lunes, 5 de noviembre de 2018

Ver la isla con otros ojos

Que te planifiquen una buena logística para el viaje es fundamental para que la experiencia sea satisfactoria. Que la organización sea eficaz y se adapte a tus deseos es imprescindible. Que el precio sea ajustado y percibas que recibes un servicio realmente valioso es también esencial. Todo eso lo puede conseguir una agencia que actúe con profesionalidad, y Trinakria lo es. Organización perfecta que da respuesta justo a lo que has pedido, asesoramiento de acuerdo con tus necesidades y precio más que razonable… pero para nosotros lo realmente importante es que esta agencia va más allá de la excelencia profesional.

En Trinakria consiguen que veas la isla con otros ojos, que percibas la realidad más allá de lo que el modelo turístico de ‘parque temático’ pretende imponerte… Sin presumir de ello ni mencionar el tópico de las ‘experiencias’ logran que, al viajar con ellos, vivas realmente un acontecimiento memorable.
Con la perspectiva que nos da la vuelta a casa, más que pensar en ciudades pensamos en los alojamientos. Así, los dos días en Agrigento son los días del Terrazze di Montelusa. La estancia en Ragusa son las jornadas en Al Sakali y, finalmente, las noches pasadas en la ladera del Etna se convierten en las noches de Il Glicine. Así, las etapas del viaje son los B&B que tan acertadamente nos propusieron, convertidos en el campamento base de cada  tramo.
Agrigento – Terrazze di Montelusa. Sencillamente insuperable.

