lunes, 29 de junio de 2015

Una experiencia inolvidable


(Diario de viaje escrito por E.P). La idea de ir a Sicilia nació en julio de 2014. Habíamos regresado de nuestro viaje a Atenas y Creta y ya estaba pensando cuál sería nuestro nuevo destino. Inmediatamente, a mi mente acudió Sicilia. Para un arqueólogo como yo, ávido de ver vestigios de las antiguas civilizaciones (fenicia, griega, romana, bizantina, árabe, normanda...), era la opción ineludible. Y, además,contaba con el hecho añadido de ser una isla, con todo lo que conlleva en cuanto a carácter de la población: particularismo, sincretismo cultural... Nuestro estancia en Sicilia se produjo del 31 de mayo al 15 de junio, tiempo suficiente para hacerse una idea de las diferentes zonas de la isla y penetrar en la idiosincrasia de la población.

Al llegar al aeropuerto de Trapani a las 23 horas, nos dirigimos a las ventanillas del alquiler de vehículos de la empresa Maggiore. Todo estaba perfectamente organizado por Trinakria Tours para ese primer día. Nos dieron una Fiat Qubo que pertenece a una categoría de vehículo intermedia, es decir, que no es el típico coche pequeñito, de la gama más barata. Si vais a alquilar un coche para estar una o dos semanas, recomiendo gastar un poco más y alquilar un vehículo más amplio, no sólo para el equipaje, sino también por el hecho de que el cuerpo os lo agradecerá. Pues nada: coger mapa de carreteras, ir hasta Trapani, que está a 12 kms del aeropuerto de Birgi, de noche, a encontrar el primer alojamiento, que ya estaba avisado de nuestra hora de llegada. De todos modos, con la documentación aportada por Trinakria Tours de cada alojamiento, aparecen los teléfonos de contacto de los alojamientos y una mini-guía para acceder al mismo y una orientación sobre dónde aparcar. Vamos: totalmente recomendable.

Pues nada: a la 1 de la mañana del lunes aparcamos en la zona marítima de Trapani, a escasos 100 metros de nuestro primer alojamiento donde nos quedábamos dos noches. El establecimiento, muy cómodo, con habitaciones amplias y un baño fenomenal, en pleno casco antiguo de Trapani: calles estrechas, mucha sonoridad, alegría, luz... Por la mañana del día 1 ya nos atendió Aldo, su propietario, muy amable y solícito, para orientarnos y para comprobar que todo estaba a nuestro gusto. Desayuno formidable, pero nada ostentoso: zumos, bollería, cereales, fruta... Muy bien. El día 1 subimos en funicular desde las afueras de Trapani a Erice, pueblo medieval verdaderamente fascinante, y que es una de las visitas obligadas en Sicilia. Aunque muy turístico, merece mucho la pena. El Castillo de Venere, las iglesias, y las hermosas callejuelas y los atrayentes restaurantes, hacen del paseo por el pueblo algo maravilloso. Como todavía no es verano, el ambiente no es eminentemente turístico aún, y el calor es soportable. Las vistas de la costa siciliana son inmejorables. Por la tarde nos dedicamos a ver el casco urbano de Trapani, que se hace en poco tiempo (iglesias barrocas como seña de identidad, al igual que en todas las poblaciones de Sicilia, zona marítima con fuertes aragoneses, los señores de la isla desde el siglo XIV hasta el siglo XVIII). Al final, cenamos en una trattoria cercana al alojamiento, y nos fuimos a dormir, que al día siguiente había que cruzar toda la isla para ir en la costa oriental, al pie del monumental Etna. El día 2 nos dirigimos hacia Catania por la autopista