viernes, 30 de agosto de 2013

¡Volveremos Sicilia!

Primer día
Llegamos en avión a Palermo, y recogemos nuestro coche alquilado para llegar a Agrigento. Aquí disfrutamos de nuestra primera experiencia con la forma de conducir siciliana. ¡Qué adelantamientos! La raya continua es meramente para separar las dos mitades de la carretera. Tras varias vicisitudes (me confundo con el GPS y acabamos en Trapani), llegamos a destino.

En Agrigento, nos acomodamos y salimos a dar una vuelta por la ciudad. Nuestro alojamiento está muy céntrico y F., el dueño del B&B es un encanto. Nos recibe estupendamente, y nos ofrece un refresco en una de las terrazas del sitio. Estamos muy cerca de la zona de tiendas y compras. Ya es tarde, cenamos (muy bien) y a dormir.

Segundo día
Desayuno en la terraza, ¡que delicia! Hoy nos dedicamos a Agrigento. Primero visitamos la iglesia de S. Nicolo y luego nos vamos al Valle de los Templos. Impresionante. No necesitas irte a Grecia para ver fabulosos templos griegos. La diferencia es que en vez de blancos son rojizos. Después subimos a lo alto de Agrigento a ver el Duomo. Solo se puede ver por fuera, está en obras. La parte alta de la ciudad está llena de casas señoriales (muy señoriales), abandonadas. Qué pena.
 


Comemos en una terraza que vimos el día anterior, con vistas al mar. Agrigento no está en la orilla, pero está en un alto, cerca del mar, con lo que hay lugares desde donde se ve. La comida, como en todas partes de Sicilia, está buenísima (hemos comido muy bien por todas partes) y el lugar es agradabilísimo.

Por la tarde bajamos hasta la Scala dei Turchi, una playa impresionante de piedra blanca. Es domingo y hay bastante gente, pero no demasiada. Trepamos por la escalera gigante que forma la roca blanca. Es precioso. A la ida pasamos por Porto Empedocle, en cuyo cartel pone debajo “Vigàta” (para los lectores de Camilleri).



Para cenar, nos tomamos un helado, en vez de con cucurucho, con bollo. Cosa rica.

Tercer día
A pesar de que está bastante lejos, nos hacemos una excursión a Taormina. No solo por lo bonito que es el sitio, sino porque ¿como nos íbamos a ir de Sicilia sin ver el Etna?.

El camino es largo, pero bonito, con mucho cambio de paisaje, desde trigales que recuerdan a Castilla, hasta zonas casi tropicales. Por el camino se empieza a ver el Etna, con su penacho de humo. ¡Qué emoción! ¡Es mi primer contacto con un volcán activo! En Taormina visitamos el teatro griego y damos una vuelta por la ciudad. Comemos en una trattoria que tiene una terraza emparrada. Probamos la pasta con le sarde (excelente) y caponata (muy buena). 

 

Por la tarde, en el duomo, hay una boda. Nos quedamos allí hasta que llega la novia. Aplaude todo el mundo y creo que salimos en el vídeo de la boda.

Volvemos a Agrigento. Mañana toca cambio de lugar.

Cuarto día
Nos vamos de Agrigento, visitando por el camino un lugar que se llama Aragona, donde se visitan los Vulcanetti de Macalube. Es un resto de actividad volcánica en un parque natural. Hay como unos volcancillos de lodo, pequeñitos, que hay que irlos buscando por el suelo.

Nos trasladamos hasta un pueblito llamado Dattilo, muy cerca de Trapani, donde tenemos nuestro segundo alojamiento. Es una casa rural en mitad del campo. Un lugar muy tranquilo, silencioso por la noche y fresquito. P. y S., los dueños, son muy amables. S. hace muchas de las cosas que luego tomas para desayunar, y las frutas son de los árboles de la casa. Nos ofrece un granizado de limón buenísimo, que hace ella misma.

Por primer día, nos vamos a comer a Trapani, que está solo a 15 minutos en coche y damos una vuelta por allí. Por la tarde aprovechamos para ir a la playa. Hay muchas playas muy grandes en Trapani, con mucha marcha (a veces demasiada) para la gente joven.

A la vuelta, paseo por el campo, ya que lo tenemos cerca, antes de cenar.

Quinto día
El desayuno en un porche, es muy bueno, con cosas preparadas por la dueña de la casa. Luego, nos vamos hasta Cefalù. Nos dicen que está lejos, pero después de la excursión que hicimos a Taormina, nos parece poca cosa.