callejuela de Agrigento
Afirma Camilleri, por boca de Montalbano, que «las tres cuartas partes de los que leen los periódicos, leen sólo los titulares, y esto es una hermosa costumbre italiana, dicen una cosa contraria de lo que dice el artículo». Pues vamos a romper esa costumbre descrita en ‘Una voce di notte’, que se nos antoja más universal que lo que Andrea Camilleri cree. Decimos lo mismo en el titular que en las líneas sucesivas, que sirven solo para desarrollar y justificar ese encabezamiento.
¿Por qué el Terrazze di Montelusa es el número uno 1 de los 235 hostales y pensiones en Agrigento según TripAdvisor? Porqué se lo merece. ¿Cómo podemos afirmarlo sin conocer los 234 restantes? Porqué es i·n·s·u·p·e·r·a·b·l·e. De acuerdo, es una opinión subjetiva, pero es la nuestra: es prácticamente imposible superar la calidad de la oferta de este B&B al frente del cual está Francesco.
Se puede llegar en coche a la puerta del establecimiento, y se puede hacer uso de un aparcamiento cercano y muy barato si no se quiere aparcar por las callejuelas próximas. Cierto que la ausencia de ascensor hace que la llegada obligue a cierto esfuerzo, pero si ya llevas unos días en Sicilia te habrás acostumbrado a subir escaleras, y si acabas de llegar más vale que te aclimates a los gradini.
El Terrazze hace honor a su nombre, en la tercera planta del palazzo tiene tres terrazas de las que disfrutar en el desayuno, que es abundante, variado y sabroso. Desayunar en una terraza, bajo el sol de Sicilia, frente al Valle dei Templi es un privilegio que, en cualquier otra parte del mundo, sería un lujo al alcance de pocos, pero que en Agrigento es un privilegio de los huéspedes de Francesco.
Solo conozco una de las habitaciones, la 301, amplísima, decorada con excelente gusto, cómoda,… del nivel que se le exigiría a un hotel boutique que quintuplicaría el precio de este B&B.
El trato de Francesco es excelente, te ofrece información, sugerencias y tips para pasear por la ciudad, para ir al Valle, para recorrer la provincia… pero no es la “lección aprendida” que los guías suelen recitar, es información que te permite comprender el carácter de la ciudad, su personalidad y la de sus vecinos y vecinas. La cortesía y la amabilidad es característica de todos los sicilianos, pero en el Terrazze di Montelusa se encuentra algo más. Proximidad, complicidad, deseo sincero –en definitiva- de ofrecer una buena experiencia a sus huéspedes.
Durante la estancia en el Terrazze nos acercamos a Porto Empedocle. Si te sientes un auténtico seguidor de Montalbano tu referencia son los libros, no los paisajes de la serie televisiva. ¡Y Vigata es Porto Empedocle! Así que es imprescindible pasear por su puerto y por sus calles para ponerle asfalto y piedra a los escenarios tantas veces imaginados. Y para hacerse la inevitable foto junto a la estatua del comisario, claro…
Vigata|Porto Empedocle ofrece bastante a la imaginación: las fábricas abandonadas, el faro, Marinella, el muelle, la roca blanca de sus lomas… huecos en los que encajar los capítulos de novelas, diálogos y pensamientos de Montalbano que guardamos en la memoria, tal y como lo hizo el propio Camilleri… «Ora, avendo immaginato una storia di fantasia, non ha saputo far altro che calarla para para nelle case e nelle strade che conosce…».
Como casi siempre, la primera la primera vez no debe de ser necesariamente la mejor, pero nunca se olvida. Pues en la Caffetteria Azzurra probamos nuestra primera granita, y como tal ya forma parte de nuestro recuerdo… nada que ver con nuestro aguado granizado que sorbemos con ese desagradable ruido. Nada que ver tampoco con los gelatti, que son otra cosa. Leí en alguna parte que el calor siciliano hace poco apetecibles el cappucchino y por eso los naturales de la isla desayunan granita. Ignoro si es cierto, pero me parece verosímil.
Probamos la de almendras y la de limón, las dos tradicionales. A pesar de que los brioches no eran los típicos sicilianos (con sombrerito) estaban recién hechos y eran abundantes, así que no nos importó que rompieran el rito.
Nuestra primera mañana en Sicilia, a unos pasos de la estatua del comisario Montalbano, cumplimos con una de las tradiciones menos conocidas de la isla: la granita (granizado, NdR) mientras nos preguntábamos porqué el mundo no está lleno de graniterías [si dice così? en realidad no existe un lugar solo de granitas, generalmente son los bares y pastelerías.NdR].
En la misma ruta de Montelusa|Agrigento a Vigata|Porto Empedocle aprovechamos para ir a la Scala dei Turchi… bonito acantilado, si… poco más que decir.
La vuelta al Terraze di Montelusa nos lleva por la carretera que cruza el Valle dei Templi. La ruta en automóvil es un pequeño anticipo de la visita al parque arqueológico. Gracias a las advertencias de Francesco habíamos reservado esa visita para el atardecer. Nuestro anfitrión nos dio dos poderosas razones: evitar el calor del dopo pranzo y disfrutar de los templos a la luz del atardecer. La luz del sol bajo y la piedra amarilla maridan a la perfección.
Agrigento merece callejear ¿O debería de decir escalerear? Sea como sea, una de las sorpresas que guarda Montelusa es la Biblioteca Lucchesiana, el sueño de cualquier amante de la letra impresa. Está en el 94 de la Via Duomo, comparte edificio con el museo de la catedral. Acabamos en la biblioteca de casualidad... tras ascender centenares de escalones por la ciudad un recinto con aire acondicionado nos pareció la mejor opción para recuperar el aliento... pero casi lo perdemos de nuevo al ver la biblioteca. Miles de tesoros en un edificio fantástico con una historia fascinante.
Otra visita imprescindible es la Chiesa di Santa Maria dei Greci; primero templo griego [de estilo dórico], posteriormente iglesia bizantina y luego templo católico. Las piedras y los frescos de religiones diversas conviven mejor que sus fieles.
Y rincones, y escaleras, y pequeñas capillas, y vendedores ambulantes de fruta y verdura en coloridos triciclos… mientras descendemos a la Via Atenea, en la que encontramos trattorias, restaurantes, tiendas… Hagan caso de las sugerencias de Francesco para almorzar y cenar. Solo mencionaremos el Operà, en el 239 de esa calle, al margen de las abundantes raciones de excelentes platos, su terraza es un belvedere espléndido
Todas las civilizaciones en las que se basa nuestra cultura han invadido y ocupado la isla y han dejado su poso, imaginamos que por eso compartimos con ellos el civilizado hábito de la siesta, tras la cual llega el momento de la visita al Valli dei Templi.
La definición de parque arqueológico da una pista de que la visita puede plantearse con dos criterios: el del científico (por lo de arqueológico) o el del flâneur (por lo de parque). Obviamente nos decantamos por la opción baudelaireana i nos dispusimos a un paseo entre árboles centenarios y templos milenarios. ¡No sabéis lo que reconforta ser muchos siglos más joven que tu entorno!
Recorrer el parque ocupa unas dos horas, una actividad muy agradable al atardecer, pero se puede ahorrar algo de tiempo gracias al pequeño vehículo eléctrico que le permite librarse del tramo entre la entrada y el templo de Hércules. Se puede dedicar ese tiempo a una pausa en la cafetería para disfrutar, por ejemplo, de unos arancini.
A la vuelta a Agrigento todavía podrá cenar en alguno de los locales de la Via Atenea, y recogerse al Terrazze para un más que merecido descanso.
Cierto, no conocemos los 234 establecimientos restantes de Agrigento, pero tampoco tenemos intención de conocerlos. Si un día repetimos estancia en la Montelusa de Camilleri haremos lo imposible por volver a la habitación 301 del Terrazze.
La planificación del viaje hace que los desplazamientos entre alojamientos permitan paradas en enclaves estratégicos. Entre el Terrazze de Montelusa y el Al Sakali o, lo que es lo mismo, entre Agrigento y Ragusa paramos en Piazza Armerina, para poder visitar la Villa Romana del Casale.
Otra de las virtudes de Trinakria Tours es que facilitan una relación de contactos con personas que pueden ofrecer actividades en la isla. Uno de esos contactos es Dino, que suma a su condición de enamorado de su isla, la de guía turístico y la de catalán por elección. El recorrido por la villa romana con él es lo más parecido a enfundarse en la toga y espiar la presentatio del señor de la villa.

