martes, 20 de diciembre de 2011

El Museo de Arquímedes en Siracusa

Recientemente se inauguró en Siracusa el primer museo de ciencia interactivo del sur Italia, dedicado al más importante científico de la antigua Grecia: Arquímedes, nativo de Siracusa. Se llama "Arkimedeion" y se encuentra en la homónima plaza a el dedicada (Piazza Archimede). Un museo que traza la vida de Arquímedes y "tocar" con mano sus ideas extraordinarias, un recorrido por la historia y la leyenda para descubrir la investigación que lo hizo famoso: de la hidrostática a la mecánica, de la geometría a las matemáticas hasta la astronomía. Diseñado por un equipo de expertos en física y ciencias de la comunicación del CNR y la Universidad en colaboración con expertos y estudiosos de la obra del gran científico griego, que vivió en Siracusa entre 287 y 212 a. C., la visita ha sido organizada en colaboración con la Fundación Caja de Ahorros y Pensiones de Barcelona bajo la dirección del arquitecto Jorge Wagensberg. En el museo se reproducen todas las máquinas más importantes inventadas por Arquímedes, de la catapulta a la cóclea, todas completamente funcionales y utilizables por todos los visitantes.

Pulsando aquí se podrá ver el vídeo realizado por el diario italiano La Repubblica.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Viaje a Sicilia de Iñaki y Anna (27/09 al 11/10/2011)

Llegamos al aeropuerto de Palermo en vuelo procedente de Barcelona, y allí mismo recogimos el coche que durante toda nuestra estancia en la isla nos trasladaría por ella.

Nos recibió un día grisáceo, y un suelo mojado por la lluvia previa a nuestro aterrizaje. Y con la guía “Sicilia” de Miguel Reyero siempre a mano iniciamos nuestra andadura por Trinakria.
La primera parada, camino de nuestro primer hospedaje, fue en Cefalú. Empezamos el recorrido por este pueblecito de la costa tirrénica, haciendo un alto para comer mientras una tormenta remojaba el pavimento sin remojarnos a nosotros. Comimos un plato de buena pasta, y como que los nubarrones no presagiaban nada bueno decidimos no subir hasta la Rocca durante el paseo reglamentario por el pueblo.
Reemprendimos el viaje, y tras una breve parada en Sto. Stefano de Camastra llegamos a Santa Ágata di Millitello. Nos vino de maravilla el navegador (al que habíamos programado las coordenadas de las casas rurales en que íbamos a alojarnos) para plantarnos en la entrada del primer alojamiento. Allí nos recibió Regi, y el rebuznar de los burros que están en un acotado situado entre el acceso a la finca y la zona de huéspedes.
A la mañana siguiente el día seguía grisáceo, pero menos. Por la noche había caído una buena tormenta con mucho aparato eléctrico, y entre la bruma matutina se entreveía el pueblo de Sta. Ágata, su puerto y el mar. Desayunamos al aire libre, en una mesa preparada con el detalle de unas florecillas recién cogidas. Y conocimos a M., y como no ¡a sus super deliciosas mermeladas caseras! ¡vaya cosa más rica! A Iñaki le chifló la mermelada de higo, y a mí la de mandarina.
En ese nuestro segundo día del viaje decidimos, aconsejados por R. y M., dirigirnos hacia la zona interior de Madonie, por una carretera que muestra la distinta vegetación según se va alcanzando altitud. El orden de visitas fue Castelbuono, Petralia Soprana (Petralia Sottana nos la saltamos por falta de tiempo), y Gangi.

Gangi
Las nubes que nos acompañaron durante toda la jornada nos impidieron la visión del Etna, y para ello nos tuvimos que conformar con la hermosa foto que había en el comedor del sencillo pero agradable lugar en el que comimos en P. Soprana, del que no recuerdo el nombre y que estaba frente a una fuente, con sabrosa comida a la parrilla. El circuito lo completamos pasando por Nicosia y de nuevo por Sto. Stefano. El trozo de carretera desde Gangi hasta Nicosia nos costó bastante hacerlo, pues actualmente la carretera está muy deteriorada y con trozos en obras. Menos mal que el firme de dicha carretera nos obligaba a ir despacio, porque de repente te encontrabas con trozos que cualquiera diría que habían sufrido los efectos de un terremoto (es lo mejor que se me ocurre para describir el estado del pavimento semi-hundido). Y encima ya había anochecido. Y además… de repente una cabra ¡y negra para más inri! parada en medio de la calzada (¿tenía la cabra aficiones suicidas? nosotros no la atropellamos, pero no sabemos lo que le pasaría después si no se retiró de allí). Por la noche nuevas tormentas, que dejaron paso a un amanecer despejado y soleado.
Tercer día de vacaciones en el que nos dirigimos, tras el desayuno y las ricas mermeladas, hacia Milazzo, y desde allí a las Islas Eolias.

