jueves, 19 de octubre de 2017

SÍCULA

No hay una Sicilia. Hay muchas. Dentro de la Trinacria, o isla triangular, existe tal diversidad geográfica, paisajística, histórica, política, arqueológica y cultural, que es difícil conseguir una adecuada visión de conjunto si no se visita por partes, pausada y escalonadamente, haciendo de la movilidad un aliado y no un adversario, que permita descubrir sus innumerables tesoros. Teniendo clara esta premisa y si se desea encontrar en Sicilia algo más que un delicioso cannolo, una refrescante granita, o una camiseta de Marlon Brando acariciando un gatito, es imprescindible asesorarse bien antes de iniciar el viaje. En nuestro caso, Boris y Giovanni, de Trinacria Tours, interpretaron a la perfección nuestra idea y seleccionaron tres áreas geográficas con un centro estratégico desde el que poder acceder de forma asequible a las zonas más hermosas, no las únicas por supuesto, de la isla.

En la provincia de Ragusa, en la zona sureste, partiendo del primero Agriturismo, amablemente atendido por Gisella y su familia y después de degustar unos nutritivos desayunos a base de productos típicos locales (memorable la ricotta), se puede visitar el Val di Noto, haciendo un recorrido por el sorprendente barroco siciliano, ubicado en los pueblos situados entre los montes Iblei, reconstruidos casi en su totalidad, como la mayor parte de la isla, después del devastador terremoto de 1693. Pueblos como Noto, Chiaramonte Gulfi, Giarratana, Palazzolo Acreide, o incluso Scicli, situado más al sur, próximo a la costa, emergen de entre las rocas de las montañas como una extensión pulimentada y artesanal de las mismas, con su piedra color crema que confiere una personalidad intransferible a sus cúpulas, iglesias y palazzi, y que merecidamente les ha permitido formar parte del selecto Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.
La zona costera de esta región es desarmante. Mires por donde mires, las playas de arena blanca con aguas transparentes se apoderan del horizonte. El mar que, con su variada gama de azules desde el turquesa hasta el azul oscuro, baña todo el litoral hasta fusionarse con un cielo siempre despejado, es un espectáculo que merece ser visto. Entre las playas, la reserva natural de Vendicari, una reserva de aves palmípedas y tortugas, a la que se debe acceder a pie, con una salida al mar en forma de playa donde está permitido el baño y donde podrán apreciarse en sus fondos cristalinos una innumerable variedad de peces.
Limítrofe con la provincia de Ragusa está la provincia de Siracusa, cuya capital, del mismo nombre, requiere una visita casi de forma obligada. Ciudad natal de Arquímedes, se encuentra en el extremo suroriental de las isla, bañada por el mar Jónico. Símbolo de resistencia frente al Imperio Romano, su defensa le costó la vida al famoso matemático, físico y astrónomo griego. El centro histórico de la ciudad, que se encuentra en la pequeña península de Ortigia, se asoma al mar tras sus murallas, aristocrático, elegante, orgulloso conocedor de su belleza, jalonada por callejuelas empedradas, edificios de la idiosincrática piedra blanca de la zona, y culminada por una Piazza del Duomo de las más hermosas de toda Italia.
Reconociendo la enorme cantidad de tesoros que aún esconde este rincón de la isla, partimos hacia el extremo más occidental, la provincia de Trapani. Como la distancia es considerable, a medio camino se hace imprescindible una visita al Valle de los Templos, en Agrigento. El Parque del Valle de los Templos alberga un yacimiento arquelógico de espectacular belleza y sorprendente estado de conservación, con restos datados del siglo V a.C , ubicados en lo alto de las colinas que dominan el mar, están consagrados a dioses griegos como Juno, Zeus o Hércules, y su simple proximidad te traslada a los tiempos de Homero y su Ilíada, especialmente en el caso del Templo de la Concordia, majestuoso y perfecto, desafiando a la historia y a la adversidad. Por el momento el tiempo le da la razón.


En esta ruta no se puede abandonar la zona sin ver la Scala dei Turchi, una escalinata de piedra, labrada de forma natural por el mar en sus embestidas a la costa, cuyo acceso sólo puede realizarse caminando por hermosas playas rocosas, y con unas privilegiadas vistas en su cúspide, de todo el litoral meridional de la isla.