mosaicos de la Villa romana del Casale
mosaicos de la Villa romana del Casale
Por cierto, antes de ir a la villa tuvimos tiempo para pasear por la ciudad, otra de esas ciudades barrocas de gran autenticidad.
Tal vez nos hubiera dado tiempo de pasar por Caltagirone, tal y como nos había sugerido Francesco, pero las carreteras de Sicilia y, especialmente, los conductores que por ellas circulan, nos invitaron a una sobredosis de prudencia y a recalcular los tiempos de viaje, así que de Piazza Armerina fuimos a Ragusa, a Al Sakali.
Como hicimos más caso a Google Maps que a las indicaciones que Trinakria nos facilitó en el voucher, cruzamos la anodina parte nueva de la ciudad. ¡ojo! No la ciudad nueva, construida tras el terremoto y que rivaliza con Ibla, no no, esa no. (Esa vale la pena). Nos referimos a la ciudad insustancial que no te hace intuir que existen dos Ragusa más, una de las cuales acoge el B&B Al Sakali.

La cúpula de Ragusa Ibla
Dormir sobre siglos de historia.
No sé si el cerebro puede llegar a presentar incapacidad para asimilar una sobredosis de historia, pero si existe el equivalente al síndrome de Stendhal de la cronología y creéis padecerlo no os alojéis en el Al Sakali. Las paredes que os acogerán, las del Palazzo Sortino-Trono, se bastieron hace casi dos siglos y medio sobre las murallas del castillo que construyeron los bizantinos allá por el siglo VIII y que ocuparon y ampliaron posteriormente los normandos.
Así que, además de contemplar el valle del San Leonardo desde los balcones barrocos, se debe mirar hacia atrás en el tiempo para apreciar con toda su dimensión lo que ofrece el B&B de Antonio y Giovanna.
Para llegar a la Via Ioppolo se debe ascender una empinada y estrecha escalera desde la Via del Mercato. Lo razonable es aparcar (¡gratis!) en uno de los dos aparcamientos de la Via Avvocato Giovanni Ottaviano y andar diez minutos. Antonio, siempre pendiente de sus ospiti, os rescatará si detecta que no encontráis el camino.
El B&B dispone de lo necesario, nos tocó una habitación de la primera planta, con balcón barroco frente al valle. No hay aire acondicionado, por lo que es necesario tener la precaución de mantener ese balcón entornado durante la tarde, para garantizar la temperatura adecuada por la noche.