que pasa por Palermo; a continuación, en vez de ir por la costa Norte por Cefalú y Messina, tomamos hacia el interior, por la autopista que llega a Enna, en el corazón de la isla. Nada más salir de Trapani, hacemos parada en uno de los lugares más emotivos de la isla, Segesta, donde visitamos el templo griego de la colonia cuyo emplazamiento está a dos kilómetros. Un yacimiento digno de ver. Por la tarde paramos en Enna, como decía, eun ejemplo de las poblaciones interiores, con un castillo digno de ver y con entrada gratuita. Llegamos a Santa Venerina y, tras preguntar y tirar por callejuelas, llegamos a nuestro alojamiento para los días 2, 3, 4 y 5. Su propietario, Cesare, tiene un agroturismo que te hace sentir en familia. La finca de naranjos y otros frutales tiene varias hectáreas, en toda la zona de las dependencias hay arbolado que te protege del sol, hamacas para estar tumbado, zona común con bibliografía sobre la isla, y unas habitaciones enormes, muy cómodas, dentro de una propiedad rural transformada y que hunde sus raíces en el mundo rural del siglo XIX. Ambiente muy bohemio, tranquilo, muy cerca de Catania y de la autopista, pero apartado, en mitad del campo, con silencio nocturno, ideal para poder dormir, yuna cocina con nevera provista de bebida disponible a un precio módico: 1 euro por cada cerveza. ¡fenomenal! El día 3 nos despertamos con un desayuno que da pena comérselo de lo hermoso que se presenta a la vista: mermelada natural, zumo de las naranjas de la finca, mantequilla, bollos riquísimos, miel, tomate con aceite...¡Qué delicia! Ese día decidimos ir a Taormina, yendo por la autopista de Catania a Messina. Es un pueblo extraordinario, ubicado en un risco pegado al mar, con un teatro griego precioso y un casco y urbano sencillamente espectacular. Eso sí, muy turístico, pero hay que abstraerse de ello y disfrutar, porque la ocasión lo merece.
Al caer la tarde, y antes de volver a Santa Venerina, decidimos subir al cercano pueblo de Savoca, donde se rodaron algunas escenas de "El padrino" y donde tomamos un refrigerio en el Bar Vitelli, que parece salido del túnel del tiempo y que aparece tal y como es en la película. El día 4 el destino es obvio: el Etna, el volcán en activo más alto de Europa y que da personalidad a toda la comarca. De hecho, en muchos kilómetros a la redonda se pueden observar los suelos de cenizas negras. La subida se hace desde Zafferana Etnea y es una carretera tortuosa en la que el bosque con coladas de lava solidificada da paso a terreno exclusivamente volcánico a los 1500 m de altitud. Al final, se llega al Refugio de la Sapienza, a 1950m de altitud. Aunque hace sol, la altitud te recibe con fresquito. Bueno, el paisaje es colosal, pero la explotación turística es un poco excesiva; ni que decir que para un montañero hecho y derecho como yo, y contando con la aquiescencia de mi mujer, subimos hasta la estación superior del teleférico andando. Aunque desde abajo impresiona el desnivel (la estación superior está a 2550m), en realidad, caminando no por la pista, sino a derecho, llegas en una hora y poco. Por allí el frío es más intenso, pero hemos hecho ejercicio, nos hemos ahorrado una pasta y luego bajamos más contentos que unas pascuas. Hay muchos guías que os pueden llevar por las laderas con vegetación y coladas del volcán, especialmente en el valle septentrional del Bove, pero yo preferí subir a mucha altitud.