Desde el segundo Agriturismo, en Fulgatore, muy próximo a Trapani, se puede desplegar una interesante aproximación a los puntos más relevantes de este área. También aquí se pueden degustar opíparos desayunos con una nutrida y sabrosa muestra de la excelente variedad de frutas de la zona, incluida la célebre aranciata siciliana (zumo de naranja, n.d.r.), y otros productos locales de magnífica calidad. En Don Carlo además, no se puede perder la posibilidad de probar la cocina de Rosa, que cada noche, asistida de forma muy profesional por su joven hijo Alessio, idea distintas versiones de los más apetitosos platos de la legendaria gastronomía tradicional siciliana.
Con un avituallamiento de esta índole se puede iniciar la ruta con destino a la vecina Trapani, no sin antes coger el Funicular, Funivia, que desde las afueras de la ciudad conduce hasta Erice, un pequeño y amurallado pueblo medieval situado en lo alto de una colina, estratégicamente dispuesto a modo de almena, para controlar toda la región. Recientemente las calles de Erice han ambientado la última película del cineasta revelación del cine italiano, Pierfrancesco Diliberto Pif, “In guerra per amore”. Las vistas de Trapani y su hermosísima costa desde el Funicular son un espectáculo, pudiendo apreciarse a la perfección el archipiélago de las Egadi, Marettimo, Favignana y Levanzo, separadas de la costa por un pedazo del Mar Tirreno cuyo fondo se halla repleto de barcos romanos y cartagineses enfrentados durante las Guerras Púnicas, y que ahora asiste a la tradicional pesca del atún (le mattanze). El centro histórico de Trapani tampoco puede dejar indiferente a nadie. Parte de la misma playa y el color blanco de las fachadas barrocas de sus edificios parece mimetizarse con la blanquísima arena de su costa , haciendo casi indistinguible el límite entre la ciudad y el mar. Entre sus animadas callejuelas se puede encontrar la Pasticceria Colicchia, donde se pueden saborear probablemente las mejores granite de Italia, cuya elaboración estrictamente artesanal vigila, desde una de las mesas del interior del local, il Cavaliere (título otorgado por el presidente de la República a empresarios de éxito) Francesco Colicchia, asistido por sus hijos y nietos.
La siguiente etapa nos lleva hasta la metrópoli, Palermo, la capital de Sicilia y una de las ciudades más pobladas e importantes del país. Las señales de la autopista que anuncian el aeropuerto Falcone-Borsellino ya inducen a pensar que Palermo no es un simple destino más. La curiosidad por entender qué le ha ocurrido a esta elegante, palpitante, bulliciosa y aristocrática ciudad de sangriento pasado, se torna en imperiosa necesidad tras encontrar los obeliscos, situados a ambos lados de la autopista, a la altura de Capaci, que recuerdan el punto exacto en que el magistrado antimafia Giovani Falcone, su esposa, la también magistrada Francesca Morbillo, y tres miembros de su escolta fueron asesinados por la mafia con mil kilos de explosivos situados bajo el asfalto y detonados desde una caseta localizada en una montaña próxima donde puede leerse “No Mafia”. Llegados a Palermo, la mejor forma de conocer la ciudad descubriendo la riqueza de su pasado normando, musulmán o español sin olvidar la indeleble huella que en ella ha dejado la lucha antimafia, es seguir una de las visitas guiadas que ofrece la organización Addiopizzo. Esta organización formada por jóvenes profesionales y emprendedores decididos a unirse y defenderse de la extorsión mafiosa, más conocida en Sicilia como pizzo, agrupa a todos aquellos comerciantes dispuestos a resistirse al pago de esta antigua tasa criminal impuesta por Cosa Nostra, estimulando a su vez el consumo crítico por parte de la ciudadanía. La visita conocida como Palermo NoMafia, comienza en el impresionante Teatro Massimo y continúa por todo el centro histórico de la ciudad haciendo escala en los lugares más hermosos y emblemáticos como el Mercato del Capo, la Plaza de la Memoria, tras el Palacio de Justicia, donde se recuerda a los magistrados antimafia asesinados, la Catedral, la Plaza Vigliena más conocida como “i Quattro Canti”, con sus refinados palacios barrocos delimitando las cuatro esquinas desde las que parten los mandamenti o circunscripciones en las que se divide la ciudad antigua. La visita concluye en la Plaza del Municipio hasta donde se llega atravesando calles en las que pueden apreciarse palacios bombardeados durante la Segunda Guerra Mundial que mantienen sus muros en ruinas. La placas que recuerdan el lugar donde fueron asesinados destacados miembros de la lucha antimafia de la sociedad palermitana son conmovedoramente frecuentes en todo el recorrido.