vista desde la habitación
Comer en Ragusa - Ibla
La oferta gastronómica de Ragusa es amplísima. Y Antonio la conoce a la perfección, así que seguir su consejo es la mejor alternativa. Un lugar en el que puedes comer bien y a buen precio en centenares de sitios, como Sicilia, motiva especialmente la búsqueda de algo distinto. Por eso optamos por los dos restaurantes del estrellado chef Ciccio Sultano, Dos conceptos distintos, pero que en ambos casos recogen la tradición culinaria de la isla: I Banchi y Duomo.
I Banchi es una panadería. Debemos de tener en cuenta que el pan es fundamental en Sicília. La isla ha sido, durante siglos, el granero del mundo conocido, así que en un panificio se encuentra la génesis de la cocina siciliana, de manera que que los platos de I Banchi nacen del acerbo más profundo.
Las raciones en I Banchi –igual que en toda la isla- son generosas, así que acertamos al compartir un entrante i dejar en manos de la direttrice del restaurante los platos principales: pescado y pasta con ragú de pescado blanco. Ambos excelentes.
Llevábamos ya tres noches en Sicilia y no habíamos pedido cannolo. Atinamos en pedirlo aquí. La textura de la ricotta era casi de mousse y su sabor intenso, la masa crujiente y sabrosa…
El servicio magnifico, la decoración vanguardista y el precio razonable redondearon la visita a este panificio devenido en restaurante.

cannoli
La noche siguiente la reservamos para Duomo. El dos estrellas Michelin de Sultano, que se sumerge en las tradiciones culinarias aportadas por las sucesivas dominaciones de la isla para actualizarlas con una respetuosa dosis de creatividad y originalidad.
Lamentablemente no podemos otorgar la máxima puntuación al restaurante porque la espera superó lo admisible en un establecimiento de este nivel. A pesar de las disculpas por la tardanza, (y la invitación a una copa de vino) que transcurra una hora y media desde la llegada al restaurante hasta tener el primer plato en la mesa no es aceptable.
Superado pero ese apuro, los panes y aperitivos excelentes y el consejo del somellier acertadísimo. Uno no espera platos abundantes en un dos estrellas… pero esto es Sicilia, amigos. Incluso Ciccio Sultano te garantiza que no vas a salir con hambre. Con un par de platos por persona no te queda ánimo para el postre…
Prima portata:
San Pietro al tartufo estivo Siciliano. Patate al tartufo e rosmarino, salsa di crostacei
Gnocchi di Ragusano DOP Carbonara di seppia, pesce allo scoglio ai profumi di pistacchio e limone
Seconda portata:
Ravioli di ricotta e maggiorana con capretto alle erbette di campo
Maialino nero di Sicilia farcito, salsa al carbone e il mio carciofo sott’olio
De la misma manera que la cantidad supera la habitual en restaurantes de este nivel, con el precio pasa todo lo contrario, la factura es más que razonable, y compensa, en cierta manera el borrón de la larga espera.
Tras la cena en el centro de Ragusa – Ibla el paseo hasta el B&B resulta de lo más agradable. Abrir el balcón a la llegada para que el aire de la noche llene la habitación garantiza un descanso reparador.

