jueves, 19 de septiembre de 2013

Un viaje por el Noroeste de Sicilia

Somos dos parejas de Barcelona, de algo más de 50 años, que nos encanta Sicilia. La hemos visitado anteriormente en tres ocasiones y esta vez pedimos a Boris de Trinakria que nos organizara el viaje. Nos aconsejó que fuéramos a la parte Noroeste de la isla, porque a pesar de tener menos recursos que la parte Este, era menos turística y más auténtica. Sugirió que tuviéramos el cuartel central en Trapani. Por fin llegó el día del inicio del viaje,  domingo 7 de julio, y desde Barcelona, con Vueling,  aterrizamos en Palermo a las 3:30 de la tarde. Cogimos el coche de alquiler de Maggiore y desde el aeropuerto fuimos directos por autovía a Trapani. Vuelo, alquiler, ruta… todo como la seda, sin ningún problema. En poco más de una hora ya estábamos en los alrededores de Trapani, en el B&B de M. y A.. Maravillosa casa-villa con unos propietarios encantadores. 


Esa misma noche cenamos en Paceco, un pueblo muy pequeño y muy de donde nos alojábamos. Coincidió que era una fiesta local y la gente del pueblo lo celebraba a la noche en la plaza mayor bailando como se ha hecho siempre, a lo “agarrao”, y algunos con mucha gracia… mientras tanto, nosotros a la fresca, de mirones, en una gelatería tomando una granita de limón y unos gelati. Entrábamos en el ambiente de Italia…  
Al día siguiente fuimos a Segesta. Visitamos un templo griego precioso y ubicado en un valle cerrado muy bonito. Arriba del templo, a un Km aproximadamente, hay un anfiteatro romano en muy buen estado. Hacía mucho calor y en vez de ir caminando para ver el anfiteatro cogimos el autobús que une los dos monumentos. La excursión a Segesta merece la pena. De allí salimos hacia Scopello, pasando de largo, y viéndolo desde lo alto de la carretera, un pueblo muy bonito, Castellamare del Golfo. En Scopello, con unos bocadillos que nos habían preparado en una tienda de ultramarinos, nos fuimos a la cercana Reserva de lo Zingaro, con el plan de hacer una caminata y bañarnos en una de sus calas. 
Reserva de lo Zingaro


Dejamos el coche en el parking de la Reserva y con el plano que nos dieron en la entrada nos pusimos a andar bajo un calor tremendo y por un sendero sin árboles. Una hora después nos dimos cuenta de que si seguíamos así nos íbamos a fundir  y decidimos  bajar a la primera cala que encontramos. Era muy bonita y con agua limpísima, pero quizás podríamos haber estado igual de bien en la playa de Scopello y nos habríamos ahorrado “el calentón”. El paseo por la Reserva debe de ser precioso, pero claro, no a pleno sol de Julio. Un bañito en la piscina del B&B y todo volvió a su ser. Y después de cambiarnos y relajarnos un poco nos fuimos a Trapani (15 min en el coche), a cenar en un restaurante recomendado por Mario y que tiene la terraza enfrente de una iglesia barroca. Luego nos enteramos que es de donde sale la famosa processione dei misteri de semana santa.
El segundo día nos fuimos a las islas Egadi, en concreto a Levanzo. El billete se adquiere en el muelle de Trapani (es muy fácil). El viaje en el barco hasta la isla es agradable. Allí desembarcamos en el único pueblo que hay. Es bonito y las aguas del puerto son azul turquesa y realmente transparentes. Un barquero se nos ofreció para llevarnos hasta la cala de il faraglione. Después de darnos varios baños en esa playa, vigilando las medusas, y de tomar el sol a placer, volvió el barquero para llevarnos a ver la cueva de los genoveses, que tiene unas pinturas rupestres interesantes. Dedicamos todo el día a esta isla. Las conexiones entre islas son muy fáciles, y así, podríamos haber estado la mañana en Levanzo y a la tarde haber ido a la isla cercana de Favignana. En cualquier caso, un día muy bonito.
El tercer día tocó el turno a Marsala. El viaje Trapani-Marsala lo hicimos por la carretera local que bordea la costa y así vimos las salinas con sus molinos de viento. En Marsala visitamos sus calles con palacios barrocos, el mercado del pescado, y también hicimos una visita guiada a la bodega de Donnafugata. Una visita interesante y entretenida. En Marsala nos hacía mucha ilusión ver los restos de un barco cartaginense que están conservados en el museo arqueológico de Marsala, y que ponderaban mucho las guías, pero lo que vimos nos decepcionó un poco. Después de comer cogimos el camino más al sur, a Selinunte, para ver unos templos griegos. Yo debía de tener el día un poco cruzado, porque tampoco las ruinas me llamaron mucho la atención. En cambio, a mis compañeros de viaje les gustó mucho (creo que intentaban animarme). Debajo de las ruinas hay una playa muy aconsejable, pero no nos pudimos bañar porque se nos había hecho tarde y nos volvimos directos a Trapani por autovía.