En cualquier caso para completar la visión de lo que la Mafia ha significado para Sicilia y para Italia es imprescindible acudir al epicentro del terror mafioso, a su auténtico nido del águila: a Corleone. En este pequeño municipio de once mil habitantes, encastrado en la montaña y rodeado de interminables tierras sembradas de grano, se juntan lo más sanguinario de Cosa Nostra con lo más valeroso y comprometido del movimiento antimafia. La organización Addiopizzo, ofrece la posibilidad de conocer mediante su visita guiada “Corleone sorprendente”, la auténtica y dramática historia de esta localidad, muy alejada de la romántica visión que de ella ha dado el cine (los exteriores que Coppola eligió para su famosa trilogía se encuentran en Savoca, en la región de Catania). La visita está guiada por Marilena Bagarella, historia viva del movimiento antimafia, no sólo por su comprometido activismo contra el fenómeno mafioso, en escuelas, medios de comunicación y grupos sociales, sino por el significado casi heróico de su testimonio dados sus lazos familiares de generaciones precedentes, inevitables por otro lado en un lugar de estas dimensiones, con una sanguinaria familia mafiosa. De la mano de Marilena y por las serpenteantes y empinadas callejuelas de Corleone se comprende como esta organización criminal de corte feudal, ha impuesto su ley contra alcaldes, sindicalistas, policias, campesinos y ciudadanos de cualquier procedencia o condición que haya osado plantarles cara, incluyendo a niños, sirviéndose exclusivamente del uso del terror. El clan de los Corleoneses formado por Totò Riina, Leoluca Bagarella y Bernardo Provenzano, los dos primeros cumpliendo cadena perpetua en la actualidad y el último fallecido en prisión, decidieron dar el salto a la conquista de Palermo en los años ochenta, comenzando su sanguinaria guerra primero contra otros clanes y después contra la magistratura y todo el Estado Italiano. La evolución que durante todo el siglo veinte siguió Corleone, parelela a la de sus clanes mafiosos y su actividad criminal, se explica a la perfección en el Laboratorio della Legalità, situado en una casa expropiada por el Estado a la madre del capo Bernardo Provenzano, y donde entre cuadros, recortes de prensa e imágenes en tamaño real de mafiosos y de destacados mártires de la lucha antimafia, se percibe la auténtica y dramática dimensión de la épica lucha, en muchos casos silenciosa y desconocida, de estos valientes ciudadanos. A día de hoy Corleone no tiene corporación municipal ya que el Ayuntamiento está intervenido por el Estado por infiltración mafiosa. Conmovidos por el valor y el civismo de la lucha antimafia nos zambullimos en las cristalinas y cálidas aguas que bañan la isla. Las bellísimas costas de Sicilia en cualquiera de los puntos cardinales son siempre una magnífica elección, pero la Reserva natural de Lo Zingaro, en el golfo de Castellamare, en Scopello, merece mención aparte. Enclavada en un privilegiado rincón del Golfo, la reserva, a la que hay que acceder a pie, ofrece unas inigualables calas de roca blanca bañadas por aguas cristalinas y profundas donde los peces, espontáneos compañeros de inmersión, bucean junto a ti hasta la misma orilla.
No se puede abandonar la costa Occidental de Sicilia sin hacer una visita nocturna a Marsala. Además de ser conocida por sus deliciosos vinos de postre, las playas de Marsala fueron testigo del desembarco en 1860 de Garibaldi con sus mil camisas rojas que, cual Ítalo al frente de sus Sículos, daba comienzo a la conquista del reino de las Dos Sicilias, como preludio de la exitosa unificación italiana.
El porticado centro histórico de Marsala conduce mediante un dédalo de callejuelas hacia la Piazza della Repubblica donde se encuentra la imponente Chiesa Madre, como no, barroca, y el Ayuntamiento. En todo su perímetro se encuentran calles con una animadísima vida nocturna que incluye música en vivo, terrazas abarrotadas y tiendas, incluyendo librerías, abiertas hasta la madrugada.
La última etapa de nuestro viaje nos lleva hasta la región de Catania, en la falda del volcán, no sin antes hacer una parada en la costera Cefalú, a orillas del Tirreno, para disfrutar de su extensa playa de arena blanca, custodiada por esta hermosa localidad medieval cuyas estrechas y empinadas callejuelas empedradas embocan en su célebre lungomare.