balcón en Ibla
La ascensión matinal a la terraza de Al Sakali tiene como premio un buen desayuno, siempre con algún detalle recién hecho,… focaccia, fritatta,… además de tostadas, bizcocho, zumos, café… lo suficiente para afrontar el paseo por Ibla o por las ciudades del entorno, ya que el Al Sakali es idóneo como “base de operaciones” para disfrutar del vértice sur-oriental de la isla.
Así, acercarse a la marina de la propia Ragusa o las cercanas Modica y Scicli son opciones muy recomendables, que nos permiten regresar a Ragusa Ibla para que el Al Sakali nos acoja una última noche.
Igual que Ragusa es l'isola nell'isola, Al Sakali es el B&B de los B&B de Ragusa. La implicación de sus propietarios, siempre dispuestos a ayudar a los huéspedes, su ubicación, la proximidad de servicios y monumentos,… sin duda merece la mejor valoración posible.
La parada entre Ragusa y el Etna, en nuestro caso, fue Noto. A estas alturas, lo confesamos, ya sufríamos cierta saturación de palazzi, duomi, chiese… pero el objetivo en Noto era otro, más terrenal.
A estas alturas cualquier goloso mínimamente documentado sabe a lo que se va a Noto: a visitar el Caffè Sicilia. Los golosini di dolci de todo el mundo coincidimos en la pastelería de Corrado con la convicción de que, por mucho que nos suba la glucemia, siempre estará por encima el placer que otorgan sus dolci, sus granite, y los gelati.
La lista de lo degustado es larga… Granita de almendra, de albaricoque y de cappuccino; cannoli de ricotta y de cioccolato; pasticciotto y gianduia sustituyeron el pranzo de ese día. Compramos, además, algunas mermeladas para llevar, ya que es lo único de lo que manufactura Corrado que es de fácil y seguro transporte…
Uno espera que, siendo protagonista de documentales y apareciendo en las guías más selectas el precio se dispare pero, como en todas partes en Sicilia, la cuenta es más que razonable: el festival dulce antes mencionado, los espressi, l’acqua y las mermeladas costaron algo más de 40 euros.
Seguramente el itinerario permitiría alguna parada más, pero el temor a que nos pillara la noche durante el trayecto a Piedimonte Etneo nos hizo renunciar a una segunda parada en la ruta.
En esta ocasión, además de con Google Maps, nos guiamos con las indicaciones que Trinakria Tours había incluido en el voucher. Así llegamos a Il Glicine. Doblemente extraordinario.

El comisario estaba seguro de que, durante el sueño, un parte de su cerebro permanecía en vigilia pensando en algún problema. Lo afirma en ‘Un mese con Montalbano’, la serie de 30 pequeñas historias que Camilleri publicó en 1998. Tenemos la convicción de que, si Montalbano cambiara Marianella por Il Glicine, podría olvidar todos sus problemas y dormir sin necesidad de mantener parte alguna de su cerebro en vigilia.
En Il Glicine se duerme bien y se respira bien. Desde Il Glicine se llega bien a cualquier punto del litoral Jónico de Sicilia o a la cima del Etna, el trayecto mareneve.
Todos soñamos con pasar unos días en Il Glicine, lo que pasa es que no sabemos que se llama así y que está ahí, pero aspiramos a esas enormes habitaciones de la gran casa de campo, a desayunar junto a la piscina, a ver atardecer entre olivos... En nuestro caso, además, llegamos a Piedimonte Etneo tras unos días de callejuelas y escaleras en los pueblos barrocos, así que los espacios abiertos de Il Glicine representaron cierta liberación.
Llegamos cuando quedaba una escasa hora de sol, de manera que nos dividimos justamente la tarea: mientras una aprovechaba esa hora bajo el sol en la piscina, otro se acercó al supermercado cercano para aprovisionarse para la cena. La habitación tenía una enorme terraza amueblada, que permitía concluir la jornada con una cena al aire libre. Linda, nuestra anfitriona, nos sugirió un pequeño centro comercial, el Vulcano, que esá a un par de minutos de Il Glicine.
El salumiere del Conad, el supermercado del centro comercial, me proveyó de pecorini de aceitunas, de azafrán y de rosato. También de salame, aceitunas, pan y Peroni fresca. En el Punto Casa encontré los útiles necesarios… cubiertos, platos, velas…
Cena temprana y abundante en la terraza. Esa misma noche contactamos con EtnaTourSicilia.it, y ellos mismos llamaron a nuestra anfitriona en unos minutos, Linda, para concretar la reserva. El jueves pues, pudimos dejar cerrada la excursión. El todoterreno nos recogería el sábado a las 9 de la mañana en B&B.

