! El un sitio privilegiado donde está ubicado, justo al lado del mar, lo rinde MÁGICO. Cuando te pones cerca de una de esas piedras caídas, que en su día fueron parte de un templo, te sientes una pulga, algo diminuto, no te explicas como pudieron conseguir construir esos monumentos con los medios que tenían. Por la tarde fuimos hacia las salinas, Trapani y el inalcanzable pueblo de Erice. ¡Que subida! ¡que mal rato! pero al llegar arriba comprendes muchas cosas sobre los libros que lees de aventuras en la edad media. Un pueblo muy turístico también, pero muy bien conservado.
Y fin de nuestras vacaciones, conociendo solo una pequeña parte de Sicilia, y con ganas de dedicarle otros días de vacaciones. Cada parte de la isla es distinta. El idioma hace que no te sientas mal, ya que lo entiendes perfectamente. Su gastronomía riquísima. Por cierto, los dueños del agroturismo de Fulgatore también son expertos cocineros y pudimos comprobarlo con una exquisita cena que nos prepararon. 

Sicilia es una gran isla para descubrir, donde el sol te hace siempre compañía.

Esta es la historia de nuestra pedida de mano...y por cierto el 16 de junio del 2012 ¡NOS CASAMOS!