Por la tarde, relax, hamaca, lectura, compañía de perros y cerveza mientras anochece. El día 5 decidimos ir a ver Siracusa, en la mitad de la costa oriental de Sicilia; desde Catania se llega en una hora por autopista, aunque la entrada a la ciudad suele ser infernal. Nos metemos en el infierno circulatorio (es muy parecido en todas las poblaciones de la isla; ya sabéis, además, la forma de circular, los pitidos, el caos, la inexistencia de preferencias de paso y el frecuente paso de coches y motos , junto a peatones, por todos los lados, hacen de ello un infierno los primeros días; luego, me encantó la forma de conducir alocada y caótica; esto es para gustos) y tenemos la suerte de encontrar aparcamiento libre de pago a escasos 200 m de la zona más bonita de la ciudad, la isla de Ortigia, con un casco urbano precioso y restos de templos griegos. Para visitar el teatro y el Parque Arqueológico de la Neápolis tomamos un autobús urbano que nos llevar a las afueras de la ciudad: allí penetramos en la famosa Oreja de Dionisos. Días 6,7,8,9: nuestro cuartel general es Scicli. Es la zona sureste de la isla, cercana al mar, en la provincia de Ragusa, famosa por sus ciudades con edificios monumentales del Barroco: Ispica, Modica, Scicli... Al ir a Scicli, paramos en Modica, un verdadero museo al aire libre, encajonado entre dos espolones montañosos que verdaderamenmte emocionan... Tras comer allí, llegamos a nuestro alojamiento. Durante toda la estancia, tanto Vincenzo, como Ezio y Valentina estuvieron pendientes de nuestra estancia. La casa era un apartamento con cocina común y habitación con baño, exquisitamente decorado, y en la cocina descubrimos una de las estrellas del viaje: el refresco tradicional siciliano POLARA, creado por productores locales en 1953 y que fabrica unos productos como no he probado en ningún lugar; ni Kas, ni Fanta, ni Orangina... Y qué sabores: naranja roja, naranja, limón, manzana... Y a sólo 1 euro cada uno. El desayuno lo tomamos en el Bar Millennium, propiedad también de los gestores del alojamiento. Y es que la particularidad de este pueblo, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco por su casco urbano barroco, es que tiene varios alojamientos dispersos por el casco urbano, pero toda la gente alojada se reúne en ese bar para tomar el desayuno, bien provisto de embutido local, mermeladas, pasteles, fruta variada... Las iglesias barrocas nos ocupan el día 6. El día 7, domingo, nos dirigimos a una de las estrellas del viaje: la villa romana del Casale, en Piazza Armerina, a hora y media de Scicli en dirección noroeste. Al llegar a Piazza Armerina, las indicaciones hacia la villa son bastante confusas, aunque conseguimos llegar al aparcamiento (de pago, pero no muy caro: 3 euros si tardas dos horas en verla). NO HE VISTO VILLA ROMANA COMO ÉSTA. No hay palabras para describirla. Los mosaicos son los más espectaculares del mundo romano y su estado de conservación es magnífico. Además, se ha diseñado un circuito de visita que intenta minimizar el impacto y durante el recorrido no sales de tu asombro: escenas de caza, domésticas, de vida urbana, de juegos infantiles...es recomendable pagar la audioguía (la hay en castellano), que te hace más comprensible el yacimiento, aunque el locutor se estresa con mucha...cómo decirlo...parsimonia. El día 8 lo dedicamos a ver Ragusa Ibla, la parte baja y antigua de Ragusa, llena de iglesias barrocas muy interesantes, aunque al final nos cansó un poco tanto barroco.
El día 9 decidimos variar un poquito y hacer un paréntesis en nuestra avidez por la cultura; fuimos a la playa a Lido di Noto, un pueblo con una playa muy hermosa y todavía poco frecuentada en junio. Tras un par de baños, visitamos la ciudad de Noto, muy destacable por sus monumentos barrocos, y fuimos hacia el interior para dar con las ruinas de la antigua ciudad de Noto, Noto Antica, que fue abandonada tras el famoso terremoto de 1693 para instalarse la población en la actual ciudad. De verdad, es un sitio excepcional; como sólo va la gente interesada en la Arqueología y en el turismo no de masas, apenas vimos tres personas. Atardeciendo, pudimos ver las ruinas de las antiguas iglesias, de la plaza mayor, de un palacio barroco invadido por la vegetación y los restos de la torre reforzada por Carlos V, dentro de la cual se pueden observar inscripciones de los habitantes de la misma con fechas desde 1500 hasta 1693. Y todo en un ambiente bucólico, romántico, con rebaños de ovejas y unas vistas del corazón de Sicilia excepcionales, con sus caminos y sus cercados de piedra... Acabamos anocheciendo en Palazzolo Acreide, en cuyas afueras se encuentra el yacimiento griego de Akrai, sin turistas, en una colina con un modesto teatro con liebres salvajes saltando por todos los lados e inscripciones romanas y tumbas de época bizantina...
Días 10 y 11. Esos dos días los vamos a pasar en Agrigento, a donde nos desplazamos desde Scicli, recorriendo la costa meridional. Antes de llegar al alojamiento, paramos en El valle de los Templos.¡Qué maravilla! Los templos de Hércules, de la Concordia y de Juno, el de los Dióscuros, los restos del núcleo de habitación de la antigua colonia de Akragas, origen de la actual ciudad...ésta sí que es una visita obligada.