El símbolo de Catania, el elefante
En espera de la ascensión al Etna dedicamos el viernes a Catania. Google Maps nos indicaba estacionar en el Parking Catania Center, pero al llegar la calle de acceso estaba llena de puestos de mercado... marcha atrás, nueva búsqueda en Google Maps, también estaba cerca era el Parking Dogana, es decir, el aparcamiento de la antigua aduana. Las plazas de aparcamiento están en los arcos bajo el viaducto de la línea férrea. Es muy barato, por 5 € se puede tener el coche a la sombra y vigilado todo el día. Además está en el centro, a pocos minutos de lo imprescindible de la ciudad.

Los puestos de mercado que nos habían impedido llegar al primer parcheggio despertaron nuestra curiosidad, y nos dirigimos hacia ahí… era il mercato Fera 'o Luni.
No creíamos que un mercado mediterráneo pudiera llegar a sorprendernos como la Boquería a un japonés… el Fera lo hizo. A pesar de estar acostumbrados a los puestos callejeros y al género anunciado a gritos, este mercado de Catania te hace retroceder 50 años en el tiempo. Ni fruta cortada, ni zumos, ni atracciones para turistas. De hecho, no había turistas paseando.

Un auténtico mercado callejero, con frutas y hortalizas desconocidas, con otras enormes (como las sandías y las berenjenas), con variedades que hace mucho tiempo que no veíamos en un mercado. Con puestos de pescado y marisco vivo en plena calle, con la carne expuesta sobre el mostrador… cuando creíamos que no podía ser mayor la sorpresa, descubrimos que los bajos de la  Basilica Santuario di Maria Santissima Annunziata al Carmine se utilizan como almacén del mercado.
Los alimentos frescos comparten espacio con la ropa, con puestos de rastrillo y con las inevitables falsificaciones. En cualquier caso, il mercato Fera 'o Luni es una cita ineludible en la visita a Catania.
Recorrimos el resto de la ciudad en un microbús turístico, que llega hasta las isole dei Ciclopi, los faraglioni. Esas piedras que un Polifemo encolerizado lanzaba contra la barca de Ulises que había conseguido escapar del ciclope.