 Islas Eolias desde Vulcano

Allí cogimos el aliscafo (hidroplano) que tras unos tres cuartos de hora de navegación nos trasladó hasta Vulcano. Subida hasta el cráter, desde el que hay una buena visión de ese conjunto de islas, aunque Stromboli justamente se adivinaba entre la bruma marina. Y desde allí otro aliscafo que nos llevó a Lípari. Dada la hora lo primero comer, en Trattoria D´Oro (en la guía lo indicaba como barato, pero no nos resultó así). Recorrido por el pueblo. Un helado en Subba y al barco. El regreso lo hicimos en vez de aliscafo en un barco grande de transporte y carga, con breve amarre en Vulcano. Dos horas de viaje que nos obsequió con una hermosa puesta de sol, con un horizonte próximo en el que se perfilaban las siluetas de las islas (si no se tiene prisa es aconsejable este lento regreso a Milazzo, por esas magníficas y sosegadas imágenes, y por observar desde la cubierta de proa las maniobras de amarre y carga). Conclusión de esta jornada: las Islas Eolias necesitan se les dedique una semana a ellas solitas, para recorrerlas y para disfrutarlas. Seguro que se lo merecen.

  Islas Eolias

Cuarto día y cambio de zona de hospedaje. Nos despedimos de M. y R., y de su juguetona perrita. Y siguiendo su recomendación nos dirigimos hacia Tíndari, donde junto a las ruinas de la ciudad griega se encuentra el santuario de la Madonna Negra. A sus pies la zona de Laghetti di Marinello. Pese al hermoso y soleado día la bruma marina nos impide ver la silueta de las Eolias desde este mirador que brinda la naturaleza.
Proseguimos ruta con parada en Taormina. En todo lo que llevábamos de viaje no habíamos sentido agobio turístico, ni lo sentiríamos después tan siquiera en el Valle de los Templos, pero sí en esta bella localidad. Reseñar que la hermosura de Isola Bella sólo la pude contemplar yo y de pasada porque iba de copiloto, ya que resultó imposible aparcar en sus proximidades. Accedimos a Taormina utilizando el teleférico al tener suerte de encontrar un hueco para aparcar en el parking que hay al pié del mismo. Los precios son turísticos, o sea caros. Para colmo, y por unos pocos minutos, no pudimos acceder al teatro griego pues acababan de cerrar la entrada. Desde los jardines Villa Comunale hay una bonita panorámica sobre la costa.

 Escultura en Taormina

Y de allí hasta Ragalna, localidad situada en la zona sur del Etna, y en donde estaba nuestro segundo punto de alojamiento. Ahí no nos sirvió de nada el navegador y dimos un montón de vueltas por las callecitas de la zona hasta poder encontrar la casa. Llegamos bastante cansados y sin tan siquiera cenar decidimos acostarnos.
A la hora del desayuno V., propietaria de la casa junto a M., nos mostró el Etna desde la trasera de la vivienda, oculta su cumbre por nubes altas. Nos facilitó el teléfono de un guía de montaña, pero éste se hallaba en otra zona y nos remitió a Grazia, con la que acordamos una excursión por la zona del Etna para el día siguiente. Y esta jornada decidimos dedicarla a visitar Catania y Acireale, ya que según nos indicó Virginia no merecía la pena desplazarse hasta la villa romana de Casale por estar gran parte de ella cerrada por labores de restauración (¡qué pena perdernos la visión de sus mosaicos!). Por localización descartamos también la visita a Piazza Armerina, próxima a Casale.
De Catania reseñar, sin desmerecer a sus monumentos, lo interesante de la visita a su concurrido mercado del pescado. Curioso como colocan en los puestos de venta las cabezas de los peces espada. En las calles adyacentes a éste estaban los abundantes puestos de frutas y verduras, de carne, de quesos… Muy colorista.