El alojamiento lo tenemos en pleno casco urbano de Agrigento, en un segundo piso de un palacio del siglo XVII rehabilitado y gestionado por Francesco, un amante de la música, los animales y las flores. Es el heredero de los dueños del palacio. Habitación amplia, terraza superior para el desayuno con vistas directas al Valle de los Templos, desayuno variado en zumos, fruta, cereales, embutido...; y la amabilidad de Franceso, proverbial. Los restaurantes de la ciudad, ubicados en escondidas escalinatas adornadas con velas, son verdaderamente hermosos; nosotros cenamos en uno llamado "Per Bacco", donde todo estuvo delicioso y el servicio fue amable, profesional y muy esmerado. El día 11decidimos hacer otro break playero y visitamos la famosa playa de la Scala dei Turchi, un farallón de yeso blanco que es hermosísimo. En la playa nos bañamos innumerables veces. El agua, limpia y fresquita. Los días 12, 13 y 14 completamos el círculo volviendo a la zona de Trapani, bordeando la costa meridional y occidental, para quedarnos en el Agriturismo en Fulgatore, a escasos 25 kms de Trapani. Hacemos de camino una parada en la colonia griega de Eraclea Minoa, con su teatro y sus casas. Después paramos en Sciacca, pueblecito costero con un bonito casco histórico, para luego centrarnos en Selinunte, la última colonia que visitamos en el viaje, con sus hermosos templos y sus ruinas, bien explicadas en los paneles. El yacimiento es muy amplio y tiene dos zonas, entre las cuales se puede hacer gratamente un paseo de quince minutos o, si sois muy vagos, os pueden llevar en los típicos cochecitos que se usan en los campos de golf. A Fulgatore llegamos para acometer los últimos días con más tranquilidad y descansar en un sitio con piscina. Ya son muchos días pateando. El establecimiento está regentado por Anna, también muy maja y que nos dará a probar sus tartas de manzana y de fresa. Tiene el establecimiento 6 habitaciones dispuestas en torno a una finca de mediano tamaño, y es una antigua hacienda. El sábado 13 vamos en dirección Palermo para visitar Monreale, otra de las visitas imprescindibles en la isla; admiramos su casco antiguo y su iglesia de estilo normando con el claustro lleno de hermosos capiteles historiados. El interior de la iglesia (visita gratuita) está dominado por uno de los más bellas expresiones artísticas que he podido ver en mi vida: escenas del Antiguo y del Nuevo Testamento con mosaicos, oro, en un estilo bizantino realizado por artesanos árabes. No hay nada comparable. De Monreale fuimos a visitar Palermo en autobús de línea, muy cómodo y que tarda muy poco tiempo (desaconsejo totalmente introducir el coche en Palermo porque es un infierno circulatorio y la gente va como loca). El bus nos deja en la Plaza de la Independencia, justo donde se halla el Palazzo dei Normanni, un palacio del siglo XII erigido cuando los normandos dominaban la isla y donde tiene su sede el actual gobierno de Sicilia; las estancias son fabulosas, destacando especialmente la capilla palatina. De ahí nos dimos una vuelta por el casco antiguo, donde se come muy bien, y volvimos en bus a Monreale para recoger el coche y volver a Fulgatore. El último día en Sicilia lo dedicamos a visitar Marsala, con su costa llena de salinas y un paisaje costero muy sugerente, y después decidimos disfrutar de la soledad de nuestro alojamiento para tomar el sol y bañarnos en la piscina. Nos quedó por ver Cefalú, la Reserva de Lo Zingaro (Scopello, San Vito lo Capo...), pero éste ha sido, sin duda, mi más completo viaje de vacaciones: por la calidad de los alojamientos, por su ubicación, por la amabilidad de los propietarios, por la historia, las gentes, los yacimientos, la forma de ser de los sicilianos, tan rural, tan viva... en ellos se ve la mezcla de esa sangre fenicia, griega, bizantina, árabe, aragonesa, normanda... que le da su fuerte personalidad. Esteban y Julia

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