La ventaja de los recorridos en trenecitos o autobuses turísticos es que te permiten anotar mentalmente lugares que ver de cerca después y descartar los repetitivos o poco trascendentes. Así, tras el recorrido hasta las Ciclópeas y un almuerzo ligero, nos quedaba pendiente la Piazza Stesicoro, la del anfiteatro y el monumento a Bellini. También reservamos tiempo para la Via Etnea y sus tiendas y la Piazza Duomo i su Fontana dell'Elefante.
Por cierto, la antigua dogana es ahora centro cultural, así que, al ir a recoger el coche nos asomamos para ver la exposición de turno.
De vuelta a Il Glicine repetimos cena en la terraza. Al día siguiente el todo-terreno nos recogería a las 9 para la gita sull’Etna.
Alessandro llegó puntual con su furgo 4x4, una vieja Iveco procedente de los excedentes del ejército italiano. Tras las presentaciones nos acomodamos y Sandro nos cuenta que el ascenso será por la vertiente este del volcán, la más pobre. EtnaTourSicilia.it está formada por jóvenes de los pueblos de la región de lo que nuestros comunes antepasados llamaban el Montgibello, por eso nuestro guía conoce la realidad del territorio, los cultivos de cada zona, los tramos de carretera en los que se rodaron escenas de El Padrino… más que enumerar datos Sandro ameniza el trayecto inicial por carretera.
Alguna parada: para ver de cerca una cantera de basalto (interesantísimo); para contemplar las coladas de alguna erupción… hasta que llegamos al final de la carretera asfaltada y Sandro nos invita a adentrarnos en el bosque. Repaso de plantas endémicas, que se han adaptado a las condiciones del Etna y que dan el contrapunto verde a la bicromía entre la tierra negra y los blancos abedules.
Durante el recorrido ascendemos a la cima de los pequeños cráteres surgidos en las sucesivas erupciones, nos colamos en el interior de los conductos creados por la lava, tocamos las paredes de lava que cegaron la carretera en la última erupción del Etna, aprovechamos la oscuridad del interior de un cráter para ver el vídeo que grabó el propio Sandro durante esa erupción, pisamos la sabbia todavía de un negro intenso…
En total son cinco horas de descubrimiento tanto geológico como humano. Descubrimos cómo las gentes que viven junto al Etna conviven con la incertidumbre de cuándo tendrá lugar la siguiente erupción y mantienen la convicción de que la ira del volcán es imprevisible con una normalidad sorprendente. Muestran como han asumido vivir en un paisaje que cambia radicalmente en diversas ocasiones a lo largo de su vida. Dónde antes había caminos ahora hay coladas, coladas que son recortadas por los canteros para convertir la sangre solidificada de su isla en el material con el que construyen su vida.
Tras el recorrido Sandro nos devolvió a Il Glicine, nos quitamos de encima el polvo del Etna antes de buscar donde almorzar. Nos acercamos a Linguaglossa. Si no fuera la hora de la siesta hubiéramos aprovechado para entrar en una de las 14 maialerie de la población, pero a esa hora el sol caía sobre la población como una colada de lava, y sólo tuvimos ánimo para acercarnos al Linguaglossa, un pequeño y recomendable restaurante de la Piazza Matrice, junto a la chiesa Santa Maria delle Grazie, en la que merece la pena entrar para contemplar el coro labrado en madera.
Il Glicine nos ofreció refugio durante el pomeriggio, la caminata matinal facilitó el reposo dopo pranzo… porque la notte la teníamos reservada. Cuando Linda nos acogió a la llegada, nos informó de que la noche del sábado estaba programada una cena buffet en el jardín de la piscina, y un posterior concierto.
Lo que no nos reveló fue que ella misma seria la estrella. Estándares de jazz, chanson, canción italiana con arreglos excepcionales… música brasileira y latinoamericana… Realmente memorable. La noche de despedida de Il Glicine consiguió lo casi imposible, superar la propia estancia en el establecimiento.
De ordinario pues, Il Glicine, es una opción excelente, pero si además la estancia coincide con algún acontecimiento como el que tuvimos ocasión de disfrutar deviene en extraordinaria.
Tras el último desayuno en Sicilia nos dirigimos al aeropuerto. No sabíamos cuánto tiempo precisábamos para la devolución del coche de alquiler, y como el proceso de formalización de la recogida fue bastante largo nos curamos en salud. Tal vez para compensar la larga cola de la llegada, el retorno nos ocupó apenas un minuto.
También Vueling quiso compensar… a su manera. Como nos había hecho llegar una hora y media más tarde a Sicilia, prolongó nuestra estancia en la isla con ese mismo tiempo de retraso, de haberlo sabido no habríamos pasado toda la mañana en Fontanarossa. La tediosa espera sirvió para concluir las notas de este pequeño diario de viaje, para evocar a Lampedusa y para descubrir que, cuando recorres Sicilia, te ocurre lo que a Don Fabrizio cuando bailaba con Angélica, que, «...a cada vuelta que daba le caía un año de los hombros. Pronto se encontró como si tuviese veinte».

Articulo escrito por M.F.




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