 Catania, mercado

En Acireale nos incorporamos a “la passeggiata”. En la calle había mucho ambiente pues en su catedral se estaba celebrando el nombramiento del nuevo obispo (o cargo similar), aunque ello nos impidió visitar el interior del edificio. La celebración de varias bodas en otros templos ponía la guinda festiva a la ciudad. Y no quisimos vencer la tentación de un par de deliciosos helados antes de partir. Conseguimos cerámica artesanal y original de Caltagirone en una pequeña tienda, ya que en nuestra ruta no entraba dicha localidad.
Al día siguiente y tal como habíamos quedado, a las 9:30 en Nicolosi, nos encontramos con Grazia Pitruzzella. El día resultó bastante nublado, y por ello imposible apreciar las partes altas. Caminando por un ascendente camino llegamos hasta poder contemplar desde un punto de su parte superior el valle del Bove, y del cual subían esas nieblas tan típicas en los montes de cierta altura. Asombroso que allí hubiera habido un cráter con 4000 mts. de altitud. Vimos una manada de zorros, familiarizada con la presencia humana y por ello nada asustadiza. Rodeamos la boca de uno de los numerosos cráteres de la zona. Grazia nos fue explicando cosas sobre las distintas coladas de lava (abundantísimas y enormemente impresionantes) e informándonos sobre las distintas erupciones de las últimas décadas. También estuvimos en una cueva formada por la lava en su deslizar ladera abajo. Un agradable día al que le faltó sol y cielos despejados que nos hubieran permitido observar, no sólo hacia arriba, sino también la extensa panorámica que se extiende por la zona sur del Etna.

 Zorro en el Etna

Hicimos buen apetito con la excursión, y por ello entrábamos los primeros a cenar en la pizzería que nos recomendó Virginia. Excelentes y enormes pizzas, con animado ambiente en La Vecchia Botte.
Y llegó el momento de despedirse, justo cuando esa V. que en un principio nos había dado la impresión de ser una persona muy reservada se había convertido en una persona habladora. Las mermeladas que nos servía para desayunar eran elaboradas por ella y estaban muy buenas, todo hay que decirlo. Y dejamos esa casa rodeada de viñas, a sus dueños, y a sus tres perros (un recuerdo para la juguetona Nina, aún cachorra).
Camino de nuestro nuevo punto de destino aprovechamos a hacer parada en Siracusa Ortigia. Sol radiante que aún destacaba más el azul del mar que la rodea. Recorrido de rigor siguiendo las indicaciones de nuestra inseparable guía, y comida. De su puerto parte un enorme velero ¿a dónde irá?

 Ortigia, Siracusa

Como que íbamos bien de tiempo decidimos llegarnos a Scicli, donde resultó que nos paramos a hablar con un simpático personaje, Ninu Manenti, que tiene en la Vía Guadagna una hojalatería. Es digna de ver y de conversar con su propietario. Así se nos pasó el rato y decidimos que en otro momento volveríamos a Scicli para recorrerla, pues nos pareció que merecía la pena.

 Ninu, hojalatero de Scicli

Llegamos a nuestro tercer alojamiento cerca de Santa Croce Camerina. Al llegar ya nos impresionó el lugar, pero al día siguiente vimos la magnífica rehabilitación que F., su propietario, ha llevado a cabo. Y ofertan a los clientes una serie de servicios sin cargo adicional (cocina, lavadora). Para desayunar un buffet muy bien surtido. Impresiona como un lugar muy grato para una estancia prolongada.
Pero lo nuestro era conocer sitios y por ello al día siguiente a nuestra llegada fuimos hasta Ragusa, y caminando desde allí hasta Ragusa Ibla, en dónde nos recibieron unos nubarrones negrísimos que descargaron una buena tormenta, para luego dejarnos concluir el día sin más alteraciones climatológicas. Recorrimos las calles de Ragusa Ibla, y visitamos todo lo visitable. Comimos muy a gusto en la Trattoria Bettola, y cogimos el autobús que nos acercó a nuestro coche aparcado en Ragusa Superior.

 Ragusa Ibla

De allí nos desplazamos hasta Módica y recorrimos los lugares que la guía reseña. Y no pudimos abandonar el lugar sin hacer unas compras de chocolate en la Antica Dolceria Bonaiuto.
Y nuevamente Scicli, dándonos esta vez tiempo para ver lo más destacado del lugar. Mira por donde descubrimos que la foto de la portada de la guía que llevamos corresponde a un edificio de Scicli.
A la mañana siguiente estuvimos visitando el castillo de Donnafugata, y tras una buena comida en Al Terrazzo visitamos Noto, la ciudad resquebrajada por el terremoto de 1990. No se ha cumplido la profecía de Bufalino, pues sus edificios importantes han sido reconstruidos prácticamente en su totalidad.

 Castello di Donnafugata
Aparcar en Noto

Cuarta etapa de nuestro viaje, que nos llevó hasta Sant Angelo, pueblo del interior encaramado sobre un monte en cuyas laderas hay una antigua necrópolis.
En ruta hacia allí nos detuvimos en Agrigento para visitar el Valle de los Templos. Un magnífico día nos acompañó, recortándose en el azul del cielo las siluetas de los enormes templos. Sobran las palabras ante tanta magnificencia ¡qué tenía que ser aquello en la época de su esplendor! En cambio nos defraudó la visita a la zona del barrio helenístico-romano.