El cuarto día, y último en el área de Trapani, fue también precioso. Nos fuimos a Erice, un pueblo medieval en el que suele haber mucho turista, pero que por suerte estaba muy poco concurrido. El pueblo en sí es precioso y las vistas son extraordinarias.  ¡Qué maravilla ver desde Erice el Monte Cofano y San Vito Lo Capo!  Desde Erice hicimos la excursión en coche hasta este pueblo que he mencionado, San Vito Lo Capo, atraídos por la fama de su playa. El trayecto en sí es muy bonito, sobre todo cuando faltan pocos Kms para llegar a San Vito. ¡Qué playa tan magnífica! Las guías dicen que suele estar atestada, pero a nosotros nos pareció medio vacía (4 de la tarde de 10 de Julio). Nos pegamos un baño y una nadada caribeña. Este fue el último día en Trapani, y lo que más nos apenaba, la última noche en el B&B de M.. Y es que allí te puedes mover por las habitaciones, los salones, la cocina, el jardín, la piscina...como si fuera tu casa (es un decir, ya podía ser nuestra casa así). M. y A. ejercieron de amigos-anfitriones solícitos. Nos dieron consejos estupendos acerca de donde cenar, a que bodega ir, que carretera coger,...¡Un fuerte abrazo M.!  ¡Un beso A.!  
San Vito lo capo
 El destino siguiente era Agrigento, pero antes hicimos parada “técnica” en la Scala dei Turchi. Mirarlo por favor en Google. La playa está limitada por un acantilado que tiene unas formaciones onduladas calizas que dan una estructura de escalera blanca gigante. Cayó otro baño como dios manda, directo desde una de estas escaleras al agua limpísima y fresquita. Visita obligada. Y de aquí a Sant'Angelo. Aquí otra vez apelo a mis humores particulares. No sé, quizás porque hacía 33ºC y Sant'Angelo está en el interior, o porque veníamos de la placidez del B&B anterior, el caso es que no me convenció el habernos desviado hasta allí. También tengo que decir que la gente del pueblo fue muy amable, y el mismo comentario vale para P., la persona que nos atendió los dos días que estuvimos allí. Y desayunamos y cenamos de maravilla. Pero creo que en pleno verano es un lugar que se hace demasiado seco y duro. Y eso que nos hicimos los machotes y por la mañana temprano dimos una vuelta de hora y media por los alrededores, a campo descubierto, para visitar unas antiguas tumbas y una gran gruta en la falda del pueblo. En el pueblo nos enseñaron muy amablemente como hacen el pan con horno de leña desde hace varias generaciones. 
Sant'Angelo
 Desde Sant'Angelo fuimos a Agrigento (45 min en coche) y visitamos el valle de los templos. Seguimos los consejos de Boris e hicimos la visita con una guía. El valle de los templos es una maravilla. Al igual que la Scala dei Turchi, de visita obligada. Desde allí, al atardecer, nos fuimos a bañar a una playa de Siculiana Marina y a cenar a un restaurante con terraza a pie de arena, con la puesta de sol… Ahí Dios mío, que dura iba a ser la vuelta al trabajo.
De Sant'Angelo-Agrigento partimos de vuelta hacia Palermo, por autovía. Tenía pensado dar un poco de vuelta (bueno, en realidad “un mucho de vuelta”) para ver la Villa Romana del Casale y los pueblos de Petralia Soprana y Sottana,… pero no sé, me pareció ver a mis compañeros de viaje poco entusiasmados con la idea de hacer muchos Km por carreteras sicilianas desconocidas, vaya, que no coló, así que directos a Palermo. Directos, directos, tampoco, en realidad un girillo al Noreste para pasar por Cefalú: un pueblo de costa con una playa magnífica, esta sí que atestada, ya que era domingo y a 70 Km de Palermo. 
Cefalù
 En la parte más alta de Cefalú hay una plaza preciosa con una impresionante catedral normanda con mosaicos bizantinos. Todo un acierto, en mi opinión, el haber dado un pequeño rodeo para ver Cefalú. Y de aquí a Monreale, para que no decayera el estilo árabe-normando y los mosaicos bizantinos. El interior de la catedral de Monreale es de quedarte anonadado. Es increíble la belleza de los mosaicos dorados (siglo XII) y lo bien que se han conservado.  Y de aquí, ahora sí, al hotel de Palermo (el único no ofrecido por la agencia Trinakria Tours). De la calidez y sensación de amistad de los propietarios del primer B&B (M. y A.) y de Sant'Angelo (P.), el trato en el hotel se nos antojó un poco frío y nos sentimos lo que en realidad éramos, unos huéspedes más. Sin embargo, esa sensación no la tuvimos en ningún momento en los alojamientos anteriores. El hotel es muy bueno y según el Trip Advisor está en el número 5 de la lista de hoteles de Palermo. Pero le faltaba el alma y la calidez que encontramos en los B&B que nos aconsejaron en Trinakria. La apuesta que han hecho en Sicilia por los negocios familiares de hospedería, se llamen Agroturismo o B&B, es un acierto.   
La fiesta de Santa Rosalia
La noche que pasamos en Palermo y el día siguiente fue toda una aventura. El día que llegamos era la fiesta en honor de Santa Rosalía, la patrona de Palermo, y las actividades, procesiones, fuegos artificiales, se centran en el casco antiguo, precisamente donde teníamos el hotel. Consecuencias de todo este folclore: calles cerradas, parking del hotel cerrado,…una policía muy simpática nos dijo que no tenían instrucciones muy concretas, pero que por el momento aparcáramos el coche donde buenamente pudiéramos (mi mujer luego me dijo que le había parecido que la policía había estado demasiado simpática con mi amigo y conmigo, ya veis, unos cincuentones, …¡viva Sicilia!).  No termina aquí el asunto. La policía que os comento, muy guapa por cierto, al poco rato aparece en el hotel para decirle a la recepcionista que “los españoles” tienen que retirar el coche de donde lo han dejado antes de las 3 de la madrugada porque si no la grúa municipal se lo lleva… ya nos veis a mi amigo y a mí casi de de madrugada saliendo por los callejones estrechísimos, sucios y oscuros de Palermo, sin poder ver la procesión ni los fuegos artificiales… Colofón barroco a un viaje fascinante. 

Gracias Boris, gran consejo el viajar por esa zona y magnífica organización. Torneremo in Sicilia di nuovo!   

 Alvaro, Mariví, Jordi, y Mª Rosa


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