En los alrededores del volcán, el siempre activo Etna, la geografía cambia volviéndose mucho más verde y montañosa, dando lugar incluso a acantilados, barrancos y desfiladeros, dispuestos a saciar la sed de aventura de los excursionistas más intrépidos. Desde el último Agriturismo, en el Municipio de Gaggi, próximo a las Gargantas del río Alcántara, pueden apreciarse los montes de nogales y castaños que acompañan en su descenso al gélido río desde el Monte Etna hasta el mar. Su localización es óptima para las excursiones al Etna y a su vez apreciar toda la costa Jónica, desde la architurística Taormina hasta la sofisticada Catania.
Pronto llama la atención que en todos los municipios de la zona las construcciones son de piedra negra, al contrario que en el resto de la isla, fruto de la lava volcánica que ha dejado su impronta tras repetidas erupciones en toda la orografía. Ejemplo de ello son las localidades de la Riviera de los Cíclopes, al norte de Catania, formada por antiguos pueblos de pescadores que, como Acireale, se han convertido en hermosas ciudades monumentales. La magnífica Piazza del Duomo de Acireale, su Catedral, Basílicas y Palazzi, justifican con creces una visita a una ciudad conocida por su Carnaval y sus marionetas.
La bandera de la región de Sicilia tiene en el centro su escudo de la Trinacria y está dividida por una línea diagonal en dos mitades, la izquierda de color amarillo, que representa los extensos campos de grano de la zona occidental de la isla, y la derecha de color rojo, que representa la fértil tierra volcánica del extremo oriental. La mitad rojo- anaranjada de la bandera tiene su centro político en Catania, la segunda ciudad más poblada de Sicilia.
El monumental centro histórico de Catania, declarado Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, otro más en la lista, es una espléndida muestra del urbanismo del siglo XVIII, con una construcción en retícula formada por amplias y largas calles rectas custodiadas por elegantes palacios e iglesias barrocas, con sólidos muros de piedra volcánica negra, envenenado regalo del Etna, que alternan con la clásica piedra calcárea blanca habitual en el resto de la isla. Su epicentro está en la Piazza del Duomo con la emblemática Fontana dell ́Elefante, donde Liotru, el elefante de lava en cuyo lomo apoya el obelisco del mago Heliodoro, conocido según la leyenda por convertir a los hombres en animales, se ha convertido en el símbolo de la ciudad. Alrededor de la Fontana pivota la hermosa y bulliciosa piazza, desde donde, dirigiéndose hacia el norte, se puede acceder a la Piazza dell ́Università en la que se encuentra el Palazzo dell ́Università, sede de la Universidad de Catania, y punto de partida de la principal arteria comercial de la ciudad, Via Etnea. Esta larguísima y sofisticada calle discurre desafiante en linea recta hacia el corazón del volcán, y desde sus numerosas tiendas, terrazas y escaparates puede verse espectante su imponente silueta.
Catania es un claro ejemplo de la legendaria resistencia a la adversidad de los meridionales, puesto que fue arrasada en 1669 por una erupción del Etna, que la sepultó bajo la lava, y posteriormente por el devastador terremoto de 1693, pero ha sido reconstruida una y otra vez para seguir en pie, hermosa y cautivadora, consciente de que su destino consiste en seguir para siempre durmiendo con su enemigo.
Los cinéfilos que visiten Sicilia no pueden marcharse sin visitar la pequeña localidad de Savoca, una villa medieval situada en la cima de una colina, a escasos 20 kilómetros de la costera Taormina. En este bucólico enclave montañoso de los Montes Peloritanos situó Francis Ford-Coppola el exilio siciliano de Michael Corleone en la primera parte de El Padrino. El bar Vitelli, lugar en el que Michael solicita al irritable padre de la hermosa Appolonia permiso para cortejarla, conserva exactamente el mismo aspecto que en la película, incluída la emblemática placa de la entrada de “Itala Pilsen”. Resulta casi imposible pasear por la diminuta Savoca sin que las inolvidables melodías de Nino Rota discurran suavemente desde las más reservadas regiones de tu área límbica hasta tus labios.
Efectivamente hay muchas Sicilias y entre todas constituyen un todo heterogéneo, diverso, hermoso, exótico, pintoresco, inolvidable, que requiere una aproximación abierta, respetuosa, alejada del tópico y rendida ante el mito, el inagotable mito de un destino inmortal. En las noches estrelladas estivales que iluminan la isla, con la tibia brisa marina abriéndose paso entre naranjos y limoneros, no es difícil preguntarse ¿Será cierto que dioses y héroes eligieron la Trinacria para sus aventuras en la Tierra? La respuesta es evidente: sí, siculamente.


Articulo escrito por M. San A.

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