 Agrigento, Valle de los Templos

En Sant' Angelo fuimos alojados en casa de Gina, una agradable señora mayor que nos habló de sus hijas y nietos. Es una enamorada de Barcelona, ciudad que no conoce personalmente aunque una de sus nietas reside en ella. Un amable Piero lleva la voz cantante en el pueblo, y nos explicó el proyecto turístico que desarrollan pensando en aportar formas de subsistencia a los habitantes del pueblo. Y la dicharachera María, que atiende en el bar-pastelería. En él degustamos sabrosas y abundantísimas cenas. Hay que mencionar la buena pastelería de elaboración propia. Y también a la simpática María, panadera del pueblo que nos preparó un sabroso pan con aceite y orégano.
Desde allí visitamos Palazzo Adriano y los pueblos que se atraviesan hasta llegar a él, como San Bagio Platani, Santo Stefano Quisquina, etc. En uno de esos pueblecitos había entierro ¡nunca habíamos visto tantas coronas de flores juntas! Hasta había un camioncito lleno de ellas. No sabemos si tanta flor será costumbre o si el fallecido-a era una persona muy querida.
Y nuevamente tocó cambiar de zona y por tanto de alojamiento. En la última etapa de nuestro viaje nos dirigimos hacia Paceco (cerca de Trápani).
Aprovechamos la ruta para detenernos en Caltabellota, Selinunte y Marsala.

Selinunte

A nuestra llegada nos recibió M. en la casa de la que es propietario y que ha decorado con todo lujo de acogedores detalles. A la mañana siguiente conocimos a A., artífice de los suculentos desayunos (entre otras cosas unos hojaldres rellenos y recién horneados, que si gusto da verlos más gusto da comerlos, y una exquisita tarta de manzana). ¡Felicidades a A. por su buen hacer en la cocina!
Amaneció con temporal de viento que traía del mar una borrasca tras otra y abundante lluvia. El cielo poblado de negros nubarrones, y el Mediterráneo embravecido.

 Tormenta en Trapani

Decidimos ir hasta las salinas que rodean la isla de Mozia (es tan fuerte el viento que mueve el coche al detenernos). Las Islas Égades apenas se aprecian pese a su cercanía. Aún con todo decidimos subir hasta Érice. No pudimos disfrutar de tan magnífica localidad pues el viento y la lluvia arreciaban todavía más en un emplazamiento alto y despejado como el de Érice. Vimos lo justo pues la inclemencia climática no permitía más, y nos compramos unos exquisitos dulces con los que nos deleitamos mientras entrabamos en calor tomando café en un bar.

 Castillo de Erice
Artesanía en Erice

Al anochecer aminoró la frecuencia e intensidad de la lluvia, pero no el fuerte viento. Pese a ello acabamos la jornada recorriendo las calles céntricas de Trápani.
Al día siguiente, penúltimo de nuestro viaje, amaneció un día soleado y con escaso viento. Nos desplazamos hasta San Vito lo Capo, y de allí a la Reserva Natural lo Zíngaro. Recorrimos la mitad del camino que recorre dicha reserva, en un relajante paseo por esa preciosa zona costera. Merece la pena la excursión completa, pero no teníamos tiempo para completarla pues no sólo hay que ir, también hay que volver al punto de partida en el que ha quedado el coche. Luego nos detuvimos al nivel de los Farallones de Scopello (cobran por aparcar y cobran si quieres acercarte, pero buscando encontramos un sitio de acceso libre que brinda unas buenas vistas del lugar).

Reserva de lo Zingaro

Por la tarde visita a Segesta. Y finalizamos la jornada cenando en Trápani, en la Hostaria San Pietro (nos la recomendó Mario, y de verdad merece la pena).
Y llegó la hora de regresar a casa. Nos despedimos de M. y A., y nos dirigimos hacia el aeropuerto de Palermo para coger el avión que nos llevó a Barcelona.
Es difícil hacer un resumen sobre el viaje, pero voy a intentarlo.
Impresión sobre Sicilia: muy buena, por sus gentes, sus monumentos, sus pueblos, su naturaleza, y sus comidas. Precios razonables que no tienen nada que ver con otras zonas de la Italia peninsular.
Alojamientos facilitados por la agencia: todos ellos buenos, en lugares tranquilos, con propietarios que cuidan del visitante.
Alquiler de vehículo: ningún problema.
Duración del viaje: creemos que bastante apropiada para llevarse una impresión en conjunto de la isla, pero tuvimos que descartar de la ruta lugares que creemos merecían nuestra visita. Hemos regresado a casa con la intención de hacer en plazo no muy lejano un viajecito para visitar Palermo y Monreale, que tuvimos que dejar por falta de días.