En Cefalù hay que callejear, meterse por calles estrechas arriba y abajo. Descubres rincones preciosos si te sales de las calles más turísticas. Subimos a lo alto, a una fortaleza desde la que hay unas vistas magníficas. No llegamos al templo de Diana, que está más arriba, porque nos puede el calor. Visitamos también un lavadero medieval y la puerta marina. Es preciosa la hilera de casas que hay a la orilla del mar, y si lo encontráis, un camino de piedra que pasa a través de las rocas de la orilla.

En Cefalú, probamos el cannolo de ricotta por primera vez, una pasada. Y por la tarde a la playa un rato.



Sexto día
Hemos decidido pasar el día en Palermo. Antes, nos desviamos a Monreale, que tiene una preciosa catedral con un claustro digno de verse. También hay que callejear y dirigirse a la parte de atrás de la catedral para ver los ábsides. Aquí venden muchas piezas de mosaico, como los que vimos tan preciosos en la catedral.

Bajamos hacia Palermo, y nos dirigimos primero a ver las catacumbas de los Capuchinos. Queda un cuarto de hora para cerrar, pero nos dice el de la puerta que tendremos suficiente. Es cierto, uf, no es un sitio para quedarse a echar horas, pero es curioso. Todas esas momias, con sus mejores trajes, allí para la eternidad.



Por fin vamos al centro de Palermo. Lo primero que hacemos, es ir al mercado de Ballaro, que nos pilla bastante cerca. Hay que visitar uno de los mercados de Palermo, son totalmente diferentes, llenos de vida y gritos, y ver todo lo que hay igual y distinto que venden. ¡Venden alpicoz!, una especie de pepino extraño que yo he podido comprar en Zaragoza (donde vivo), pero es raro.

Palermo es una ciudad a la vez destruida y a la vez preciosa. Hay calles con casas abandonadas y calles con casas magnificas. Después de comer, nos hacemos una visita guiada en motocarro. Es tremendo, ir rebotando por esos empedrados llenos de baches de las calles más antiguas, pero nos lo pasamos muy bien. Es una turistada, pero es igual. Nos hace dos paradas: en la catedral y en los jardines Garibaldi, para que veamos el árbol centenario. También nos pasa por enmedio de los mercados de Ballaro y la Vucciria.




Visitamos, ya por nuestra cuenta, San Cataldo (encantadora) y San Giovanni degli Eremiti. Me quedo con esta última, una especie de remanso de paz entre el follón de las calles de Palermo. Hay que leer los carteles explicativos: la traducción de ordenador hace que sean prácticamente incomprensibles, muchos están corregidos por los visitantes. También vemos la calle Quattro Canti y la Fontana Pretoria, también llamada de la vergüenza, por sus figuras desnudas. Visitamos también alguna de las iglesias barrocas de la ciudad.

A la vuelta nos vamos a cenar al centro de Trápani y nos ponen una multa de aparcamiento. ¡Qué se le va a hacer!

Séptimo día y último
Antes de salir, pasamos por una cafetería que hay en el pueblo de Dattilo, donde se hacen unos de los mejores cannoli de la zona. Nos compramos dos para postre de la cena, son enormes (y deliciosos).

Luego salimos en dirección a Erice. Es un pueblo medieval, muy cerca de Trapani, también. Está en lo alto de un monte, con vistas preciosas alrededor. Paseamos por calles con un empedrado muy especial, haciendo cuadros y visitamos el castillo, en la parte más alta del pueblo.

A la bajada, nos dedicamos a visitar Trapani, que hasta ahora habíamos visto de pasada. También nos acercamos a pagar la multa, no queremos dejarla pasar. Trapani me recuerda mucho a Cádiz, no se si es por esa luz tan blanca que tiene, o por la silueta que tiene si te vas por el lungomare que se parece mucho, con las cúpulas.




Por la tarde, aprovechamos el último día de playa. Tiene buenas playas Trapani, de arena y aguas muy limpias. Cuando nos cansamos, nos acercamos a ver las salinas y ya de vuelta a nuestro alojamiento, que toca hacer maletas.

Despedida
Por la mañana, salimos hacia el aeropuerto de Trapani, y vuelta a casa. Ha sido un viaje precioso, con muchas cosas para recordar, y muchas cosas que nos dejamos de ver. Creo que nos da para otro viaje, así que ¡volveremos Sicilia!
ANA.

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